Cine internacional que no llega, se retrasa o entra por la puerta de atrás

A la hora de repasar el año cinematográfico, echar la vista atrás y hacer balance, resulta inevitable comprobar, año tras año, que las diferencias fundamentales en las sempiternas listas de lo mejor del año de las más destacadas publicaciones internacionales no suelen deberse a una disparidad de criterio u opinión, sino, eminentemente, de distribución. Cada diciembre nos damos cuenta de que entre nuestras películas predilectas de la temporada se encuentran obras estrenadas varios años atrás en sus países de procedencia. A esto hay que añadir la controversia de puntuar (o no) películas que, pese a definir el año cinematográfico para muchas publicaciones internacionales, no han sido aún estrenadas en nuestro país. Por último, existe un otro reducto, un quebradero de cabeza final para el crítico: las películas que, tras varios años sin obtener distribución comercial dentro del circuito de salas, son lanzadas directamente al mercado sin ninguna promoción y en formato DVD.

En lo que respecta a las primeras, no es la finalidad de este artículo repasarlas o reparar en ellas. Basta con observar las fechas de las películas que cada crítico de Miradas de Cine —o cualquier otra publicación de nuestro país— destaca este año para percatarse de que, en el mejor de los casos, la inmensa mayoría de las películas citadas son de 2007. Son las otras dos categorías a las que nos referíamos anteriormente (las ausencias y los estrenos directos a DVD) las que merecen un lugar aparte, una mención especial, una compilación por caótica, inconexa o fragmentada que sea de las mismas. Tan caótica, inconexa y fragmentada como la manera en que los críticos y espectadores más inconformistas tenemos acceso a ellas.

La lista de retrasos fundamentales [1] (por su repercusión crítica en festivales y publicaciones internacionales o de público en las carteleras foráneas) incluye, entre muchas otras, en este 2008 títulos destacados como Paranoid Park (Gus Van Sant, 2007) —¿veremos antes que ésta en nuestras salas la película más reciente de Van Sant, Milk (2008)? —, el tan comentado biopic de Bob Dylan I’m Not There (Todd Haynes, 2007), My Winnipeg (Guy Maddin, 2007), la aventura francesa del chino Hou Hsiao-Hsien Le voyage du ballon rouge (2007), Chop Shop (Ramin Bahrani, 2007), la traslación a la pantalla de la obra de Jules-Amédée Barbey d’Aurevilly Une vieille maîtresse (Catherine Breillat, 2007) o la adaptación de Béla Tarr de la novela homónima de Georges Simenon The Man From London (2007). Si buscamos con mayor detenimiento es posible encontrar ausencias aún más vergonzantes, no tanto por la calidad del producto (que es ampliamente discutible en muchas de ellas) sino por los nombres que se encuentran detrás del mismo. Es el caso de la última película estrenada por Francis Ford Coppola Youth Without Youth (2007), protagonizada por Tim Roth, Bruno Ganz y Alexandra María Lara y que, pese a haber sido estrenada a lo largo de estos dos últimos años prácticamente en toda Europa, aún no ha llegado a nuestras pantallas. Ni siquiera la enorme publicidad que se está dando en nuestro país a su inminente Tetro (ya en fase de postproducción), rodada en Argentina y protagonizada por Vincent Gallo y las españolas Maribel Verdú y Carmen Maura, ha llamado la atención del distribuidor español sobre una película que, a priori y por los nombres de aquellos involucrados en ella, parece dotada de grandes posibilidades comerciales. En idéntica situación a Coppola encontramos a Atom Egoyan, de quien este año se ha podido ver en la SEMINCI su más reciente Adoration (2008) a falta del estreno de sus anteriores Where the Truth Lies (2005) —con uno de los repartos más comerciales que el director haya tenido jamás y que incluye a Kevin Bacon y Colin Firth— y el documental Citadel (2006). En cualquier caso, el premio al director con la recepción de su filmografía de la manera más fraccionada e inconexa por parte del espectador español parece ganarlo sin ninguna dificultad el ruso Aleksandr Sokurov, de quien este año hemos podido ver su última e irregular película Aleksandra (2007) sin que nos hayan llegado aún algunas de sus obras más significativas, como Solntse (2005) —tercera parte de su ambiciosa tetralogía sobre los líderes políticos internacionales del siglo XX iniciada con Moloch (1999) y Taurus (Telets, 2000) y centrada en la figura del emperador Hiroito— o su documental sobre el recientemente fallecido Aleksandr Solzhenitsyn, Uzel (1999).

Echando la vista aún más atrás encontramos numerosas películas que, pese haber llenado páginas y páginas de revistas internacionales y libros centrados en los nuevos autores del cine contemporáneo, no han llegado aún (o no llegarán jamás) a nuestras pantallas. Es el caso de las polémicas The Brown Bunny (Vincent Gallo, 2003) —estrenada en el Festival de Las Palmas en 2007, cuatro años después de su première en Cannes, y que no ha logrado distribución comercial en nuestro país—, Twentynine Palms (Bruno Dumont, 2003) —de cuyo director aún esperamos sus dos películas ganadoras del Gran Premio del Jurado de Cannes L’Humanité (1999) y Flandres (2006), estrenada en el Festival de Cine de Gijón en 2006 y que tampoco logró distribuidor nacional—, Wassup Rockers (Larry Clark, 2005), L’Intrus (Claire Denis, 2004), The Notorious Bettie Page (Mary Harron, 2005), Southland Tales (Richard Kelly 2006), el revulsivo ruso del año pasado en internet Dead Daughters (Pavel Ruminov, 2007), la tailandesa Invisible Waves (Pen-Ek Ratanaruang, 2006) —de quien tampoco nos ha llegado su más reciente Ploy (2007)— o Ett hal i mitt hjärta (de título internacional A Hole in My Heart, 2004) y Container (2006), del sueco Lukas Moodysson, entre muchos otros de una lista que, por larga, resultaría interminable.

A modo de interesante precedente, este 2008 destaca por el número de sorpresas que, desgraciadamente, han entrado en nuestro país por la tan denostada puerta de atrás del mercado del DVD sin haber pasado previamente por las salas comerciales. Entre ellas encontramos, al fin, la película referencial del cine nuevo rumano La muerte del señor Lazarescu (Moartea domnului Lazarescu, Cristi Puiu, 2005), el arriesgado segundo largometraje de Asia Argento El corazón es mentiroso (The Heart is Deceitful Above All Things, 2004), las dos obras fundamentales de la filmografía del cada vez más interesante Guy Maddin Dracula: Pages from a Virgin’s Diary (2002) y The Saddest Music in the World (2003) y la esperanzadora e impecable ópera prima de un desconocido J.P. Schafer Chapter 27/El asesinato de John Lennon (2006).

Dada la imposibilidad de acabar estas líneas de manera satisfactoria a causa de sus numerosas e inevitables ausencias, sirvan los puntos suspensivos con que se concluyen a modo de final abierto que el lector habrá de completar con todos aquellos títulos y nombres que, por falta de espacio o de memoria, han vuelto a quedarse una vez más en el tintero…

 


[1] No nos referiremos aquí a películas estrenadas en sus países en la segunda mitad de este 2008 y que han copado las listas internacionales, ya que cabe esperar que aterricen en nuestro país a lo largo de 2009. Entre ellas, se encontrarían The Wrestler (Darren Aronofsky, 2008), Entre les murs (Laurent Cantet, 2008), Momma’s Man (Azazel Jacobs, 2008), Ballast (Lance Hammer, 2008), Doubt (John Patrick Shanley, 2008), Milk (Gus Van Sant, 2008), Genova (Michael Winterbottom, 2008), Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008), The Curious Case of Benjamin Button (David Fincher, 2008), Revolutionary Road (Sam Mendes, 2008), Synecdoche, New York (Charlie Kaufman, 2008), Waltz with Bashir (Ari Folman, 2008) o el impactante documental Man on Wire (James Marsh, 2008).