Chapman entre el centeno

Cuenta el escritor Jack Jones en su libro Let Me Take You Down que, segundos antes de abandonar la habitación de su hotel en Nueva York el 8 de diciembre de 1980, Mark David Chapman se miró en un espejo y, sosteniendo con las dos manos el revólver con el que ese día asesinaría a John Lennon, dijo en voz alta: “El guardián entre el centeno de mi generación. Capítulo 27 [1]. De esta frase –que Chapman recordara años después en una de sus entrevistas con Jones en la prisión de máxima seguridad de Attica–, toma la ópera prima de J.P. Schaefer su título, en el que no solo se encuentra una cita al asesino de Lennon sino la esencia misma de la propia película.

El asesinato de John Lennon (Chapter 27) (Chapter 27, 2007) narra los tres días que Chapman pasó en Nueva York en diciembre de 1980 y que culminaron con la muerte de John Lennon. A diferencia de la obra literaria de Jack Jones en la que se basa, la película de Schaefer obvia las motivaciones y las consecuencias que el asesinato de Lennon ha tenido para Mark David Chapman, que aún cumple condena por aquel homicidio. Por el contrario, Schaefer estructura su relato de manera circular, a imagen y semejanza de una de las novelas fundamentales de la literatura norteamericana del siglo XX, El guardián entre el centeno, obra clave para comprender la situación mental en que se encontraba Chapman durante las horas que precedieron al asesinato del ex Beatle. Como la narración de los tres días de Holden Caulfield en Nueva York tras escaparse del colegio del que ha sido expulsado en El guardián entre el centeno, la historia de los tres días de Chapman en Manhattan al acecho de su víctima comienza con una declaración de intenciones de su narrador, que a la postre descubrimos ingresado en un centro psiquiátrico: “Si queréis saberlo, si realmente queréis que os hable de lo que ocurrió, lo haré. Pero, es probable que primero queráis saber todo lo que concierne a mi padre, lo que le hizo a mi madre, a mí”. Se trata de la misma declaración escrita por J.D. Salinger treinta y seis años antes del asesinato de Lennon y con la que arranca el relato en primera persona de Holden Caulfield en El guardián entre el centeno.

De esta manera, El asesinato de John Lennon (Chapter 27) va a convertirse desde su inicio en un ejercicio de intertextualidad constante. Como se ha indicado, el Chapman de Schaefer comienza su narración de manera simétrica a su alter ego, pero adaptada a su persona. El asesino de Lennon alude a su padre (en el arranque de la novela de Salinger, Caufield habla en genérico de “mis padres [2]), a quien culpó de su estado mental pocos días después de haber sido arrestado. Sobre la imagen de Chapman cogiendo un ejemplar de El guardián entre el centeno de la estantería de una librería neoyorquina, Schaefer nos advierte de que lo que vamos a ver y oír está filtrado por la mente enferma de Chapman, convencido de ser la reencarnación de Holden Caufield. Así, aunque buena parte de las coincidencias entre la novela y la estancia de Chapman en Nueva York sean reales –la duración de la misma, de un viernes a un lunes del mes de diciembre, o el encuentro con la prostituta del vestido verde– otras van a ser invención de su narrador a fin de establecer una identificación aún mayor con su alter ego para hacer ver al espectador algo de lo que está completamente convencido: que él es Holden Caufield. Al inicio de la película, Chapman pregunta al taxista que le lleva del aeropuerto a Manhattan si sabe dónde van los patos de Central Park en invierno, cuando el lago se hiela. La misma pregunta que el protagonista de la novela de Salinger hace a varios taxistas a lo largo de su peripecia neoyorquina. Igualmente, en el filme de Schaefer, el asesino de Lennon se cruza con un niño que canta la canción que inspira el título de su novela fetiche: “Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo cuando van entre el centeno…”.

Visualmente, Schaefer se vale de una serie de leit motifs que repite a modo de estribillo en los momentos de máxima confusión o agitación mental de su narrador. Dos de las visiones recurrentes de Chapman se corresponden con imágenes sacadas de las páginas de la novela con la que se ha obsesionado hasta el punto de creer ser su protagonista: la vista del campo de centeno próximo al precipicio que Holden Caufield anhela con custodiar y el tiovivo en movimiento en que concluye la novela de Salinger. La tercera, una ola rompiendo en el arrecife de coral que rodea la isla de Oahu, donde vivía Chapman con su mujer Gloria antes de ser encarcelado, no tiene nada que ver con Holden Caufield y sirve a Schaefer para subrayar visualmente como, en la mente del asesino, la historia del protagonista de El guardián entre el centeno se ha entrelazado tanto con la suya que, para el narrador, resulta imposible distinguir dónde acaba una y empieza la otra. Es en la alternancia entre las imágenes intertextuales y las biográficas donde el montaje de Schaefer se revela como un interesante ejercicio de estilo nada habitual en el cine norteamericano contemporáneo. Las referencias literarias a Salinger se le solapan visualmente de manera armónica con una compleja estructura basada en flash forwards, repeticiones e imágenes de objetos y paisajes aislados que parecen encadenarse en una suerte de montaje intelectual postmoderno.

La tragedia de Caufield, que acaba la novela de Salinger encerrado en un psiquiátrico, se convierte en la del Chapman de Schaefer, que vive en la pantalla de manera casi literal –aunque forzada por él mismo– la misma odisea que el protagonista de El guardián entre el centeno durante su estancia en Nueva York. Va a ser en el final simétrico de ambas, con el descubrimiento por parte del espectador de Chapman en un hospital psiquiátrico poniendo fin a su historia de la misma manera que Holden Caulfield en la novela de Salinger, donde la película de Schaefer alcance su mayor concreción intertextual. En el final circular del filme se encuentra la verdadera tragedia de su narrador, que no la de Lennon, que acaba por convertirse en el instrumento de la mente desquiciada de su asesino para dar sentido a su vida y dotarla de un final que la relacione con la novela en cuyas páginas cree vivir.

Víctima de su enfermedad mental, Chapman descubriría y haría público meses después de la muerte de John Lennon el verdadero motivo detrás de su decisión de asesinar a aquel que fuera su ídolo durante buena parte de su vida: “Me di cuenta de que John Lennon había sido asesinado para promocionar El guardián entre el centeno. Y fue como si una corriente eléctrica hubiese pasado a través de mi cuerpo y encendido todas las células de mi cerebro [3]. “Mi mente ya no aguantaba más, así que me convertí en el guardián entre el centeno de mi generación. Me convertí casi en un profeta [4].


[1] Jones, J.: Let Me Take You Down: Inside the Mind of Mark David Chapman, the Man Who Shot John Lennon, Virgin Books, London, 1992, p 25

[2] Salinger, J.D.: El guardián entre el centeno, Alianza Editorial, Madrid, 2002, p 7

[3] Jones, J.: Op. Cit., p 264-265

[4] Ibidem, p 269