Cine en marcha

Un año más la ciudad de Gijón se prepara para recibir una descarga de cine procedente de las más diversas latitudes, siempre bajo el denominador común, instaurado desde hace años por el equipo comandado por José Luis Cienfuegos y Fran Gayo, del inconformismo, la experimentación y la sana (y necesaria hasta lo imprescindible) intención de descubrir títulos, autores y cinematografías alejados de la inercia alentada desde hace años desde los circuitos convencionales de distribución. Entre el 19 y el 28 de Noviembre de 2009, la ciudad asturiana se verá azotada por un vendaval de aire fresco para el espectador, pues el certamen continúa empeñado en llevar a cabo la demostración de que lejos del glamour y las alfombras rojas de la vanidad existen productos capaces de emocionar profundamente y, tal vez, llegar a formar parte de ese conjunto de obras cuyas imágenes y sonidos repican de manera recurrente en nuestro interior a lo largo de nuestra personal travesía vital. Por una módica suma (comparada con los exorbitados precios de las multisalas comerciales) podrán los asistentes disfrutar de (o inquietarse con, porque el cine, pensamos, no siempre ha de ser por fuerza regocijante) un amplio espectro de películas así como de actividades complementarias en las que continúan ocupando un lugar destacado las fiestas (oficiales o secretas) de la siempre ensoñadora vida nocturna gijonesa. Comenzamos, pues, un repaso parcial (en los dos sentidos del término) de lo que deparará la edición número 47 del Festival.

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Sección Oficial / Rellumes

La Sección Oficial contará con películas como Wakaranai, de Masahiro Kobayashi, demoledora (y magistral) crónica de los sutiles (pero inapelables) modos en que el mortecino entorno de un sistema capitalista en pleno desplome bloquea las perspectivas vitales que promete a la juventud que habita en su seno. La francesa Le roi de l’evasion ofrece una desprejuiciada apología del desmadre sexual y vital, mientras que, con Morrer como un homem, el cineasta luso João Pedro Rodrigues, entrega una tragicomedia en la que la marginalidad es retratada con un humanismo asociable al del Cassavetes de películas como la inagotable The Killing of a Chinese Bookie (1976). Con Go Get Some Rosemary, los neoyorquinos y jóvenes hermanos Safdie pintan con cierta extraña melancolía un retrato en movimiento de las calles de la ciudad a través de la historia de un padre cuya irresponsabilidad roza el paroxismo (y cuyos hijos son, a la sazón, hijos de Lee Ranaldo, de Sonic Youth, en la vida real). Les Beaux gosses, del dibujante de cómic Riad Sattouf, es una comedia adolescente gamberra en la sana tradición de Supersalidos. Frontier Blues, de Babak Jalali, utiliza una lacónica comicidad implícita en sus simétricos encuadres para hablar de los habitantes de la frontera entre Irán y Turkmenistán, entre perplejos e inmutables en un mundo cambiante. Con La pivellina, Tizza Covi y Rainer Frimmel, sorprenden (relativamente) entregando una pequeña gran película que rebosa humanismo, mientras que en Los últimos días de Emma Blank, el holandés Alex van Warmerdam construye un curioso juego en forma de acidísima comedia burguesa a lo Chabrol. También se proyectará la polémica Francesca, historia de una joven rumana que quiere emigrar a Italia vetada en ese país por la nieta de Mussolini; y finalmente, estará la indescriptible Between Two Worlds, de Vimukthi Jayasundara, cuyo onirismo (no exento de política) y belleza visual (más que alegórica), compone un sorprendente poema sobre Sri Lanka.

Entre los cortometrajes a concurso, cabe destacar obras como Whore, perfecto apóstrofe complementario al brillante Afterschool que Antonio Campos plantease en la pasada edición; La vida de María Magdala, de Santos Hevia, la alucinada (casi a lo INLAND EMPIRE) crónica de una mujer en peligro; The History of Aviation, de Bálint Kenyeres, que ejercita un elegante despliegue visual; Arena, cortometraje ganador en Cannes del jovencísimo Joao Salaviza, que muestra la vida en un asfixiante bloque de edificios lisboeta; el original corto de animación Logorama (François Alaux, Hervé de Crécy, Ludovic Houplain) con su mordaz y alegórico mundo habitado por logos de marcas; o A letter to Uncle Bonmee, última joya (con la reencarnación como tema) de Apichatpong Weerasethakul.

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Dentro de una competición especial denominada Rellumes se proyectarán títulos como Nikotoko Island, de los jóvenes realizadores japoneses Tayuka Dairiki y Takashi Miura, mediometraje que, siguiendo coordenadas cercanas al Gerry de Van Sant, se postula como una obra poderosa y profunda, no exenta de grandes dosis de humor. A religiosa portuguesa, del inimitable Eugène Green, presenta una personalísima (y harto rigurosa) construcción formal atravesada también por una capa de fina ironía. La sueca Burrowing hace una interesante apuesta, utilizando los textos de H.D Thoreau como fondo, para hablar de los vecinos de una urbanización de los suburbios. También se proyectará La familia Wolberg, de Axelle Ropert, historia repleta de soul y sentimientos encontrados con parentesco de por medio, que da más de sí de lo que parece a primera vista.

Retrospectivas

La carrera del ruso Aleksey Balabanov, cuya Cargo 200 dejó huella hace dos temporadas entre los asistentes a Gijón, será repasada, y revelará a un cineasta poco amigo de llamar la atención sobre sí mismo y más de aplicar su talento a la realización de películas ásperas e incomplacientes en las que la violencia es retratada con extremo realismo (y anti-espectacularidad). Su cine puede verse como un conjunto de módulos audiovisuales que reflejan algunos de los pasajes históricos más relevantes de la nación soviética, a los que se acerca con ironía y descreimiento, sin plegarse nunca a la imagen oficial de los trasfondos sociales en los que se emplaza la acción. Además de obras consagradas en festivales de todo el mundo como Of Freaks and Men (1998), War (2002) o la propia Cargo 200, podrá verse su último film hasta la fecha, Morphia, basado en los excelsos relatos autobiográficos de Mijail Bulgakov. Una adaptación extraordinariamente efectiva con la que el director rinde de paso homenaje a Sergei Bodrov Jr., ya que el guión viene firmado por el que fuese actor en varios films de Balabanov (como el díptico Brother y Brother 2, que también podrá verse en Gijón), fallecido prematuramente en 2002.

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Fatih Akin es otro de los directores invitados este año, cuya mayor aportación es filmar de forma apasionada, y hablar de la identidad fragmentada de quien es turco y alemán y a la vez no es ninguna de las dos cosas. De la retrospectiva que se le dedica, hay que subrayar con buen pulso su primer largometraje, Corto y con filo, quizás una de las mejores películas sobre las luces y las sombras de la amistad y la vida peligrosa de los vástagos de la inmigración, y la que se puede considerar la expresión más personal de la obra de Akin, Contra la pared, puro exceso y estallido emocional cuyo visionado es comparable con una gran borrachera. También es más que interesante Cruzando el Puente: los sonidos de Estambul, fascinante retrato musical de esa ciudad guiado por Alexander Hacke (bajista de Einsturzende Neubauten) en el que caben la psicodelia, el rock afilado, el hip hop o los crooners locales. Y, como no, su esperada Soul Kitchen, que vuelve a sus actores y temáticas habituales pero, esta vez, en forma de comedia convencional.

Harmony Korine regresa a Gijón una vez más, esta vez con retrospectiva y presentando su último largometraje, Trash Humpers. Calificada por algunos como «invisible» (por lo desagradable de su repertorio visual), esta película grabada en VHS devuelve a Korine a los caminos de Gummo y Julien Donkey-Boy (que también serán proyectadas), siguiendo las peripecias de un grupo de «folladores de basura» con caras de anciano en una serie de imágenes impactantes sin asideros argumentales. También se podrá ver Mister Lonely, su anterior trabajo y quizás su film más convencional, pero que no deja de deparar experiencias como poder ver, entre otras cosas, monjas que vuelan o a Michael Jackson enamorándose de Marilyn Monroe.

La retrospectiva dedicada a repasar la obra de Matthias Müller y Christoph Girardet toma el relevo, en algún sentido, de la dedicada el año pasado al austriaco Peter Tscherkassky, pues se trata de una obra construida en gran parte alrededor del found footage, una apasionante forma de entender el cine que ya se había visto representada con anterioridad en Gijón con los trabajos de Ken Jacobs, Martin Arnold, Bruce Conner, el matrimonio Gianikian & Ricci Lucci, Péter Forgács o los españoles Gonzalo de Pedro y Javier Garmar. La obra de Müller y Girardet parte, como ocurre con las Histoire(s) du cinéma de Godard, de un vasto plancton cultural (que va desde los mitos obsesivos de Hollywood hasta los tótems de la experimentación más radical) para ofrecer inmejorables muestras de amor al cine bien entendido, gracias a su capacidad de reconcentrar (y reverdecer) la emoción de películas bien conocidas, o de ofrecer arrolladores montajes audiovisuales en los que las referencias y asociaciones pueden conducir indistintamente a Antonioni, Hitchcock, Lynch, Edward Hopper, Tatí, Sirk…

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Se podrá ver también un programa dedicado a las piezas experimentales de Jean-Gabriel Periot. Algunas veces utilizando el obsesivo montaje superpoblado de imágenes encontradas, otras veces recurriendo a una ficción algo más ortodoxa, Periot construye una obra política con un contenido que parece empujar hacia la revolución. Dispara a matar contra los pilares del sistema actual, encabezados por el trabajo y el vacío vital que éste propaga por todo el planeta, con obras como We Are Winning, Don’t Forget, o Entre chiens et loups.

Otras secciones

 

El apartado Llendes ofrecerá, como de costumbre, una ración de piezas experimentales que gravitan sobre la línea divisoria entre ficción y no ficción. Así tenemos la interesante Here, de Ho Tzu Nyen, que transita por ambos caminos para hablar de la fragilidad de los límites entre cordura y locura o realidad e imaginación, y la contemplativa y desgarradora Border de Haratyun Khachatryan. También se exhibirá lo último de Michel Gondry, su documental familiar L’epine dans le coeur, reseñable independientemente del nombre de su director por su honestidad, y Villalobos, de Romuald Karmakar, que estudia la figura del DJ chileno-alemán que da título al film. Entre los cortos, podremos ver la oscura pieza de animación Black Dogs Progress de Stephen Irwin, e Immersió, en el que Neus Ballús se zambulle con su cámara en una piscina municipal para enseñar un lado inesperado de la fauna que habita estas instalaciones.

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Otro de los ciclos programados este año es This is England (al que Cahiers du Cinéma-España dedica un cuadernillo este mes), que explora las subculturas juveniles inglesas de la segunda mitad del siglo XX. Dentro de una selección sin desperdicio, se podrá ver el desmañado kitchen sink drama adolescente de la mítica Bronco Bullfrog (Barney Platts-Mills), el manifiesto punk Jubilee, de Derek Jarman (que cuenta con algunas de las imágenes más bellas y extrañas jamás filmadas), la emocionante Telstar de Nick Moran, sobre la vida de excesos, hits y rock and roll del extravagante productor Joe Meek, la desesperanzada crónica new wave de Breaking Glass (Brian Gibson), o los retratos de la Inglaterra negra (a ritmo de reggae) de Babylon (Franco Rosso) y Pressure, del pionero Horace Ové. Además, también se revisitarán clásicos como Performance, de Nicolas Roeg y Donald Cammel, o la icónica Quadrophenia, y se podrá ver lo nuevo de Shane Meadows, el rockumental de bajo presupuesto Le Donk & Scor-zay-zee.

Dentro de Esbilla podrá verse de nuevo una selección de films variados, entre los que destacan To Shoot An Elephant, documental sobre los más recientes bombardeos israelíes en Gaza firmado por Alberto Arce y Mohammad Rujailah; Blow Horn, del habitualmente productor Lluís Miñarro; El general, un trabajo sobre una figura histórica de la política mexicana en el que Natalia Almada bucea entre lo personal y lo oficial; o Los fugaos. Historias del silencio, de Lucía Herrera y Juan Luis Ruiz, indagación sobre la  lucha contra la represión franquista en los montes asturianos tras la Guerra Civil. Otro de los apartados interesantes será el ciclo Post-Burlesque, que explora la nueva comedia satírica europea con títulos como la sutil O’Horten, de Bent Hamer,  Tales From the Golden Age, proyecto colectivo auspiciado por Christian Mungiu, o la agudísima The Guitar Mongoloid, del sueco Ruben Östlund.

En Enfants Terribles, ciclo de cine de corte infantil y juvenil, encontramos propuestas del interés de Polytechnique, de Denis Villeneuve, basada en hechos reales ocurridos a finales de los noventa en un centro educativo canadiense; o el documental Zombie Girl (realizado por Justin Johnson, Aaron Marshall y Erik Mauck), sobre una niña de doce años empeñada en realizar su propia película gore. Además, otra comedia adolescente pero con un punto más macabro, My Suicide, en la que David Miller toma el pulso a los tiempos en los que vivimos contando la historia de un joven que anuncia en su instituto que, como proyecto de clase, grabará su propio suicidio en vídeo. Y, para puro deleite visual, Turn it Loose, en la que el director de videoclips Alastair Siddons sigue a jóvenes de diversas procedencias que participan en un campeonato de duelos de breakdance, filmados de forma más que espectacular.

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Porque es necesario que existan escaparates donde ver lo que las leyes del mercado impiden que se muestre en las multisalas, es importante que exista un festival como el de Gijón. Una muestra que, lejos de tener una vocación elitista, siempre tiene la mirada puesta en el público, en concreto en los niños y adolescentes, público para el que en sus inicios (a principios de los sesenta) estaba concebido el festival. Es esta la juventud que necesita un cine que, en lugar de embotarla, la ponga en marcha.