Entre la realidad y la fantasía

Los ojos de Johnnie To son tan rasgados como franceses. Sin olvidar en ningún momento que él es de Hong Kong, su estilo se ha ido hermanando progresivamente con el del polar francés. Así, tenemos un cineasta tan ligado a Jean-Pierre Melville como a John Woo. Pero To es mucho más que un simple híbrido, y con cada película va definiendo más su personalidad, alcanzada definitivamente en esa cima que es Vengeance (Johnnie To, 2009). Una personalidad caracterizada por tiroteos que duran hasta el fin de los tiempos, por hombres que antes de dispararse se apuntan hasta transformarse en estatuas, por luces y sombras que tornan todo espectral y difuso. Johnnie To es el cineasta que ha conferido una belleza inusitada a los disparos mediante una estilización que camina progresivamente hacia lo abstracto. Ahí está su distanciamiento de Melville y Woo, en ese viaje a la esencia de la confrontación entre figuras, muchas de ellas caracterizadas por encontrarse en la línea entre la moral y el delito.

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Curiosamente, muchos de estos elementos se han revelado viendo la trayectoria de To tras Mad detective, una película que, vista ahora (su estreno llega dos años tarde, se dice pronto), revela su condición de film bisagra. Antes de la obra de la que hablamos ahora, To venía de realizar el díptico Election y Election II (Hak se wui y Hak se wui yi wo wai kwai: Johnnie To, 2005 y 2006), que le dio a conocer al mundo. Ambas películas eran oscuras y pesimistas, protagonizadas por gánsteres monolíticos que buscaban el control de la tríada más importante de Hong Kong; un díptico, pues, profundamente anclado en un territorio y un momento histórico, en una realidad, en definitiva. No obstante, ya allí había los mencionados tiroteos, la dilatación de la acción y las sombras, muchísimas sombras. Un universo espectral de traición y codicia, poblado por gente decadente. Llegado a este punto, la primera cima de su carrera, To tuvo que decidir si seguir con la tercera parte de la saga (se especuló mucho en este sentido) o bien tomar otros caminos. Durante estos tres años que han transcurrido hasta Vengeance, da la sensación que To ha estado experimentando, creando obras imperfectas (pero fascinantes) que exploran diversos aspectos y estilos, buscando algo que le convenciera. Mad detective es uno de esos experimentos.

Múltiples personalidades

Es curioso que Mad detective cuente la historia de un detective, Bun, expulsado de la policía a causa de su locura, que le hace ver las diferentes personalidades de la gente (y también a su mujer, que le dejó). Este don es requerido por un policía que debe resolver el caso de la desaparición de un colega, el principal sospechoso de la cual es el compañero de éste. Cuando el detective ve por primera vez al sospechoso se sorprende porque posee hasta siete personalidades diferentes: la mujer firme y cerebral, el gordo glotón y nervioso, el violento matón, el calculador ejecutivo, etc. De la misma forma, cuando vemos por primera vez Mad detective nos da la sensación que también estamos ante un film con múltiples personalidades, de ahí que sea entendido como un experimento de To en aras de encontrar la línea a seguir tras el díptico Election. Esa línea, según lo visto en Mad detective (y corroborado por el Costello de Vengeance) se caracteriza por protagonistas desequilibrados y solitarios que buscan una especie de redención final tras haber sido apartados de su actividad cotidiana. Así, To introduce una de las constantes del western crepuscular, la del justiciero retirado que vuelve, otorgándole un nuevo matiz: el desequilibrio mental que hace que su moral sea de dudosa rigidez, o como mínimo que se ponga en cierta duda. Una profundidad psicológica que se extiende al resto de personajes, empezando por el sospechoso con muchas personalidades, pero también al policía que recurre a Bun, al que el detective ve como un niño aterrorizado en un momento del film, de una sensibilidad que nos sorprende en el cine de To; sensibilidad que también se convertirá en constante en obras venideras. Otra nueva senda es la comicidad, explorada sin mucho éxito en Mad detective, pues se trata de una comicidad vulgar (Bun orinando sobre el sospechoso, un momento gratuito que roza lo asqueroso), que también irá siendo pulida por To poco a poco.

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Mad detective es un film ideal para ver la etapa de transición de un artista, pues contiene algo de lo tradicional en él (en el caso de Johnnie To: los tiroteos dilatados, el arraigo y guiños al cine de género, la atmosfera sombría, etc.), y algo de lo nuevo (la mayor profundidad psicológica, la sensibilidad, que adquirirá mayor relevancia en posteriores obras, la comicidad, aún en bruto…).

Por cierto, es imprescindible recordar que uno de los principales causantes de esa evolución en To sea su fiel escudero y tradicional colaborador y guionista Wai Ka-Fai, que en Mad detective codirige junto a To. De nuevo, múltiples personalidades, y el disfrutable y prometedor inicio de un viaje de la realidad (el díptico Election) a la fantasía (Vengeance).