Unos minutos con JvD

—Habían transcurrido trece años desde su última película. ¿Le ha costado mucho trabajo conseguir llevar a cabo Mr. Nobody?

—Siempre pienso que me va a llevar un año o dos para escribir el guión, pero esta vez me ha llevado seis o siete años. Siempre pienso que voy a hacer una película simple, y termino haciéndola cara y complicada. Me ha llevado mucho tiempo la escritura porque he intentado contar las cosas de otra manera; ver cómo el cine puede hablar de esa experiencia extraña que es estar vivo; cómo el cine puede hablar de las bifurcaciones de esas miles de vidas que podemos tener al mismo tiempo. Creo que todos los guionistas, cuando escriben, se imaginan varias posibilidades, pero al final sólo pueden quedarse con una. Lo maravilloso en esta ocasión, es que podía explorar todas esas pistas infinitamente.

»En el momento fundamental de la película, cuando ese niño tiene que tomar una opción entre irse con su madre o su padre, en vez de elegir, se imagina todas las posibilidades, para saber cuál es la buena. Ya, cuando es viejo, se acuerda de todas esas vidas aunque no las haya vivido, y su respuesta es que no hay elección buena ni mala. Todas las vidas valen la pena vivirlas.

—Viendo sus películas, una de las obsesiones más recurrentes parece ser la identidad del ser humano.

—Pues sí, tienes razón. Y esta es una cuestión que me sigue intrigando, una pregunta que me sigo haciendo constantemente. Todos somos uno, cien mil y nadie.

—Además parece que ese individuo se encuentre sobrepasado dentro del mundo que lo rodea…

—Claro. Aquí, en este momento, yo estoy haciendo el papel de director que responde sobre su obra, y tú estás haciendo el papel de periodista que me pregunta. Pero ambos asumimos más roles y personalidades. Es casi imposible saber quién es cada uno. Es como una historia que nos vamos contando los unos a los otros, pero nunca tendremos una percepción real de lo que es la realidad en la vivimos. Y es que también somos lo que los demás ven en nosotros. Así que nunca sabremos quienes somos de verdad.

—En su cine hay un choque entre el universo real y el imaginario, dando la impresión de que ambas cosas son inseparables o que una contiene a la otra. ¿Forma parte de su visión del mundo?

—Desde que empezó el cine hay esa separación de ideas. Se pueden hacer películas como los hermanos Lumière: esta es la estación, el tren llega y esta es la realidad. O como Meliès, que filmaba a los personajes en la Luna y para él, eso era igual de real y lícito. Yo lo que busco es indagar en la percepción que se tiene de esa realidad tan intangible y cómo el cine puede reproducir nuestro mecanismo de pensar sobre ella. El cine permite jugar, saltar de una escena a otra, de una idea a otra, aunque una se encuentre instalada en el subconsciente de un personaje o pertenezca a su realidad cotidiana.

—Las vidas posibles de Mr. Nobody tiene una estructura narrativa muy compleja. Me gustaría que me hablara de ella y de la configuración de los tres personajes femeninos que acompañan al protagonista.

Los tres personajes femeninos son tres equilibrios o desequilibrios amorosos. Ella la quiere, él la quiere, ella no le quiere, él sí, ella le quiere, él no la quiere… y así todas las combinaciones posibles. Lo que pretendía hacer con el guión es que fuera de apertura y convergencia, como en la dramaturgia clásica.

—También te da la oportunidad de mezclar muchos géneros cinematográficos.

—Precisamente el choque entre todos los estilos aporta la duda sobre qué es lo real.


Entrevista realizada el 15 de Julio de 2010, en Madrid