Perdido en tierra de nadie

Hace unos años me ofrecieron la posibilidad de escribir sobre la obra de Jaco Van Dormael en un libro que editaría el Festival de Vitoria (NEFF). En aquél momento, el director belga era para mí un autor prácticamente desconocido, al que había hecho poco caso, quizás porque no le había dado la oportunidad o quizás porque sentía ciertos prejuicios frente a su obra. Supongo que a veces erramos a la hora de distribuir nuestros afectos cinematográficos por el más absoluto desconocimiento, porque no nos paramos a indagar, a descubrir qué se esconde detrás de muchos autores que pueden ser estupendos aunque no lleguen a estar jamás de moda, tanto para el público como para su consideración dentro del ámbito crítico. Jaco Van Dormael es uno de esos directores perdidos en tierra de nadie que, sin embargo, poseen una muy singular concepción cinematográfica, asentada en unos presupuestos extremadamente firmes gracias a los cuales se ha ido forjando un cineasta de carácter. Su primera película, Totó el héroe (Totó le héros, 1991) lo marcaría para siempre, dando incluso lugar a todo un reguero de malos imitadores. Ahora, con Las vidas posibles de Mr. Nobody demuestra que es capaz de embarcarse en una potente producción sin perder sus señas de identidad para además seguir emocionando a través de la historia de un hombre que es muchas cosas y al mismo tiempo, nadie. Una brillante y reflexiva premisa, sobre todo en estos tiempos en los que la realidad parece descomponerse a nuestro alrededor.