Tinto de verano

¿Cuánto de fórmula desgastada se halla en la película que pudo haber encumbrado a Tom Cruise de cara a la taquilla norteamericana en esta (tristona) temporada cinematográfica estival de 2010? ¿Sería achacable el ligero pinchazo en su estreno USA a la actitud mercenaria (es decir, de copy & paste) ejercida por sus principales instigadores: Cruise, el director James Mangold, guionistas varios (aunque sólo uno aparezca acreditado) y los gerifaltes de la Fox? ¿Qué sentido tiene (excepto el pecuniario) realizar un action thriller cuando su protagonista ya ejerció de súper espía en las tres entregas de Misión Imposible realizadas hasta la fecha, y cuya cuarta parte tiene previsto su  estreno durante las Navidades de 2011?

A pesar de las similitudes que las salpican, Noche y día se diferencia de las aventuras del agente Ethan Hunt por su aspecto de comedia desvergonzada, aunque en el fondo ésta se manifieste forzada, postiza, al borde de la (auto)parodia inerte. Puestos a comparar, Mentiras arriesgadas (True Lies, 1994) supo reunir en su hipercalórico armatoste mayores y mejores dosis de cháchara humorística. Pero Mangold no es James Cameron, y eso se advierte, todavía más, en las impersonales secuencias de acción estratégicamente diseminadas para apoyar la estrambótica aventura romántica descrita en su sinopsis. Aunque dichas secuencias puedan parecer intercambiables por las de cualquier action movie del momento (de hecho lo son), Mangold y compañía intentan que la pirotecnia consustancial a este tipo de proyectos extremadamente calculados no resulte excesiva ni abrumadora: el director de las simpáticas y algo reivindicables Identidad (Identity, 2003) y El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, 2007) planifica con cierta destreza determinadas escenas que el montaje, menos sincopado de lo habitual, no consigue estropear del todo. A pesar del «esfuerzo» patente, la dejadez se impone con extraordinaria facilidad y los goofs y los dislates lingüísticos terminan por arruinar el soportable disparate con manoseado macguffin que era, hasta el momento, Noche y día (si en Misión Imposible 2 la ciudad de Sevilla celebraba las Fallas propias de Valencia, en esta ocasión son los Sanfermines los festejados sin ningún rubor en la capital hispalense). ¿Estimado Sr. Cruise, dónde se encuentran sus asesores más allegados?

Concebida, en primera instancia, como lúbrico vehículo de lucimiento para el actor y su partenaire en escena, Cameron Diaz, Noche y día se descubre, casi automáticamente, como espejismo falaz de un star system periclitado que, años atrás, lograba mantenerse mejor en forma. Aunque el paso del tiempo no parezca haber desgastado los neumáticos atributos de ambas celebridades, sí es palpable la escasa empatía que la chiquillería asidua a las salas de cine les profesa en la actualidad, no reconociendo como «propios» a Cruise/Diaz (pero sí a Pattinson/Stewart); y a los que crecimos contemplando sus trabajos más populares, ya no nos aturden ni sorprenden sus acrobáticas e improbables correrías transnacionales.

Más interesante resulta ser el solvente plantel de secundarios que comparte minutos en la ficción con la agraciada pareja, aunque su presencia esté tristemente desaprovechada: Peter Sarsgaard, Viola Davis y Paul Dano defienden sus insípidos personajes desde el vacío y la incomprensión más absoluta. Jordi Mollá, en cambio, no lo defiende. Lo estrangula.