El origen de las ideas

Si pretendemos seguir a Christopher Nolan hasta Origen (Inception, 2010) debemos empezar por su origen, doce años atrás. Apasionante, original, riguroso y controvertido, Nolan presenta a lo largo de su filmografía unas constantes que aparecen ya en su primera película, Following (id, 1998). Es la historia de un joven parado con vocación de escritor cuyo título (seguir, siguiendo, siguiente) permite juegos de palabras y que nos remite al perseguidor borgiano, eje no sólo de este debut sino también de todas las obras de Nolan. Películas, todas ellas, dónde un personaje persigue implacablemente una idea, o a otro personaje, que en cierto modo es él mismo. Así tenemos a Leonard, el desorientado personaje de Memento (id, 2000)  que tal vez se persigue a si mismo, al Al Pacino enfrentado a una Némesis que refleja sus propias faltas en la implacable claridad del Norte —Insomnio (Insomnia, 2001), a los dos magos enfrentados (de hecho los tres) de El truco final (The prestige 2006), su mejor cinta hasta Origen, y, por supuesto, al Bruce Wayne roto y torturado que acecha a Batman en las dos entregas del personaje.

En Following Bill, el escritor amateur, dice dedicarse a seguir, acechar, espiar[1] a personajes identificados al azar. Tal como cuenta el problema surge cuándo empieza a seguir al mismo personaje, un joven elegante que es en realidad un ladrón de pisos y con el que inicia una relación profesional. Mediante una distorsión cronológica de la narración, y recurriendo al cambio de look que hace para parecerse a su mentor, Nolan consigue no sólo aumentar el suspense sino identificar a uno y otro. Llegados a cierto punto, nos permite descubrir que el ladrón utiliza al joven para diversos fines de modo que los roles de perseguidor y perseguido se invierten.

Y si bien el final se antoja tan alambicado como buena parte de los guiones que ha escrito (aquí queda excluido el de Insomnio, del que no era autor), no deja de tener cierta coherencia con el planteamiento global, por que si bien diluye en parte la fusión de identidades, si que permite ver una realidad alternativa. En el momento en que una secuencia es substituida íntegramente por las correspondientes y garabateadas páginas de guión (lo que produce desconcierto considerable en la platea), se plantea que toda la historia pueda, tal vez, suceder en la mente del escritor. ¿Les resulta familiar? Bien, si añadimos que las referencias cinematográficas van de un póster de Casablanca (id, Michael Curtiz, 1942) a diversas fotos de Jack Torrance, el alienado escritor interpretado por Jack Nicholson en El resplandor (The shining, Stanley Kubrick, 1990), fotos que aparecen junto a su máquina de escribir, vemos que las opciones son claras. Hay, no obstante, de entre muchas otras, dos presencias harto significativas. El logo del hombre murciélago en la puerta del domicilio del escritor y el nombre del ladrón de pisos, Cobb, coincidente con el del protagonista de Origen. Evidentemente, la inserción de ideas en la mente de otros es un proyecto muy querido del director y se origina en la misma semilla de Following…. Si queremos jugar a los laberintos, referenciados en Origen, no tenemos más que pensar que la idea de Nolan crece en la mente de Bill, escritor, para que la desarrolle en la de Cobb y este la implante en la de Bill, joven parado con vocación de escritor, quien a su vez la narrará a la policía para que los espectadores la veamos en flash back y la podamos contar y…. Mejor no seguir, que cada uno piense por sus propias ideas.


[1] De modo parecido a  como hace la artista Sophie Calle, siguiendo personajes determinados o retratando interiores de habitaciones de hotel ocupadas para especular con la historia de unos y otros, tema recobrado en Leviatán (Ed. Anagrama, 1993) por el novelista Paul Auster, otro apasionado de las dobles identidades y las alteridades, de los enfrentamientos entre doppelganger