Cuando Arthur Penn (Filadelfia, 1922-Nueva York, 2010) vio por primera vez Los cuatrocientos golpes (Les quatre-cent coups, 1959), en París, la opera prima de su colega Truffaut le produjo una enorme impresión, no sólo por la fuerza de sus imágenes y la libertad con la que estaba hecha, también por que, en sus propias palabras, “se parecía tanto a mi propia infancia que me dejó atónito”.

El pequeño Arthur tenía apenas tres años cuando sus padres, un relojero y una enfermera, se divorciaron. Entonces se trasladó con su madre y su hermano Irving (el célebre fotógrafo, cinco años mayor que él) a Nueva York y Nueva Jersey. Tras una infancia marcada por numerosísimos cambios de residecia y escuela, y ya en plena adolescencia, volvió junto a su padre a su Filadelfia natal, hasta la muerte de este en 1941. En la misma época se produjo su descubrimiento del teatro, de manera que, cuando regresa a Nueva York  ya ha tomado parte en espectáculos de aficionados bien sea como actor, decorador, técnico de iluminación, u otros menesteres. En 1943, cumpliendo el servicio militar en Europa, en plena II Guerra Mundial, conoce a un hombre que será importantísimo en su carrera: Fred Coe, futuro responsable de diversos shows televisivos, y productor de sus dos primeras películas. Durante la guerra forma parte de la Soldiers Show Company dirigida por Joshua Logan, en la que coincide con Paddy Chayefsky, Mickey Rooney o Tony Benett, entre otros. Una vez desmovilizado ingresa en el Centro Experimental Black Mountain beneficiándose de un programa de becas para veteranos, donde estudiará filosofía y psicología, y pondrá en escena varías obras teatrales (de Satie o Saroyan, entre otros); después de lo cual viajará a Italia para completar sus estudios. De vuelta a los Estados Unidos estudia interpretación con el gran Michael Chejov, alumno aventajado y díscolo de Stanislavski.

Y sin embargo será el medio televisivo el que le ofrezca su primera oportunidad profesional: en 1951 es contratado como tercer asistente de realización por la cadena NBC para su programa Colgate Comedy Hour, que presentaban Jerry Lewis, Dean Martín y Bob Hope. Dos años más tarde reencuentra a su amigo y compañero del ejército Coe, convertido ya en importante productor televisivo, que le ofrece realizar emisiones de Gulf Playhouse: First Person, verdadero punto de partida de su carrera como director. Entre 1953 y 1958 escribe y dirige para los mejores programas de “la edad de oro de la televisión americana” (Goodyear Televisión Playhouse, Producer’s Showcase, Philco Televisión Playhouse, Playwrights ’56, Playhouse 90, etc), y es director escénico en Broadway (The Lovers, Two for the Seesaw, The Miracle Worker).

Probablemente el miembro más reconocido de los directores de la brillante “generación de la televisión” (la de los Lumet, Frankenheimer, Schaffner, Ritt o Mulligan). De estilo elegante y sofisticado, muy flexible (lo que hizo que la crítica le emparentara con algunos de los directores de la nouvelle vague francesa, particularmente con el primer Godard), su punto fuerte es sin ninguna duda la dirección de actores, con los que establece una fuerte complicidad, obteniendo de ellos interpretaciones memorables.

El nacimiento del mito, la ambigüedad moral y el desafío a la sociedad, y sobre todo la violencia y sus usos (y abusos) son algunos de los temas recurrentes en su obra desde su debut en 1958 con El zurdo (Left-Handed Gun, 1958), revisión “freudiana” de la vida y andanzas de Billy “el niño”, hasta Inside (1996) su última película, una cruda historia carcelaria, rodada hace ya catorce años.

De entre sus dieciséis películas destacan también El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker, 1962), Acosado (Mickey One, 1965), La jauría humana (The Chase, 1966), Bonnie y Clyde (Bonnie & Clyde, 1967), Pequeño gran hombre (Little Big Man, 1970) y La noche se mueve (Night Moves, 1975).

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