Cine por dentro

Al principio de Shutter Island vemos a los agentes Teddy Daniels (Leonardo Di Caprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) a bordo de un ferry que los conduce a una remota isla del puerto de Boston. En este sencillo arranque, en realidad el espectador ya puede percibir la naturaleza del espectáculo que está a punto de contemplar. Daniels y Aule charlan sobre la cubierta del barco mientras observamos con cierto estupor la manifiesta falsedad de los fondos, del propio barco, del decorado en su conjunto. Martin Scorsese no engaña a nadie, lo que vamos a ver durante las siguientes dos horas es una farsa, un espectáculo de cartón de piedra aunque eso sí, erigido sobre la maquinaria interna del cine negro y del terror de serie B.

Scorsese, lo que hace con Shutter Island es mostrar el engranaje de su película para que de este modo podamos disfrutar, no tanto de la película en sí, sino del propio engranaje. Lo de menos en Shutter Island es su rocambolesca trama, su esquivo guión y su final más o menos sorprendente, lo verdaderamente interesante del film de Scorsese es la atmósfera que respira cada fotograma; la iluminación, la puesta en escena, los movimientos de cámara, los decorados, los rayos, el viento… Lo que nos propone Martin Scorsese con Shutter Island es un abrumador paseo por las galerías del cinematógrafo sin dejar a un lado la naturaleza netamente espectacular del medio. Scorsese no pretende tanto que nos aterremos ante determinados pasajes de la película como que disfrutemos del uso que hace de determinadas herramientas para provocar terror o suspense.

Todo esto tiene una consecuencia bastante lógica, y es que al que más y al que menos, Shutter Island lo ha marcado. Estarán los que la detesten y también los hay que la adoran, pero desde luego no se puede decir que Scorsese haya hecho una película que deje indiferente al respetable y sólo por esto, Shutter Island ya debería ser una película importante y más aún viniendo de un director con la extensa filmografía de Martin Scorsese. El director de Taxi Driver (1976) propone un triple salto mortal y lo hace a través del propio cine, Scorsese nos invita a zambullirnos en un turbio relato de conspiraciones, asesinato y locura, siempre y cuando asumamos la película como eso, como una película, como una ficción.

Lo bueno que tiene Shutter Island es que se sostiene sobre la propia ficción, y su naturaleza, y su propia razón de ser no podría ser de otro modo si no fuera por la defensa a ultranza que la película hace de la ficción cinematográfica. Shutter Island se puede disfrutar de dos modos bien distintos aunque complementarios, por un lado como una excelsa muestra de los mecanismos que componen el cine, su falsedad y a la vez, su efectismo en la pantalla y en última instancia, su fascinación. Por otro lado, la película de Scorsese también se puede disfrutar como un oscuro y simple pero resultón relato de locura y muerte que a buen seguro, no dejará a nadie indiferente.

Creo sinceramente que Shutter Island es la mejor película de Martin Scorsese desde los tiempos de Casino (1995). Y no sólo por suponer una lúcida aproximación a las propias entrañas del cine, sino por ser una película tan valiente como osada para un director que ya no tiene que demostrar nada y aún así, filma una película como Shutter Island capaz de hacer que unos se rasguen las vestiduras mientras otros experimentan la dulce sensación de estar contemplando una obra maestra.