Por lo que tiene de romántico

Organizar una muestra cinematográfica en los tiempos que corren puede resultar poco menos que tarea de héroes. Con la actual crisis, ese concepto esgrimido desde algunas instancias como carta blanca para ejecutar EREs sin miramientos y respaldar recortes presupuestarios, el ámbito de las actividades culturales está resultando uno de los más profunda, injusta y dolorosamente afectados. Parece que debe resultar más aceptable para un ciudadano de hoy renunciar a la difusión en su entorno de determinadas manifestaciones artísticas (y de las ideas que transportan) que a otros aspectos infraestructurales, cuando en realidad creemos que es la educación, el conocimiento y la capacidad de generar pensamiento crítico (racional o intuitivo) lo que podría ayudarnos mejor a entender, sobrellevar o subvertir la coyuntura en la que estamos inmersos. La mayor incertidumbre recae, sin embargo, en la sospecha de que la crisis quizá no sea tal, sino más bien una decadencia, un derrumbe lento (o no tanto) y sin vuelta atrás de las estructuras idiosincráticas del modelo socioeconómico reinante en solitario tras la caída del Muro de Berlín. Pues bien, ante tan desalentador panorama, pese a las adversidades, pese a que en esta ocasión haya que lamentar dos días menos de proyecciones que en 2010, el Festival Punto de Vista se yergue, un año más, orgulloso de seguir una singular línea de trabajo tan modesta como ambiciosa. Una selección planteada, a priori, como un ejercicio de resistencia que no duda en renovar su compromiso con el cine de autores irreducibles y el fomento de la transversalidad en el diálogo entre creadores, espectadores, las obras y la realidad, el cual parece estar de nuevo garantizado en esta edición.

A lo largo de sus seis ediciones anteriores hemos podido tanto redescubrir autores que trabajan en el amplio abanico de la No Ficción como asistir al nacimiento de nuevas y estimulantes voces. Camino de la leyenda se encuentran ya la retrospectiva dedicada a James Benning hace dos años o la de Jem Cohen del año pasado (incluyendo las dos piezas que el director neoyorkino filmó durante el Festival). Y, entre los descubrimientos, por ejemplo, los más veteranos del lugar recuerdan casi con lágrimas en los ojos (podéis pensar que exageramos, pero no…) la proyección de Lunch Break (2008) de Sharon Lockhart, mientras que iniciativas tan necesarias y estimulantes como Los Hijos encontraron su lugar en el mapa entre las gélidas temperaturas de este Festival.

Entre las películas más prometedoras de la Sección Oficial de este año (a las que habrá que sumar las siempre anheladas revelaciones) se cuentan obras como Color perro que huye, del francotirador Andrés Duque (a quien se conoce mayormente por su documental Iván Z., dedicado al desaparecido director de Arrebato), película incluida en la selección Bright Future del pasado Festival de Rotterdam. Otros films que pasaron por la mencionada ciudad neerlandesa y que PdV estrena en España son Erie, de Kevin Jerome Robinson, elocuente mirada a la migración negra en Estados Unidos; Gravity Was Everywhere Back Then, del animador, diestro en el arte de la stop-motion, Bent Green; o la deseadísima Make It New John, del irlandés Duncan Campbell, de quien aún somos capaces de retrotraer al presente la conmoción que nos causó su sensacional mediometraje Bernadette (2008). La película Vrindavana, de Ernesto Baca, servirá para tantear el estado de la cinematografía argentina, que atravesó en 2010 un año especialmente dulce (los últimos —y en varios casos primeros— films de Leandro Listorti, Delfina Castagnino, Mariano Blanco, Jonathan Perel, Clara Picasso, Gonzalo Castro, Juan Villegas o Anahí Berneri parecen confirmar esta tendencia). La representación española (que viene adquiriendo cada vez mayor relevancia en el certamen, como ocurrió el año pasado con la triunfal presentación de Los Materiales a cargo del colectivo Los Hijos) en la competición principal se completa con True Love, film que transita las veredas del diario íntimo a cargo del donostiarra Ion de Sosa. En cuanto a los cortos, destacar que buena parte de los seleccionados este año tendrán su estreno internacional absoluto en Pamplona (inclusive el nuevo trabajo del imprescindible Alain Berliner), con alguna excepción como es el caso de On Rubik’s Road, de la letona Laila Pakalnina, fascinante estudio sobre una carretera (y aquellos que la transitan o permanecen en sus márgenes) presentado en la sección Orizzonti del pasado Festival de Venecia.

Dos serán las amplias retrospectivas que trazan miradas oblicuas sobre los modos de representación de lo político (en un sentido amplio) en el cine documental, con filmes que tratan de poner en juego algunas cuestiones básicas: ¿Se puede abordar lo político en el cine? ¿Existe una forma cinematográfica política? Si la respuesta es afirmativa ¿Es de alguna utilidad? Lo personal es político, comisariado por Elena Oroz y Sophie Mayer, buceará en la representación que hace el cine documental de las múltiples cuestiones del Feminismo. Su nombre es ya lo suficientemente explícito, toda una declaración de intenciones, e incluye tanto obras de autoras hoy perfectamente integradas en la industria como Sally Potter (I am an Ox, I am a Horse, I am a Man, I am a Woman, 1988)  como otras de contestatarias tipo Sadie Benning y su diario filmado (Girl Power, 1993). Tupi or not Tupi ofrece una muestra de la vertiente cinematográfica de una de aquellas corrientes subterráneas del siglo XX, que van desde Dadá hasta el Punk, que no forman parte de la Gran Historia pero cuya aportación es decisiva para entender diversos fenómenos sociales globales. Un movimiento orgulloso nacido como respuesta al colonialismo cultural, iniciado con el Manifiesto Antropófago del intelectual brasileño Oswald de Andrade, que subvierte los tradicionales procesos impositivos de la metrópolis y los sustituye por la mezcla y la apropiación de códigos. El ciclo promete diálogos irreverentes entre obras como el clásico Les statues meurent aussi (Alain Resnais, Chris Marker, 1953) y peliculas de puro delirio como la brasileña Triste trópico (Arthur Omar, 1974) o la australiana Babakiueria (Don Featherstone, 1986).

El festival iruindar ha establecido durante sus seis ediciones precedentes una suerte de star-system autoral, por supuesto en las antípodas del llamado glamour y los jabones de colores de la gran industria multinacional (o lo que pueda quedar de ella). La Región Central es una sección diseñada en parte para saciar la sed del espectador de conocer más obras de algunos cineastas por los que el certamen ha venido apostando fuerte en los últimos tiempos. Es el caso de Sharon Lockhart, quien presenta su trabajo Podwòrka, rodado en Polonia. O de Lee Ann Schmitt, que tras ver proyectado en PdV’09 California Company Town (2008), regresa con The Last Buffalo Hunt, co-dirigida junto a Lee Lynch. Puede considerarse un acto de valentía (de los que justifican una sección y un certamen completo) que esta selección incluya asimismo el último trabajo de John Gianvito, Vapor Trail (Clark), mayéutico como un Godard, didáctico como un Rossellini, e hipnótico como su anterior película, Profit Motive and the Whispering Wind (2007). Un film “de duración robusta”, en palabras del propio director, quien planea cerrar su proyecto (que amenaza con erigirse en una silenciosa y demoledora parábola sobre la completa falta de escrúpulos del modelo imperialista) acerca de Filipinas con una segunda película para la que baraja el título de Wake (Subic). También se incluyen en la selección Get Out of the Car, último trabajo de Thom Andersen (quien en 1995 firmase Red Hollywood, sobre los blacklisters del cine estadounidense, en colaboración con Noël Burch), The Ballad of Genesis and Lady Jaye, documental de Marie Losier sobre el líder de Psychic TV recién aterrizado de la Berlinale, o la tan exigente como rigurosa Robinson in Ruins, de Patrick Keiller, vista asimismo en el último Festival de Venecia.

Por su parte, Heterodocsias se afianza dentro del festival en su apuesta por el cine español. Esta sección creció el año pasado y en 2011 consolida su doble vertiente de exhibición y producción. Heterodocsias Rewind propone revisitar películas amateurs realizadas entre los años 30 y 50 del siglo pasado. Obras realizadas por cineastas no profesionales, fuera del ámbito de la industria, que o bien siguen la estela neorrealista, como, o bien crean obras donde la influencia vanguardista y experimental es mas evidente. Auténtica arqueología fílmica que expondrá películas que con dificultad volveremos a ver, de autores de la talla de Llorenç Llobet i Gràcia (director de la maravillosa Vida en sombras, 1948) o Delmir de Caralt (surrealismo amable de influencia chaplinesca en Memmortigo, 1933) . Además, las proyecciones de las obras experimentales contarán con el aliciente del acompañamiento musical en directo de Mursego. Heterodocsias: Proyecto X Films propone la realización de un diario filmado, eso si, dentro de los límites de la Comunidad Foral de Navarra; tres realizadores presentan sus ideas y un comité de expertos elige al ganador, cuyo proyecto será producido por el Festival.

Por si fuera poco todo lo anterior, la ucraniana Naomi Uman, miembro del Jurado, verá materializado un foco sobre su obra, que incluye, entre otras cosas, vibrantes contrastes entre la vida en México y la estadounidense, con apuntes indispensables sobre el tráfico migratorio entre ambos países y los procesos humanos universales de adaptación. Otro de los miembros del Jurado, el cineasta Ben Russell (cuya Let Each One Go Where He May se alzó con el premio a la Mejor Película en la pasada edición del festival) ejercerá de programador de una sesión que, yendo de Segundo de Chomón a Kenneth Anger, promete un subyugante trayecto alrededor de su particular concepción del cine. Además, el crítico y programador Gabe Klinger está detrás de un ciclo dedicado a la (por estos lares completamente desconocida) Young Filmmakers Cooperative que operó en New York City en los 60 y 70. Y, por supuesto, no podemos dejar de reseñar la World Premiere de la colaboración entre Jonas Mekas y José Luis Guerín dentro del ya clásico proyecto Correspondencias. Quizás se pueda pedir mayor cantidad, pero es difícil imaginar un menú más apetitoso, para el amante del cine menos complaciente y más alejado de normativas industriales, que el propuesto en esta edición de Punto de Vista.