1Se antoja una cita prioritaria en nuestras agendas esta nueva edición del festival asturiano. Por el cine, naturalmente. Por la ciudad, sin duda. Por las gentes, claro. Por los conciertos, casi todos. Pero la casualidad, la crisis, los mercados, Europa y el actual presidente del Gobierno han querido que coincida con unas elecciones generales, en una fecha, el 20N, en la que nuestros padres nos han contado más de una vez como brindaron hace mucho tiempo con champán. Todo es política, dicho de otro manera más práctica, todo tiene un significado en el tiempo que vive, o es resultado de este. El FICXixon no es una excepción. Y aunque cada cual puede entenderlo desde su propia visión o ideología (¿por qué no?), Gijón es como un oasis, no el único afortunadamente, dentro del binomio aburrido e incluso siniestro en el que nos movemos. Hablamos de cine, pero también de fúbtol, perdón de política. La programación del festival liderado por José Luis Cienfuegos insiste en la idea de ampliar la perspectiva actual (y también histórica: inolvidables fueron los ciclos dedicados a los Nuevos Cines europeos de las ediciones 43, 44 y 45) que la distribución tradicional y los hábitos adquiridos (no nos vayamos a confundir: también los espectadores tenemos algo que ver, para mal y para bien) nos niegan sistemáticamente. La diferencia con el otro tema, el del blanco o negro, es que en el cine incluso lo de siempre (las tres dimensiones, las superproducciones, los productos comerciales, los caras a caras) resulta valioso bastantes veces. Rajoy y Rubalcaba (y sus epígonos pasados y futuros) en el mejor de los casos nos dan bastante igual: hay otras opciones, muchas otras, como poco más sinceras. Del mismo modo que acudir al FICXixon, si quiera unos días, es una saludable manera de toparse una y otra vez con propuestas que nos recuerdan, y falta que nos hace por momentos, que las buenas películas no son solamente las de terror y/o fantásticas que tanto nos gustan, o las que hacen directores-estrella como Spielberg, casi siempre un punto por delante…

Hors Satan

2Llaman inmediatamente la atención varios nombres y títulos de la Sección Oficial: Mia Hansen-Love, Miranda July, Aleksandr Sokurov, Todd Solondz, Nicolas Klotz y Elizabeth Perceval, Bruno Dumont. Apetece ver casi más que ninguna Un amour de jeunesse de Hansen-Love después de la gran sorpresa que ha supuesto su precedente Le pére de mes enfants (2009), no por casualidad una de las películas mejor valoradas en el topcine 2011 (la distribución otra vez…) de Miradas, aunque difícilmente nos van a dejar indiferentes Klotz con Low Life y su historia de amor de indignados, Solondz y su nueva aproximación en Dark Horse a la comedia negra sobre nuestras miserias, o el cine de qualité para paladares especiales de Sokurov, que en Faust se atreve con Goethe. Y para paladares especiales también tenemos a Miranda July que presenta The Future, que promete ser tan levemente intensa como su anterior (y primer) largometraje, Tú, yo y todos los demás (2005). O la última propuesta, Hors Satan, de Bruno Dumont, donde su vertiente más extrema nos llevará por senderos que mezclan la moral de Chabrol con el pulso de Bresson. Aunque las dos películas que esperamos con verdadera expectación son Play de Ruben Östlund, verdadero enfant terrible del nuevo cine europeo y agitador de mentes y púpilas con sus anteriores películas (The Guitar Mongoloid, 2004, e Involuntary, 2008), y La guerre es declareé de la actriz y directora Valeria Donzelli, que mediante un drama al límite compone una sinfonía de sensaciones repleto de amor por la vida y por el cine. También tenemos muchas ganas de ver el regreso de Joshua Marston (María llena eres de gracia, 2004) con un filme social, The Forgiveness of Blood, ambientado en ese planeta desconocido llamado Albania, la ácida comedia Terri de Azazel Jacobs (hijo del mítico realizador experimental Ken Jacobs) y el début del austiaco Markus Sclheinzer, Michael, colaborador habitual de Haneke y Seidl y con una versión de la vida parecida a la de esos directores ya consolidados. También habrá sitio para el cine norteamericano de distribución internacional (o eso esperamos) con Take Shelter de Jeff Nichols, una apocalíptica cinta de suspense que por lo leído mezcla al mejor Shyamalan con el más malvado Polanski. El cine de género también estará presente con el thriller político El estudiante de Santiago Mitre, ópera prima del experimentado guionista del nuevo cine argentino y la comedia de aventuras Les géants de un habítual a este festival, Bouli Lanners (Eldorado, 2008). Desde Suiza nos llegará un polémico documental Vol Spécial de un director casi español, Fernando Melgar. Y desde España tendremos lo último de Gabriel Velázquez (Amateurs, 2008), Iceberg, que promete dar una visión sobre la adolescencia nacional bastante alejada de las producciones televisivas. Alejado de todo, también podremos degustar la última rareza de Jonathan Caouettee que lleva como nombre Walk away Renée y que tiene como centro gravitatorio a su propia familia.

En Rellumes, la sección a competición especial y alternativa que nació en 2009, destaca The Stoker (2010), el último trabajo de Aleksei Balabanov (ganador del premio al mejor director en 2007 por Cargo 200 y homenajeado dos años después en un ciclo, acompañado de un muy recomendable libro de Jesús Palacios: A.B. Cine para la nueva Rusia). Cineasta apenas conocido fuera del programa personal del cinéfago, del crítico especializado o del aficionado curioso, Balabanov abofetea duramente al estabilshment ruso, al pasado soviético y al egoísmo universal, sin dejar por ello de mostrar una visión patriótica sin complejos (que le han causado no pocas acusaciones de reaccionario) y demostrar que es un estupendo narrador: War (2002), quizá no sea su mejor película, pero es muy elocuente al respecto. The Stoker retrocede a los últimos días del final de la URSS en un contexto mafioso y ya no necesitamos saber más… Las otras nueve propuestas de Rellumes intrigan bastante. Por ejemplo, los españoles Óscar Pérez y Mía Ribot en su docu Hollywood Talkies toman como excusa la historia de los actores que viajaron a Hollywood a principios de los 30 para rodar las versiones en castellano de determinados éxitos, para elaborar un ejercicio más cercano sobre la representación: parece ser que el film, como cabría esperar, no usa imágenes de archivo: muy interesante a priori. La comedia Punk’s Not Dead, dirigida por un veterano: Vladimir Blazevski, ganadora en Karlovy Vary, y que se resume en su propio tíulo: una vieja gloria del punk trata de reunir a su banda. La sensación es que cómo poco dará para unas buenas risas. Risas también promete P-047 (Tae Peang Phu Deaw) del tailandés Kongdej Jaturanrasmee, extraña comedia proyectada en Venecia donde dos tipos grises se meten en casas ajenas para tomar prestadas las vidas de otros por unas horas. Allí también se proyectó Eighty letters de Vaclav Kadrnka, intimista y nostálgico drama familiar de reconstrucción que fue definido por Positif como “75 minutos de perfección”. De Cannes nos llega Toomelah de Ivan Sen, una mezcla de cine social con cine negro y reivindicación aborigen con algunos puntos en común (a priori) con The Yellow Sea (Na Hong-jin, 2010) y Avé, una road movie dirigida por Konstantin Bojanov que nos demuestra que tras la irrupción de Kamen Kalev algo se mueve en el cine bulgaro.

La decana Enfants Terribles, a la que solemos hacer muy poco caso todo sea dicho, dedicada al cine infantil y juvenil, programa Submarine que resuena con fuerza por su background: dirige Richard Ayoade (el coprotagonista de la delirante serie de la BBC, IT Crowd, emitida por Canal +: Los informáticos), produce Ben Stiller, escribe la música Alex Turner (Arctic Monkeys). El argumento no entusiasma de igual manera: a un chaval de 15 años poco admirado por sus compañeros le mola una chica y le cae mal el ex-novio de su madre que sigue revoloteando a su alrededor. Emir Kusturica vuelve a ponerse frente a la cámara (parece que últimamente le va la marcha), para dar vida a un pescador que se queda viudo y debe lidiar con su hijo adolescente, en la cinta francesa Nicostratatos, le pelican del hasta ahora ayudante de dirección y director de segundas unidades Oliver Horlait. De las cuatro películas de animación, Papá, soy una zombie / Daddy, I’m a zombie es el único título que nos invitaría a arriesgarnos, por su aparente rollo gótico, burtoniano: la (mala) tendencia a comparar y los (sanos) prejuicios siempre nos persiguen.

3De animación y española es también Arrugas, dirigida por Ignacio Ferreras a partir del cómic homónimo (editado por Astiberri y premiado en el Salón del Cómic de Barcelona en 2007 y con el premio nacional en 2008) de Paco Roca; un relato que protagonizan dos ancianos y de la que hablan muy bien quienes la vieron en el pasado festival de San Sebastián que los programadores han encajado hábilmente en Esbilla, una de las secciones más agradecidas que recupera películas de cierta importancia que han pasado por distintos festivales internacionales. Sin ir más lejos se podrá disfrutar de Life Without Principle, uno de los últimos Johnnie To, cineasta superlativo, que hace unos cuantos años algunos descubriéramos en Sitges admirando su pericia técnica pero sin vislumbrar su inmenso talento. Ahora, no podía ser de otra manera, somos fanes y si su nuevo film se anuncia que tiene reminiscencias a Hitchcock y que trata sobre la avaricia en estos tiempos que corren, por descontado que figura en nuestra columna “ver en cualquier circunstancia, incluida una invasión alienígena”. Bueno quizá exageramos, pero un film como Attack the Block, de Joe Cornish, puede dar pistas al respecto: se vio en Sitges, donde fue presentado en nuestro país y gustó bastante a público y crítica: Miradas pudo conversar con el director y preparamos un pequeño reportaje para el número de diciembre, cuando está programado su estreno comercial. Dificilmente veremos en salas españolas el más reciente trabajo de Ross McElwee, uno de los documentalistas americanos más interesantes, que en Photographic Memory aborda la relación distanciada con su hijo adolescente y viaja a la Bretaña francesa en busca de buenos recuerdos, quizá para entender mejor que ocurre en su vida ahora. Lo mismo se deben querer saber las tres jóvenes protagonistas, que deberán enfrentarse solas a la vida, de Abrir puertas y ventanas, una coproducción argentino-suiza, escrita y dirigida por Milagros Mumenthaler, con temas musicales de Fran Gayo (ex Mus, ex programador del FICXixón), triunfadora en Locarno: mejor película, directora y actriz principal. Cambiando de espacio, en la siempre estimulante y sorprendente Llendes se puden encontrar propuestas tan inclasficables como Accidentes gloriosos, otra coproducción europea y argentina, dirigida a cuatro manos por Mauro Andrizzi y Marcus Lindeen, que en apenas una hora de metraje busca la belleza de los accidentes automovilísticos en la estela, dicen, de J.G. Ballard. Otro nombre de prestigio, actual y cineasta en este caso, es el filipino Raya Martin, que en Buenos noches, España rueda, entre Madrid y Bilbao, en cinta magnética y película super 8, una historia de tintes paranormales, con apenas presupuesto y dos actores: Pilar López de Ayala y Andrés Gertrudix. Más apegada a la realidad, aunque nos gustaría imaginar que todo fue una pesadilla para quienes lo sufrieron, debería situarse La muerte de Pinochet de los chilenos Ivan Osnovikoff y Bettina Perut, pero el relato de lo que ocurrió aquel día de 2006 en que falleció el dictador a los 91 años, deriva en algo, nos advierte el programa de mano, exagerado, divertido, a la vez sátira y tragedia.

Esta edición el certamen nos regala un nuevo ciclo denominado Géneros Mutantes. Nombre que proviene del libro El cine y los géneros: conceptos mutantes (Juan Manuel Domínguez, editor) y del que cual, vía Sergio Wolf, crítico y director del BAFICI, se extrae (en la web y en el catálogo del festival) una pista, tan interesante como discutible, de por dónde van los tiros. Y estos van por películas recientes tan diferentes como Valhalla Rising (Nicolas Winding Refn, 2009), un violento relato de aventuras filmado en pantalla ancha, que extrema el uso del color y se contagia de cierta morosidad; Aquele querido mês de agosto (Miguel Gomes, 2008), un film de realidad o de ficción, de las dos cosas y ninguna, complejo y humilde, quizá demasiado largo, pero tan libre que dura lo que su director quiere (150 minutos) y su enfadado productor pasa de entender; Road to Nowhere (Monte Hellman, 2010),  el regreso de un director de casi ochenta años enamorado tanto del séptimo arte, de hacer películas, vaya, que se pone hacer eso que llamamos metacine cuando ya a nadie parecía interesarle el asunto; Essential Killing (Jerzy Skolimowski, 2011) un relato terrible, no tanto de guerra como en guerra, que responde a un estado de cosas con una atmósfera enigmática y una incómoda fisicidad; Rubber (Quentin Dupieux, 2010), que más allá de su delirante argumento (sí, es la del neumático asesino), es un film atrevido y divertido, limitado pero ambicioso, que juega con los géneros como si fuera una ruleta rusa de mentirijillas… y otros 5 títulos en la misma línea heterogénea: la no ficción que no tiene mucho que ver entre sí (Vampires, 2009, del belga Vincente Lannoo, y Los pasos dobles, de Isaki Lacuesta), el thriller de acción (Miss Bala, producción mexicana dirigida por Gerardo Naranjo), la comedia romántica (Youth in Revolt, 2009, de Miguel Arteta) y el drama inclasificable (Dharma Guns (La succession Starkov), 2010, de F.J. Ossang).

4Por último, también podremos disfrutar de tres restrospectivas de directores muy diferente entre sí que aportarán esa diversidad de miradas que hace que el festival asturiano se nos antoje tan importante dentro del panorama cultural nacional. Bertrand Bonello es un director francés de 43 años que nunca ha estrenado en España y que viendo como va la cosa no sabemos si va a estrenar. Por eso este ciclo nos permitirá ver con nuestros propios ojos alguno de los filmes sobre los que hemos leídos páginas y páginas. Quelque chose d’organique  (1998), Le pornographe (2001), Tiresia (2003), De la Guerre (2008) o L’Apollonaide (una de las triunfadoras morales del último Cannes) nos dibujará su itinerario y todos los matices de una mirada entre sucia y virgen sobre el sexo, el cine y nosotros mismos y los demás. Y de un francés a un extraterrestre; Michael Glawogger. Un director que es capaz de ir de Workingman’s Death (2005) a Contact High (2009) no merece otro apelativo. El festival nos brindará la oportunidad de conocer gran parte de su obra nunca estrenada en España: Megacities (1998), Slumming (2006), o Kill daddy good night (2009) y proyectara dentro de la Sección Oficial fuera de concurso su última película: Whore’s Glory. El lado más atrevido y underground del festival será ocupado este año por la francesa afincada en Nueva York Marie Losier, una creadora independiente y prolífica que nos presentará su largometraje documental sobre Genesis Breyer P-Orridge, The ballad of Genesis and Lady Jane y gran parte de su estimulante obra corta.

Y tras premiar los ojos cada noche podremos premiar nuestros oidos con la selecta gama de conciertos que el festival pone a nuestra disposición. Desde la fiesta en el Laboral con Vetusta Morla, los talentosos Pony Bravo y los ingleses New Young Pony Club hasta los conciertos diarios en la sala Acapulco donde habría que destacar a la mezcla de dos de las más estimulantes bandas rock de nuestro país, Arizona Baby y Los coronas, en Dos Bandas y un destino (muy pronto Corizonas) a Tachenko, verdadero paradigma del pop de calidad en castellano, pasando por clásicos con André Williams, promesas insobornables como La Débil, lisérgicos canibales music surf como Tiki Phantom, stajanovistas de la experimentación y el mestizaje como Za! O la psicodelia guitarrera y demente de Lüger.

Todo un festín de experiencias que empezará con una de las más duras y más terribles: la proyección de This is not a film, un canto a la libertad de expresión de Jafan Panahi, excelso directo represaliado por el régimen del canalla dictador Mahmud Ahmadinejad.