Resumir medio siglo de aventuras no es poca broma. Aquí están algunas de las mejores, ordenadas cronológicamente. Se recomienda leer en pequeñas dosis.

¡Hasta los vengadores pueden morir! (Los Vengadores Vol. 1, nº 14, 1965)

Quizá no sea el número más redondo del dúo Kirby/Lee, pero sí uno de los más impactantes. En sus páginas se plantea la posibilidad real de que una vengadora (la Avispa), pueda morir por algo tan fortuito como el impacto de una bala perdida, algo impensable en los comics de mediados de los 60, en los que los héroes siempre salían indemnes de sus enfrentamientos, con independencia de la amenaza a la que se enfrentaran. Y sus ideales, al menos en el caso de Los Vengadores, siempre estaban por encima de sus sentimientos. Aquí se comportan como seres humanos que se abandonan a la desesperación en un primer estadio, se apoyan mutuamente ante la adversidad y recurren a la oración después de haber hecho cuanto estaba en su mano. “¡A los hombres fuertes hay que dejarlos llorar en soledad! ¡Y no se les debe molestar mientras miran el cielo en solemne acción de gracias!”, concluye el capítulo más religioso, en el amplio sentido etimológico del termino, de la historia de Los Vengadores.

La Guerra Kree-Skrull (Los Vengadores Vol. 1, nº 89-97, 1971-72)

A Roy Thomas le tocó la dura tarea de reemplazar a Stan Lee al frente de la colección. No sólo cumplió con nota el encargo, sino que se convirtió en el guionista más brillante que hayan tenido jamás Los Vengadores. Thomas humanizó a los personajes, introduciendo elementos de drama y numerosas fuentes de conflicto. Pero además de ser el creador de héroes tan antológicos como la Visión, se tomó muy en serio el objetivo de lograr que Los Vengadores se convirtieran, de verdad, en los héroes más poderosos de la tierra. Para ello les metió en una guerra de proporciones cósmicas entre dos razas alienígenas enfrentadas: los aguerridos Kree y los belicosos Skrull, con evidentes guiños políticos y un sense of wonder delicioso.

La saga de la corona serpiente (Los Vengadores Vol. 1, nº 141-149, 1975-76)

Los años 70 fueron tan gloriosos para Los Vengadores que a veces se tiende a olvidar el paso por la colección de uno de sus grandes guionistas: Steve Englehart. El de Indianapolis no afrontó su tarea como una ruptura con las líneas maestras establecidas por Thomas. Más bien se trató de una consolidación, gracias a su profundo respeto por la tradición y conocimiento de la historia del grupo. La saga de la corona serpiente es una de las muestras más solidas de su trabajo, gracias al innovador (para la época) recurso narrativo de trazar dos líneas argumentales bien distintas en el tiempo y en el espacio, que convergen de forma admirable. De este arco argumental nos enamora el dilatado enfrentamiento de nuestros héroes con esa versión encubierta de la Liga de la Justicia que es el Escuadrón Supremo, de desarrollo vibrante y con momentos antológicos, como la batalla entre la Visión e Hyperion. También los ácidos apuntes políticos a costa de la administración Nixon.

La saga de Korvac (Los Vengadores Vol. 1, nº 167-178, 1977-78)

La Saga Korvac aúna el talento innato de Jim Shooter para manejar repartos corales con la increíble capacidad de George Perez para dibujar viñetas plagadas de personajes, lo que se traduce en antológicas páginas cargadas de una enorme belleza plástica y una fórmula narrativa arriesgada. La historia del hombre-máquina que se transforma en deidad galáctica para acabar inmolándose por amor no está contada de forma lineal. Shooter va ofreciendo detalles con cuentagotas, que siempre aparecen insertados en historias de menor trascendencia, hasta el explosivo y devastador grand finale. Fue mi primera experiencia de lectura con Los Vengadores y, casi 30 después de su primera edición en España, aún me sigue asombrando.

Asalto a la mansión (Los Vengadores Vol. 1, nº 270-277, 1986-87)

Roger Stern es uno de los guionistas más apreciados por los fans de Los Vengadores por varias razones: su eficaz retrato de personajes femeninos, la renovación del grupo sin traicionar sus esencias y su formidable capacidad de armar prodigiosas aventuras épicas. Asalto a la mansión es seguramente la más popular de todas. Acompañado a los lápices del incombustible John Buscema, Stern refunda aquí a Los señores del mal para poner a prueba la resistencia física y psíquica de Los Vengadores como nunca se había hecho hasta la fecha. Pocos cómics de la época mostraban el grado de destrucción y violencia que se puede ver en esta saga, de fondo amargo y antipático, pero de belleza y efectividad abrumadoras.

Siempre Vengadores (Serie limitada de 12 números, 1998-1999)

Quizá el estreno de la película de Los Vengadores sirva para revalorizar uno de las mejores trabajos salidos nunca de la Factoría Marvel, también de las más densas. Aprovechando una complicada trama argumental repleta de viajes en el tiempo y escenarios alternativos, Kurt Busiek retoma ideas, personajes e inspiración de prácticamente toda la historia de Los Vengadores, ya sean los gloriosos años 70 o los olvidables 90. Siempre Vengadores exige un conocimiento enciclopédico de los cómics del grupo para apreciar la obra en su totalidad, tal es el número de metaguiños que se disparan por página. La obra maestra de Busiek se beneficia, por cierto, de un cuidado trabajo a los pinceles del español Carlos Pacheco.

 

Ultron Unlimited (Los Vengadores Vol. 3, nº 19-22, 1999)

Tras la etapa de esplendor de Stern, llegaron tiempos difíciles para Los Vengadores. Una sucesión de arcos argumentales de escasa trascendencia, impregnados del espanto gráfico que los noventa legaron a los cómics: chaquetas de cuero e hipertrofia muscular incluídos. La llegada de Busiek supuso una agradecida vuelta a las raíces en la forma y en el fondo. Su etapa en la colección tiene varios momentos memorables, pero nos decantamos por Ultron Unlimited. Tan sólo cuatro números le bastan a Busiek para firmar un blockbuster tremendo, gracias a su capacidad para facturar historias impregnadas de un storytelling comprimido y en permanente crescendo. La línea de diálogo de Thor: “Ultron, we would have words with thee!” ya es clásica.

Vengadores desunidos (Los vengadores Vol. 3, nº 500-503, 2004-2005)

La etapa de Brian Michael Bendis al frente de Los Vengadores ya tiene fecha de caducidad, pero puede presumir de haberse convertido en el guionista más longevo de la historia de Los Vengadores. Durante este periodo se ha ganado el odio eterno del sector hardcore, cuyo grado de alergia al cambio es ejemplar, al convertir en miembros de largo recorrido a Spiderman y Lobezno, entre otras afrentas al legado del grupo. Bendis es perro viejo. Sabe que gran parte de los lectores de la Marvel son también de largo recorrido. Por eso, es capaz de guionizar páginas y más páginas en las que no existe el mínimo asomo de acción superheróica. Tan sólo bustos parlantes enfrentados a conflictos con los que pueden empatizar fácilmente aquellos lectores que ya no cumplen los 30 años. Para ello se vale de personajes segunda fila, o ya olvidados, a los que reinventa de manera admirable. Verbigracia, el Vigía: un héroe dotado del poder “de un millón de soles en erupción”, pero aquejado de constantes problemas mentales y con una autoestima por los suelos. Como si Woody Allen hubiera firmado el guión del Superman de Richard Donner.

Bendis se estrenó en la colección con Vengadores desunidos, un argumento que marcó el fin del grupo tal y como lo conocemos. Y lo hizo sin ninguna piedad. El enfrentamiento de los héroes con los errores de su pasado se salda con la muerte de tres miembros (bueno, ya sabemos lo que pasa con las muertes en Marvel), varias hospitalizaciones y alguna vengadora a las puertas del manicomio. Se recomienda leer también la coda a la saga, Avengers Finale, un emotivo resumen de 40 años de aventuras de los vengadores.

The Ultimates I y II (2002-2004 y 2005-2007)

Es muy probable que cualquiera de los ejemplos anteriores le parezca infantil o ingenuo a cualquier lector de cómics que se inicie en la religión vengadora. O que le de pereza sumergirse en casi 50 años de historia comiquera. La solución es empezar con los dos primeros volúmenes de Ultimates, una versión actualizada de Los Vengadores en la que ya no hablamos de superhombres unidos por azar para combatir amenazas mayores, sino de un grupo de personas corrientes convertidas en supersoldados al servicio de la agencia gubernamental S.H.I.E.L.D. Este notable cambio de enfoque permite al genial Mark Millar recrearse en las azoradas personalidades de cada uno de los miembros, y no tanto en el grupo como totalidad, y de paso abordar con un sarcástico tratamiento izquierdista un concepto, digamoslo sin tapujos, notablemente conservador. El tratamiento gráfico de de Los Ultimates es absolutamente cinematográfico. Bryan Hitch aborda el tránsito entre viñetas como si elaborara complicados planos secuencia, bañados con un hiperrealista tratamiento de luz y color. No por casualidad, la película de Los Vengadores está más inspirada en el diseño y concepto de Los Ultimates que en los comics originales, aunque no es probable que herede su demencial grado de ultraviolencia.