Terroristas, carceleros, presos y superhéroes

Estar en Donosti no me permite estar en Madrid. Ayer fue 25-S y hoy leo a todos los periodistas de mierda defendiendo a sus amos. Aquí la violencia de momento está en el cine. Violencia lejana o antigua o controlada o ajena. Maneras de enfrentarse a ella, formas de convivir con su marchamo, rutinas que la despiertan, ausencias que la dormitan. Y una frase de un actor, que sigue preso por homicidio, sobre la violencia del castigo: Desde que conocí el arte, esta celda se ha convertido en una prisión.

Terroristas

No hay mayor terror que darse cuenta que los que nos rodean no son como pensábamos. Mucho del mejor cine de miedo (no solo del de género) o la propia historia del siglo XX se basa en ese presupuesto: descubrirnos perdidos incluso en nuestros dominios. The Attack de Ziad Doueiri parte de ese sentimiento y de una premisa argumental brillante que desemboca en algo parecido al dolor de estar fuera de tu propia vida. Amin Jafaari (brillante Ali Suliman) es un respetado cirujano árabe en Israel que tiene que atender a las víctimas de un atentado suicida cuya protagonista principal es su propia esposa. Casi nada. A partir de ese momento, Doueiri nos hace partícipes de un viaje iniciático con muchas y amargas paradas obligatorias que ponen en solfa, además de la consabida complejidad del conflicto entre judíos y palestinos, la velocidad y el egoísmo de la sociedad moderna, de un mundo civilizado y construido sobre la línea recta del triunfo personal, del premio individual. Amin es un ganador que lo pierde todo aunque siga con su trabajo de prestigio, con su casa increíble y con su coche último modelo. Doueiri no se apiada de su personaje sino que le hace sufrir mientras va recuperando su humanidad, impartiendo de paso una clase de lo que viene pasando en los territorios ocupados (con c oficial, no con k) desde hace ya demasiado tiempo. Una clase que podría proyectarse en todo los colegios por/para lo bueno y lo malo. Lo bueno, que los niños podrían entenderlo por su sencillez. Lo malo, que los niños podrían entenderlo por su simpleza. Problemas de quedarse en la orilla.

Carceleros

The Dead and the Living de Barbara Albert, es la historia de otro descubrimiento relacionado con la familia y con la violencia. En Sitges coincidimos en apocalipsis, vampiros y zombies y aquí en San Sebastián tenemos nuestra ración de familias disfuncionales, secretos mal guardados y gente pensativa a las que sigue la cámara mientras brotan lágrimas de sus ojos. Aquí la que hace eso es Sita (muy guapa, por cierto), una joven independiente, muy de su tiempo, que de repente se da cuenta de que la vida es pura diacronía. La directora Albert construye a su alrededor una propuesta leve, elegante, de manual, sin sorpresas ni sobresaltos, sabiendo donde se dirige en todo momento y confirmando las sospechas de su linealidad. Fácil de digerir, sencilla de catalogar, The Dead and the Living es una road movie interna y externa, sentimental y sensorial, que transmite conciencia y contagia desgana, que se paladea y se olvida casi con mismo gesto, que libera los complejos de la cárcel del olvido. Al menos, nos deja claro que los austriacos y los alemanes (como los chilenos en la maravillosa No) no tienen miedo en remover sus tumbas, mediante el arte o el activismo político, para enfrentarse al espejo. No como en este país cuartomundista en el que vivimos (por encima de nuestras posibilidades)

Presos

Toda rebelión tiene sus pecados. Toda autoridad su ángulo muerto. Shakespeare lo sabía mejor que Julio y por eso murió en la cama un día después que lo hiciera otro genio en lugar de en la plaza del pueblo a manos de su mejor amigo. Los hermanos Taviani parece haberse alimentado bien de los dos (y de Roberto Rossellini cuya sombra planea para bien) y con César debe morir han firmado su mejor película. Rodada en el interior de una cárcel de alta seguridad y utilizando a presos como actores, la representante de Italia en los oscars en una delicatesen fastuosa y nutritiva que se erige en una monumental metáfora donde lo político, lo humano y lo divino confluyen en tensa armonía. Un juego de espejos y rejas donde la luz no es solo un efecto óptico, sino el único argumento de la obra; donde camorristas, asesinos y traficantes se redimen reinterpretando los cimientos de la sociedad que les condena, demostrando que la reinserción más que una palabra bonita es una estrategia futura. Toda una experiencia y toda una sorpresa viniendo de unos cineastas que ya empezaban a oler a siglo XX.

Superhéroes

Los superhéroes en España estamos de capa caída. Eso es indudable, la Prima de Riesgo, SuperRajoy y Antidisturbed Men son villanos muy peligrosos y muy bien dotados para las mentiras y el mal. Afortunadamente a San Sebastián llegó David Valero a presentarnos como contrapartida a Ala Rota, La Mujer Radioactiva y la Dama de Hierro en la interesante Los increíbles, un documental sobre héroes cotidianos enfrentados a las desventuras del día a día. Una ópera prima que rezuma ternura, serenidad y compromiso y que mediante un humanismo deslenguado y sin complejos afronta la realidad de un país que desmorona y descuida, como siempre, a los más débiles. La intrahistoria que decía Unamuno, nuestros vecinos. Con una factura de batalla y la mano compañera de Adán Aliaga, Valero filma una voluntariosa oda a seguir hacia delante, a desafiar a la caducidad en la tapa y a las adversidades. A pesar de leves balbuceos y de algún subrayado innecesario, sale indemne y preparado para la próxima batalla. Esperemos que sea pronto.