Vino y cine, gurús y críticos

Gurú de los vinos

Las lluvias de final del verano favorecen la aparición de festivales de cine, que en otoño brotan como setas. A Venecia, Sitges, San Sebastián y otros festivales internacionales se añaden en nuestro entorno pequeñas propuestas paracinematogràficas con intereses que desbordan el arte y se orientan a aspectos sociales, políticos o económicos: cine del Mediterráneo, cine judío, cine palestino, cine africano, cine olímpico, cine sobre medio ambiente, cine alternativo…  Cualesquiera que sean, si existen como tales, estas cinematografías, siempre hay alguien dispuesto a organizarlas, a categorizarlas, a presentarlas. Y siempre hay espectadores dispuestos a acudir a las diversas convocatorias. Y siempre hay críticos dispuestos a descubrir, a recuperar, la obra maestra oculta, la incomprendida obra de arte, que surge oculta por la hojarasca estacional.

Una de estas propuestas, el Most festival de Vilafranca del Penedés, se orienta en torno al vino, fuente de ingresos de la comarca dónde tiene lugar, en todos sus aspectos: cultivo, crianza, comercialización, consumo e influencias varias.  La selección oficial de este año era una amplia y heterogénea muestra de ello, dónde se mezclaban comerciales, piezas de video arte, cortometrajes documentales y de ficción y largometrajes documentales. Cabría destacar, por una parte,  el cortometraje Grenouille d’hiver  (Slony Sow, 2011), una pieza de 17 minutos interpretada por Gerard Depardieu que une las dos pasiones del gigantón francés en un drama filmado con clasicismo elegante y muy mesurado y que en palabras del director puede dar pie a un largo, que precisaría más densidad argumental.

La obra más destacable, sin embargo, y la que me ha llevado a escribir estas líneas, fue un documental largo, Escaping Robert Parker (E. Burley, 2012). Parker es un enólogo, gurú de los vinos, cuyas puntuaciones, mundialmente famosas, pueden lanzar un vino o una añada a la fama… o a la miseria. Considerado como la nariz más importante del mundo de los vinos, Parker se dedica a dar bolos por el globo degustando y clasificando vinos de diversos orígenes y publicando opiniones y listados de puntuaciones en libros y catálogos de anual revisión. Controvertido pero aceptado, amado y odiado, Parker define un canon internacional sobre el vino. La película de Burley tiene la habilidad de incluir opiniones de fans y de detractores del personaje en cuestión, tanto de viticultores que tratan de obtener el vino ideal para Parker como de otros que lo menosprecian, de consumidores y de comerciales. Ed Burley nos habla de jóvenes sumillers que pugnan por conseguir el vino que agrade al profeta; de otros que, habiendo identificado sus preferencias, trabajaron durante años hasta conseguir por una vez el producto que agradara a la famosa nariz para, a continuación, ganar fama y dinero y pasar luego a otro negocio. También recoge los comentarios de aquellos que consideran la cultura y el negocio vinícola como una elaborada mezcla de arte y ciencia que no debe de ningún modo doblegarse a los gustos personales de un individuo, por experto que sea. La película es rica en documentos y ofrece una alternativa más moderna a la envarada puesta en escena de las catas públicas de Parker, a través de un programa online en el que un desenfadado sumiller prueba y recomienda vinos sin epatar al respetable. Al contrario, si es posible, recomienda combinaciones de los mismos con diversas comidas, incluidas las palomitas y las chuches.

Sumillers de celuloide

El interés de Escaping Robert Parker, no obstante, va para mí más allá de la propuesta cinematográfica. Los  gustos del gurú se reflejan en sus puntuaciones y éstas constituyen un canon que se expande por todo el mundo. Como crítico, Parker merece mi admiración y, sobretodo, mi envidia. ¡Alguien cuya opinión resulta decisiva para productores vitivinícolas, autores enólogos, restauradores y consumidores! El autor de un canon es tan alabado por la industria como admirado por los profesionales de la viña, un personaje respetado por todos los públicos. ¿Podría suceder lo equivalente en el mundo de la crítica y el análisis cinematográficos? Algo así como si las crónicas de Miradas (…venga no seamos pretenciosos, o las de Transit, Dirigido por… o Caimán) constituyeran el decálogo de los mandamientos a cumplir por todos, a seguir por todos. ¿Nos podemos imaginar a Oscar Aibar, a Amenábar, a Medem o a Bayona haciendo el cine que recetamos? Y, ¿porque no corregir y mejorar sus obras según nuestras recomendaciones, señores Anderson (Wes y PT.), Dominik o Nolan? Escúchennos, aplíquense en  su quehacer según les recomendamos, porque siguiendo nuestras pautas su cine, sus obras, serán deseadas por todas las pantallas. Todo distribuidor querría llevar a todo exhibidor su excelente producto que, fabricado acorde con nuestros gustos, disfrutarían todos los espectadores que estarían, ansiosamente, esperándolo. Aunque, claro, el fenómeno Parker, la influencia del gurú, tiene un problema. Todo es acorde con el gusto de uno y, si lo trasponemos al ámbito cinematográfico, si todos los autores hicieran lo que nosotros marcásemos según nuestros gustos individuales o editoriales… ¿Aibar y Amenábar versionarían a Oliveira y Sokurov? ¿Exhibirían todos los cines variantes de la nueva comedia americana?  ¿Veríamos a Spielberg y a Oliver Stone revisitando el musical francés? ¿Kiarostami se pasaría al thriller sangriento a la coreana y Kim Ji-Woon haría obras estáticas, meditativas, sobre la alteridad? … Claro, tal vez sería en exceso mimético, tanto como la preferencia por el tempranillo o el favoritismo por los tintos. En fin, que de Parker ya hay uno en el mundo de los vinos y nos basta y nos sobra y ya nos está bien a los críticos que no nos hagan caso, que podamos despotricar del cine que no nos gusta, lamentarnos por la película que no fue o seguir ansiando con descubrir la piedra filosofal. Y, por supuesto, seguir gozando cada año de esa docena y media de cintas, esperadas o no,  cuyo aroma nos atrae, cuyo gusto nos encanta. Vinos jóvenes como Chronicle  o Declaración de guerra o añejos como J. Edgar o El caballero oscuro: La leyenda renace. Refrescantes afrutados como Sin tregua o El alucinante mundo de Norman. Crianzas con cuerpo denominados Life Without Principle, Hugo o Skyfall. Astringentes caldos como Sueño y silencio, Tenemos que hablar de Kevin, El caballo de Turín, Cumbres borrascosas, Into the Deep, 5 cámaras rotas o Revision, productos prefabricados  por multinacional como Prometheus o vinos de autor como Shame, Erase una vez en Anatolia o Sangue do meu sangue. Obras con sabor a roble francés como Los descendientes o Cosmopolis o  sorpresas de pequeñas nuevas bodegas como Take Shelter. Jugosos, redondos en boca, con sabor retropalatal y gusto persistente como The Deep Blue Sea, seductores como L’Apollonide o atrevidos coupages…¿A alguien le apetece paladear otra copa de  Holy Motors?… En definitiva, que podemos estar contentos con disfrutar de una modesta pero ferviente audiencia (¡gracias a todos los que nos siguen!) y con descubrir cada añada nuevos aromas y nuevas denominaciones de origen.