El colapso

«El humano es codicioso por naturaleza, el mundo financiero sigue el proceso de la selección natural. Mantiene al mundo en equilibrio» (Panther)

Life Without Principle es una de las mejores películas que he podido ver a lo largo del 2012, y lo mejor sin lugar a dudas de la Selección Oficial del Festival 4+1. To es un incansable productor y cineasta, que realiza una perfecta simbiosis entre cine de calidad-autor y cine de entretenimiento-acción y, por lo tanto, gusta a todos, a los que buscan un cine de acción y también a los que buscamos algo más que el mero entretenimiento, y además destaca por su siempre fina descripción de los personajes (sus decisiones, sus obsesiones, sus prioridades) que le convierten en un profesional en la dirección de actores, y todo un excelente narrador de historias. Integrante del llamado Hong Kong New Wave (Wong Kar-Wai, John Woo) una New Wave que, como todas las nuevas olas, aglutinan a varios destacados cineastas como recurso más propagandístico que real, donde poco tienen en común excepto, en este caso, reflejar una triste Hong Kong. To ha sabido regenerarse y adaptarse al cine postmoderno (mezcla de las influencias del más clásico cine asiático junto con un refinado cine de gánsters) y, en esta ocasión, dirige un thriller en el que da más pavor el terrorismo oculto del mundo de los tiburones financieros responsables de la crisis, que sus ya conocidos thrillers sobre la mafia china.

Ahora mismo asistimos a un boom de películas sobre la crisis actual (La doctrina del Shock, Inside Job, Capitalismo: Una historia de amor, Margin Call, The Company, El Capital, o sobre el escándalo Fórum-Afinsa, Caso Pendiente), y también a una fuerte dicotomía entre un cine puramente comercial y un cine social, como ya ocurrió en la década de los 30´s (en plena crisis después del crack del 29), que supuso la contraposición entre un cine muy evasivo —como el musical (El Mago de Oz), comedias (La fiera de mi niña), el terror de la Universal (Dr Jekyll y Mr. Hyde, La novia de Frankenstein)— con otro más social como Tiempos modernos o Las Hurdes. Y es que siempre en momentos de crisis el cine se radicaliza entre estas dos posturas antagónicas. Pero lo que destaca en Life Without Principle es la perfecta conjunción de documentación, análisis crítico y thriller con autoría, proporción que suelen decaer en las llamadas películas socio-políticas. Y esto se debe a que To tiene una dilatada carrera a sus espaldas, siendo un perfecto realizador de cintas de acción (los últimos treinta minutos de Life Without Principle son de pura adrenalina) y de thrillers, en las que siempre le añade su sello de autor: una sofisticada estética de la violencia. Comienza presentándonos a sus personajes, a una tríada compuesta por una empleada de banca (Teresa), un mafioso (Panther) y un policía. Juntos simbolizan las partes integrantes en el proceso de la crisis: los que lo han causado a través de muchas cómplices manos ejecutoras; la mafia, siempre aprovechándose de los resquicios legales o incluso eludiéndolos; y el policía (que representa la apatía del ciudadano medio). Todos ellos sobreviviendo en la gran ciudad, urbe taciturna y nocturna que constituye otro personaje más y que engulle a los menos aptos con su frialdad despiadada, como efecto de ese darwinismo social imperante. Como fondo, un score nostálgico que acompaña al drama y expresa la relación entre los personajes, que giran alrededor del banco en el que trabaja Teresa.

La parte de los negocios sucios de la mafia china es donde se cuela la más explícita violencia, recurso que utiliza To para resaltar los efectos de aquélla otra más soterrada, pero más cruel: la causante de verdaderos crímenes de lesa humanidad que están hundiendo en la miseria a millones y millones de personas en todo el mundo. Especialmente notable es la escena entre Teresa y una posible víctima que contrata unas acciones de alto riesgo, una ambigua mujer que combina una mezcla de ingenuidad, candidez y al mismo tiempo avaricia (que la convierte en el blanco de todos los timos) la cual responde a cada pregunta de la comercial financiera con un «lo entiendo perfectamente» (creyendo que va a ganar a la misma banca), cayendo así en la trampa, ya que la banca siempre gana. Es extraordinaria la minuciosidad con la que está filmada esta escena que muestra la ambigüedad de los polos morales cordero-lobo. Pero hay una escena crucial (la muerte de un broker sin escrúpulos) como punto de conexión entre los tres personajes principales, al más puro Amores perros (donde la conexión entonces era a través de un accidente de coche), en la que se evidencia que cada uno se preocupa por lo suyo en la gran ciudad, que no permite a nadie un desliz empático. De repente estalla la crisis y muchos se enteran de refilón en las noticias (Mátalos suavemente), y es cuando Teresa (una Jackie Brown por azar) ve la gran oportunidad de su vida.

Siempre en las crisis son los mismos los que salen perdiendo, pero el dinero no se destruye (donde unos pierden otros irremediablemente tienen que ganar). Es lo que en cristiano es una crisis (una estafa político-económica para empobrecer a muchos y enriquecer a unos pocos). Así, To, decepcionado por la escasa puesta en práctica de los preceptos del ensayo de Thoreau (todo un manual de comportamiento ético que propugna valores como la buena política o la concordancia ideas-estilo de vida, en dos palabras: ser civilizados), nos dibuja todo un plantel de personajes sin valores, asustados, que luchan por la estricta supervivencia en este caos, con simples credos como el de Panther, «me he dado cuenta de que le dinero vale más que la lealtad». Relato, pues, nihilista que analiza que todos tenemos parte de culpa en la crisis, unos como lobos y otros como corderos apáticos, en este collage de historias bien hilvanadas, en una película anticapitalista pero no demagoga, que analiza la complejidad de las decisiones vitales, como la de Teresa a la hora de vender unas preferentes a sabiendas del peligro que contraen. Es una película imprescindible para entender la crisis global donde vemos el declive del imperio anglo-euro-americano y el principio de una nueva era BRIC: Brasil, Rusia, India y China. Ojala estuviera Serpiente Plissken para colapsar la Tierra e imposibilitar el relevo del poder, porque «Cuanto más cambian las cosas más siguen igual».