Salomé

Cuerpos, colores, manjares y fluidos desfilan por la pantalla en un montaje enajenado, que aniquila nuestra capacidad de orientación y conspira contra cualquier idea tradicional de historia. La danza de los siete velos no es un clímax exuberante, sino un trance hermoso y minimalista. Bajo el sol, la protagonista arranca la piel a su padrastro, lentamente, gozando cada segundo de su agonía. Este es el tipo de tortura que se te queda clavada en las retinas, un momento sublime de placer y sadismo, alargado hasta la extenuación. En Salomè (1972) Carmelo Bene le devuelve al mito su salvajismo y hace una película que no es de este mundo.

Cristina Álvarez Lopez (Transit)

Tú y yo, Ragazzo solo, ragazza sola

Para alguien que siempre está agazapado en el fondo cuando va a las discotecas/bares musicales, me resulta irónico que vuelva a seleccionar un baile. Pero no puedo obviar que la música de David Bowie ha sido mi absoluto eje cinematográfico de este año que cerramos y esta secuencia actúa como catarsis de todo ello. Quizás por eso ha sido el momento más desgarrador.

Manu Argüelles (Cine Divergente)

La région centrale en el CGAI

El momento que ha definido mi año ha sido, como casi siempre, una sesión del Centro Galego de Artes da Imaxe (CGAI), la filmoteca de A Coruña, donde pude ver obras maravillosas, pero, por encima de todas La région centrale, de Michael Snow (que también se pudo ver este año en La casa encendida —Madrid—, programada por Gonzalo de Pedro y Miguel Fernández Labayen), una película que en su interior, en esos movimientos concéntricos que realiza con su cámara alienígena, parece albergar toda la historia del cine. Ojalá todas las filmotecas del mundo proyectaran este filme, por lo menos, una vez al año.

Miguel Blanco (Lumière)

¡Vengadnos!

Meanwhile, el final de Futurama, emitido el pasado 4 de septiembre. O cómo el cierre de una ficción es, siempre, una invitación para volver a vivirla.

momentos2

Óscar Brox

Otro sueño que se desvanece

No ha sido la única sala que ha cerrado este año, desgraciadamente, pero es la que más me ha entristecido. En el Cine Urgel de Barcelona he vivido tardes inolvidables siendo adolescente, allí descubrí que Indiana Jones tenía un padre, que Madonna se había enamorado de Dick Tracy, o que Martin Riggs estaba tan pirado que era capaz de tirarse desde el tejado de un edificio, entre otros muchos momentos. El Cine Urgel no era un cine, era un templo, 1832 butacas repartidas en dos plantas y una pantalla tremenda oculta tras una cortinilla translúcida blanca y otra opaca de color naranja, el mismo color que bañaba las paredes y las inolvidables butacas. El Cine Urgel es otro sueño que se desvanece, es otra fotografía que jamás se podrá volver a capturar, es un lugar fantasma que para siempre queda encerrado en los muros de la memoria de donde ya nunca, nunca, volverá a salir.

momentos5

Javi Cózar (Contrapicado)

Història de la meva mort

Antes de que asistamos al enfrentamiento entre dos fuerzas de la Naturaleza y su distinta manera de entender la seducción sensual —Casanova y Drácula—, el prólogo de Història de la meva mort tiene la hermosa escenificación —en plano fijo, iluminado por tres velas— de un ritual de cortejo tan hipnótico, ebrio, decadente y universal que puede enmarcarse tanto en la Suiza de finales del siglo XVIII como a las 6 AM de cualquier sábado en el bar Iberia, glorieta de San Bernardo.

Daniel de Partearroyo (Cinemanía)

El tango de Blind Detective

Siento no disponer exactamente del clip que para mí representa realmente el punto álgido del cine de 2013 (un baile en pareja a cargo de Johnnie To y Hitchcock), pero espero que escuchando esta encantadora canción os hagáis una idea de lo que pretendo decir. La carcajada es un espasmo, pero la sonrisa es un estado, seguramente la traducción corporal más cercana a la felicidad que existe, y lo que Johnnie To y su inseparable Wai Ka Fai llevan a cabo en complicidad con Andy Lau y Sammi Cheng en Blind Detective (Maang taam, Johnnie To, 2013) es una de las revoluciones sonrientes más sonadas que un servidor recuerda. La última cinta del maestro de Hong Kong es algo así como un tango bailado por niños pasado por una batidora junto a la cadencia inocentemente alocada de un Howard Hawks, por lo que la sonrisa infantil que se me dibujó en la cara tras verla en Cannes y Sitges no es para mí otra cosa que el final de un proceso que raras veces llega a devenir un estado: la felicidad.

Sergi Fabregat Mata (Cineuá)

El éxtasis del amor en To the Wonder

Voy a decir algo ligeramente impopular, pero probablemente cualquiera de los momentos de felicidad francesa de Marina y Neil en To the Wonder. Los actores bailando en lugar de actuar y la cámara bailando con ellos, moviéndose con los personajes. ¿La parte del súper? Por ejemplo. El éxtasis del amor, cine extático.

Juan Manuel Freire (El Periódico)

De Banyoles a Locarno: destellos de belleza cinematográfica junto a un lago

Un poeta comiendo granadas. Un viaje en carro de la luz hacia las tinieblas. La aparición entre las sombras de Drácula. La matanza ritual e hipnótica de una res. Una doncella que pierde la virginidad. Un alquimista que transforma mierda en oro. Estreno de Història de la meva mort en Locarno 2013.

Eulàlia Iglesias (Caimán. Cuadernos de cine)

La primera secuencia de Antes del anochecer

Mi momento 2013 se corresponde con un reencuentro, lo que implica algo nuevo y algo viejo. No solo fue importante por largamente esperado y elucubrado, sino porque se me hace realmente difícil imaginar un arranque mejor para Antes del anochecer. El aeropuerto parisino al que no llegará a ir Jesse el día que Céline le canta A Waltz For A Night en 2004, en Antes del atardecer, le da el testigo a un aeropuerto griego en la primera secuencia de esta tercera entrega nueve años después. Esta genera un terremoto emocional inesperado, además de que condensa con habilidad un rápido plano de situación de dicha elipsis temporal. La cinta nos presenta a Jesse ejerciendo de padre, a la vez que nos informa de su renuncia. La sentida despedida del hijo nos introduce en su apuesta presente, que comenzó el día que decidió perder el avión de París. La música melancólica que acompaña la separación toma de pronto un impulso vitalista y fresco, justo en el momento en que Jesse cruza la puerta para salir al exterior, donde se encontrará con Céline y sus otras dos criaturas. A mi parecer, este comienzo presenta de modo muy hermoso cómo suelen convivir el incisivo dolor de algunas renuncias con la alegría que deparan otras elecciones y que será, en realidad, la compleja dicotomía sobre la que se aposenta el último filme de Richard Linklater.

momentos1

Covadonga G. Lahera (Transit)

Betrayal

La sublime elipsis en un bosque en Betrayal, donde un cambio de ropa puede ser también un viaje a una realidad paralela.

momentos4

Carles Matamoros (Transit)

Gunvor Nelson en el Festival de cine europeo de Sevilla

Conocer la obra de Gunvor Nelson, de la que solo tenía referencias de My Name is Oona, en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Aunque ella se haya esforzado en desmentirlo repetidamente en sus entrevistas, sus cortos tempranos son una enorme contribución (quizás no intencionada, concedámosle esto) al cine militante feminista. Pero no me atrapó solo por su discurso, sino por la fuerza plástica de sus imágenes, y el montaje tan exacto que remite a la música experimental de Steve Reich & Co. Una cineasta, sin duda, a recuperar. Este ciclo, extendido, pasará en los próximos meses por alguna filmoteca del Estado español. También se va a editar un pack en blu-ray en Francia. Pero, de momento, os dejo un adelanto (aunque sea en YouTube) para que intuyáis a lo que me refiero.

Víctor Paz (A cuarta parede)

La escena del monte Saint­ Michel en To the Wonder

La escena del monte Saint-Michel en To the Wonder. La película de Malick busca incansable fraguar una poética íntima de los distintos estadios de una relación, escrutando en la naturaleza inasible, infinita del amor entre dos personas. Al inicio, la pareja interpretada por Olga Kurylenko y Ben Affleck visita el célebre monte francés. La cámara de Malick los filma en el éxtasis del enamoramiento, deambulando en un paisaje abandonado y espectralmente bello: el claustro, las calles silenciosas o las arenas cenagosas al pie del monte son testigos del sentimiento radiante, profundo y aparentemente invencible de sus únicos visitantes. La secuencia rebosa lirismo y emoción, y erige ese paraíso perdido de la relación sobre cuyo recuerdo más tarde intentará su (amarga) reconstrucción.

Jordi Revert (L’Atalante. Revista de estudios cinematográficos)

Talento y resistencia

Mi imagen del año son cuatro: Vida Extra, de Ramiro Ledo, Misterio, de Chema García Ibarra, Tryouts, de Susana Casares, y El futuro, de Luis López Carrasco. Talento y resistencia.

momentos6

Paula Arantzazu Ruiz (Sensacine)

The Congress

La potencia dramática de la última escena de The Congress resulta abrumadora, tanto que por si sola ya constituye una de las cumbres del cine reciente. Poco importan las interrupciones de la proyección en Sitges o los altibajos en la narración, alcanzamos esa última escena y me siento tan desnudo e indefenso ante ella como ante el arranque de To The Wonder. Amos Gitai por Charlie Brooker, la caricia que precede al guantazo.

momentos3

Nicolás Ruiz (Cineuá)

Las parodias musicales de Polònia

Viviendo en Catalunya (o en el resto de España, supongo), resulta fácil acabar atolondrado por la, en ocasiones, circense batalla política organizada en torno al “derecho a decidir” y la independencia. Para no caer en el hartazgo y mantener la cordura, los catalanes contamos con un agente salubre esencial: el programa de sátira política Polònia, de Televisió de Catalunya. Tras su primera edad dorada, acontecida durante los gobiernos del tripartito, ahora el programa atraviesa su segunda era de esplendor, capitaneada por unas brillantes parodias de videocips —ya le gustaría al apolitizado Saturday Night Live contar con unos gags políticos de este calibre—. La parodia musical más celebrada del año fue el genial remake del Blurred Lines de Robin Thicke —con Artur Mas/Thicke rodeado de Junqueras y Duran ataviados de “angelicales” concubinas—. Sin embargo, mi preferida fue la parodia del videoclip Lonely Boy, reconvertido en una ácida apología de la privatización de la sanidad por parte de nuestro “querido” consejero de salud Boi Ruiz. Resistiremos.

Vídeo:

Manu Yáñez (Fotogramas, Diari ARA, Otros cines)

My name is Daniel Lugo and I believe in fitness

(sin comentario)

José David Cáceres Tapia

Final de Solo Dios perdona

Chang, en el escenario, comienza a cantar You’re my Dream. Su público le observa atentamente. Estático, sin voluntad propia… tal y como se lo está imaginando el propio Julian. Porque realidad y fantasía, redención y orgullo, se concentra en estas simples imágenes manchadas de rojo y azul. Metáforas que se nos presentan a nosotros, también privilegiados espectadores, también inmóviles ante la culminación de belleza y vasto contenido que rezuma Sólo Dios Perdona. La aparición de los créditos finales no consiguen romper el estado de shock en el que nos ha dejado Nicolas Winding Refn.

Arantxa Acosta

Ana Botella’s espich

El shock visual del año lo protagonizó, ahí es nada, una política. Uno de esos momentos —cada vez más frecuentes— en que el sistema queda expuesto, mostrándonos bien a las claras las enormes carencias de aquellos que nos gobiernan. De hecho, Ana Botella tratando de perpetrar una arenga a lo William Wallace en Braveheart tiene algo de entrañable, admitiendo un montaje en paralelo con otro pilluelo memorable: el “intérprete” para sordomudos del funeral de Mandela. Ambos estaban en el lugar equivocado en el momento adecuado, ambos fueron elegidos para desempeñar un trabajo para el que no estaban cualificados.  

Jorge Mauro de Pedro (Culturaca, La Vanguardia)

Primera aparición de Danny McBride en Juerga hasta el fin

Ha sido un año de intenso debate alrededor de la auténtica magnitud de aquellas obras maestras instantáneas –disculpad este horrible término- proclamadas o derrumbadas casi sin término medio, y en ocasiones sin quererlo. Los innecesarios como imprescindibles 70 MM de The Master, el cataclismo que produjo La vida de Adèle en Cannes, la experiencia de Gravity o las reacciones tan extremas que han generado Solo Dios perdona, The Lords of Salem, Spring Breakers y La gran belleza, constatan un movimiento repleto de rumbos, más de los que pueden caber en estas líneas y de los que llegan a nuestras pantallas. Entre todos ellos, temo quede ahogado un aparentemente fútil acto de pasión, pero a la vez de conocimiento de las claves que mueven el cine. O al menos, de las que lo mueven desde dentro. Podría ser el último vuelo de una mariposa en el estómago, la última pinta en un bar, el último abrazo a un hermano, un último baile, beso, funeral o el último susto aún por llegar. En definitiva, ansiamos un último comienzo. La primera aparición del propio Danny McBride en Juerga hasta el fin, rebelde celebración cargada con las brillantes ideas que parecían no tener cabida en Hollywood, en la que cada actor se retrata y juega con su rol hasta que confundamos la máscara/parodia de ellos mismos, surge como elemento discordante similar al que encarna en el cine y la televisión, difícil de clasificar o sencillamente decidido a no serlo. Su entrada, ajena a la realidad, pervierte y goza con el caos a través de una fastuosa presentación a ritmo de Cypress Hill. El mal en la tierra y el bien en la comedia. El mismo año que Eastbound & Down se despedía con el final más grande jamás imaginado, Kenny Powers, el sensei Fred Simmons o aquel irreverente caballero con un pollón de minotauro colgado en el pecho, han llegado para quedarse. Channing Tatum ya lo sabe, de Everybody depende no quedarse fucking fuera.

Antonio M. Arenas (Magnolia)

Synechdoche, New York

Synecdoche, New York(C. Kauffman, 2008) es, también, una de las mejores películas del año en España… pero, como se puede ver, es del 2008. Esta apasionante mirada al interior de un personaje, a sus deseos, miedos y fobias, a la construcción de una obra y una vida, representada con dominio escénico, ha tardado 5 años en llegar a nuestras pantallas, grandes o pequeñas (de hecho se pudo ver en cine brevemente en Barcelona). Synecdoche, New York es una muestra más del desbarajuste existente en el mundo de la distribución y exhibición que mezcla avidez comercial en el primer ámbito y temor laboral en el segundo con aspectos más discutibles en cuanto a profesionalidad por parte de unos y otros, así como otros temas como los cambios de hábitos en espectadores y la piratería. Sea como fuere (este espacio no basta para debatir tan complejo tema) este ha sido un gran año de cine. Un año enorme de cine. Pero, por los motivos citados, gran parte de las obras vistas en festivales no se han estrenado. De algunas se puede decir “aún” puesto que parecen tener distribución The Congress (A. Folman, 2013), Only Lovers Left Alive (J. Jarmusch, 2013), Frances Ha (N. Baumbach, 2012) o The Wind Rises (H. Miyazaki, 2013. Pero en algunos casos su destino es mucho más dudoso como serían los casos de Passion (B. De Palma, 2012), The We and the I (M. Gondry, 2012), A ultima vez que vi Macao (Last Time I Saw Macao, J.P. Rodrigues, J. Rui Guerra da Mata, 2012), First Cousin, Once Removed (A. Berliner, 2012), A Field in England (B. wheatley, 2013), 36 (N. Thamrongrattanaritt, 2013), Leviatan (L. Castaing-Taylor, V. Paravel, 2012) o Museum Hours (J. Cohen, 2012)

Antoni Peris

El alumbramiento de la belleza en Erase una vez en Anatolia

(sin comentario)

Luis Fernández

Eastbound & Down. Capítulo 29

«The End. Cut to Black. Audience goes fuckin ape shit»

Roberto Morato

El ejercicio del poder

momentos7

Cuando uno parece intocable es porque alberga realmente tantas dudas dentro que apenas una ráfaga de aíre o de sinceridad puede hacer caer todas las certezas como un castillo de naipes. Un accidente de coche también nos vale. Uno para empezar la película y otro para dinamitarla. Lo que se haga tras salir del hospital, lo que se piense tras la muerte de tu chófer (provocada por ti al hacerle conducir por una carretera sin inaugurar y por lo tanto inexistente ante alguien que se desangra y las ambulancias que te busquen), lo que se dicte tras conservar tu vida y tu puesto es lo que define todo lo que seguiremos haciendo: el ejercicio (salvaje como un cocodrilo) del poder

Manuel Ortega

Relaxing cup of café volluto

¿Por qué esa mujer denuncia la presencia de un George Clooney que, obsequioso, se presta a traerle otro café? ¿No estaría cumpliendo el sueño de muchas féminas si no levantase su dedo acusador, traicionando la confianza del que es uno de los mayores iconos sexuales de todos los tiempos, uno de los hombres más deseados por madres e hijas? La recompensa es otra mayor que un affaire con el macizo canoso: el placer de la soledad, de la tranquilidad, regalándose un momento para sí misma. Quizás un fiel reflejo de aquello en lo que nos hemos convertido: huir del ruido de fondo, alejando lo más posible la frivolidad ajena.

Israel de Francisco

Cuando Freddie conoció a Lancaster

El encuentro entre estos dos personajes a la deriva es el inicio de una fascinante, compleja y a ratos incomprensible amistad. El desnortado paria y el falso gurú unirán sus destinos desde este momento por un extraño vínculo, el que surge de permitir al otro atisbar la verdadera herida existencial que les corroe por dentro.

Ismael Marinero

Climax final de El hombre de acero

En un año en el que, de nuevo, hemos delegado en los poderes fácticos que nos (mal)gobiernan la ingente tarea de desguazar nuestras esperanzas de bienestar y prosperidad, me ha parecido coherente elegir la mejor secuencia de destrucción masiva del 2013: el climax final de El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013). Las habrá habido igual o más espectaculares, pero ninguna ha logrado plasmar con tanta verosimilitud la pequeñez del ser humano ante los desastres a los que nos vemos abocados. En este caso, la demolición sistemática de una gran ciudad a consecuencia de los hostiazos que se propinan dos dioses caídos, henchidos de odio mutuo, provenientes del espacio exterior. Expeditiva, paroxística, catárquica… genial. Zack Snyder en estado puro.

Víctor de la Torre

El cartel de Caníbal

momentos8

(sin comentario)

Santiago Navajas

Fragmento de El estudiante

(sin comentario)

Rafael Arias Carrión

Limonada, en Tierra prometida

momentos9

La niña le insiste al personaje interpretado por Matt Damon en que la limonada vale 25 cts. Ese es su precio así que ¿por qué pagar más por algo que vale lo que vale?

Roberto Alcover Oti

Vocazione civile, en La gran belleza

(sin comentario)

Arantxa Bolaños

El llanero solitario

momentos10

El llanero solitario asola las ventanas/pantallas, expulsándonos de nuestro ensimismamiento, proyectando una ensoñación fraguada, como ese tren al borde del descarrilamiento, en el seno de una sociedad hipertecnólogica. Lo legendario, reeditado y ya despojado de la ingenuidad de antaño, vuelve a imprimirse en las retinas del espectador justo cuando pensábamos que ya no quedaba nada más en lo que creer. Unos segundos que suponen el más asombroso punto de encuentro que recuerdo en el cine de los últimos años entre la tradición y la contemporaneidad de la narrativa popular. Y también es una manera de disculparme por no incluir en mi lista de preferidas una de mis películas favoritas de 2013.

Ignacio P. Rico

Lincoln

momentos10

Arriba: Vida / Centro: Historia / Abajo: Conciencia

Álvaro Peña

Alegrías de Cádiz

Solo un momento entre todos los grandes que contiene Alegrías de Cádiz. Jeri se deslaza de mujer en mujer por la ciudad de Cádiz buscando una que se ajuste su ideal. En su trayecto se topa con diferentes manifestaciones musicales propias de la ciudad. Entre ellas las chirigotas del carnaval. De entre todas las que aparecen, destaca El coro de Julio Pardo (a.k.a. Los cabrones) interpretando una versión de los Duros Antiguos.  Y lo hace por la manera en que García Pelayo consigue atrapar la expresividad de cada una de las personas que la componen mientras “actúan”. En especial la sonrisa de uno de los hombres tocando la bandurria.

Ricardo Adalia

El muro de Guerra mundial Z

En una secuencia que condensa buena parte del zeitgeist actual, miles de zombis consiguen saltar un muro que parecía inexpugnable, imagen reproducida en la realidad por los subsaharianos de la valla de Melilla. Tomada como alegoría —invita a ello—, representa el deseo globalizado de todos nosotros zombis: unirnos para romper la muralla que nos separa de la oligarquía. La muralla parecía natural y destinada a durar eternamente, como el statu quo. Pero, de la misma forma que los cánticos encabronan y dan fuerzas a los muertos, la represión y la regresión desvergonzadas están generando una desesperanza que puede acabar en caótico banquete colectivo de cerebros.

Borja Vargas

Final de The Master

Freddie Quell en la cama con su amante ridiculizando el proceso de aprendizaje al que había sido sometido.

Rosendo Chas

Barbacoa

Nos gusta pensar que la realidad no escora hacia lo irreal, incluso cuando sabemos que no es cierto. Si algo nos han demostrado algunos de los estrenos del año, con el «ésto sigue siendo una historia real» de Pain & Gain a la cabeza, es que lo real nunca fue realista. Quizás nunca lo fue. Quizás sea mejor así: saber que The Rock haciendo barbacoa de mano humana no es ficción, nos vacuna contra la necesidad de verosimilitud. Al fin y al cabo, nada menos verosímil que lo que nos encontramos de diario en los periódicos.

Álvaro Arbonés

Ray Allen salva el campeonato para Miami Heat

(sin comentario)

Álvaro Pita

Despertar, en El vuelo

Hay días, días importantes, en que un buen desayuno no es suficiente para afrontarlos.

Sergio Vargas

Dando la nota

(sin comentario)

Tonio L. Alarcón

Everytime, en Spring Breakers

En el 2013 he cumplido la treintena, lo que implica que mi desconexión con el público objetivo de Spring Breakers ha sido un hito profundamente dramático En los años de la adolescencia, ansioso por darle un contenido verdadero a la experiencia —menuda chorrada—, Britney Spears encarnó todo lo que era necesario odiar. Con los años, una vez que todos los aparatajes históricos e ideológicos heredados se han desplomado a pedazos —excepto los que yo mismo he elegido— he podido comprender la intolerable fuerza de su vacuidad, ese gesto de reivindicación de una belleza descompuesta, nihilista y desesperada que soporta los fotogramas de Spring Breakers. Everytime es el segundo movimiento histórico —primero como tragedia, después como farsa— y por eso es tan hermoso».

Aarón Rodríguez

Tortura, en Solo Dios perdona

Demostración de gran rigor por parte de Nicolas Winding Refn. Ejemplo de cómo interpelar a la mirada del espectador («Recordad, chicas, pase lo que pase mantened los ojos cerrados») y de cómo y porqué muestra lo que quiere mostrar en cada plano.

Luis Baena Víu

Sandra Bullock en el espacio en Gravity

(sin comentario)

Esther Mestre Falero (St. Quirze Radio)

Blackfish

Los antisistema son las orcas asesinas.

Elisa G. McCausland (Diagonal)

Blue Jasmine

momentos11

En su mejor película de los últimos tiempos, Woody Allen nos sitúa en un escenario a caballo entre la risa y la amargura, la ligereza y la profundidad, la realidad y las falsas apariencias. La comicidad de Jasmine, su protagonista, descansa en el perfil desmelenado que componen unidos sus rasgos extravagantes, superficiales y estrafalarios. En principio, creemos estar ante un personaje que Allen caricaturiza de una forma entrañable. Durante el film, de hecho, le reímos las gracias aun sabiendo de su patetismo. Y, sin embargo, algo hace tambalear nuestras expectativas. En la escena final, ubicada en un parque de San Francisco, hallamos a una desconsolada Jasmine que, a cara lavada, se ha despojado por primera vez de su maquillaje. Allen, entonces, nos tiene reservado un violento y corrosivo giro: del patetismo dulce en que nos habíamos movido, nos instala, ahora, ante la inquietante imagen de la desesperación y la locura. En un abrir y cerrar de ojos, casi sin darnos cuenta, abandonamos un género (la comedia) y accedemos a otro (la tragedia); abandonamos el humor para estrellarnos contra la terrible condición de ese personaje cuyas miserias habíamos reído alegremente. Con este soberano gesto de puesta en escena, Allen nos recuerda que, antes o después, el maquillaje, la máscara, la caricatura, la ficción, las vanas ilusiones… pueden más o menos demorarse, pero siempre terminan por caer.

José Antonio Planes Pedreño (Cine para leer)

Tributo al cine de 2013

Es difícil resumir cuál ha sido la mejor noticia o el mejor momento relacionado con el cine del 2013. Por ese motivo, uno de los mejores momentos cuando llegan estas fechas, es buscar en YouTube el mejor «mashup» que resuma un 2013 de cine. Para mí, el mejor es el de Nick Bosworth, uno de los editores del sitio web JoBlo.com, el responsable del mejor vídeo montaje de las películas del 2013. Sin lugar a dudas los 8 minutos y medio más emocionantes para resumir un 2013 de cine.

Alberto Rodríguez Alonso (St. Quirze Radio)

Kick-Ass 2 – Con un par

Matarlos a todos. A (más)cara descubierta.

Diego Salgado