Nos dejamos llevar los comentaristas cinematográficos por numerosas obsesiones,  derivas o digresiones. Quien esto escribe, sin ir más lejos, estuvo largo tiempo convencido de que el compañero Joaquin Vallet no era sino un alias, un alter ego, de otro redactor de Miradas de Cine. Testimonios directos y diversas pruebas, entre las cuales su participación como jurado en diferentes festivales cinematográficos, me han hecho evidente la fisicidad del amigo Joaquín. Del mismo modo me he sentido largo tiempo afectado por la sensación que Spike Jonze, Michel Gondry y Charlie Kaufman eran los vértices de una Santísima Trinidad en la cinematografía actual. De hecho, vivo sin vivir en mí, con la sospecha de que Kaufman sea el fantasma sagrado de esta triada. Ya se sabe, Jonze es un personaje popular entre los músicos, aparece en revistas rockeras y salió en revistas del corazón. Gondry es francés y los franceses (salvo Resnais, Fantomas y Scaramouche) tienen poca tendencia a los juegos de máscaras. Kaufman, por lo tanto, puede, debe, ser la encarnación de los deseos ocultos de los otros dos.

Hay personas más cuerdas que yo que pueden recordarme otro artículo dónde comenté las relaciones cruzadas entre producción, dirección, interpretación y escritura de George Clooney, Grant Heslov, Tony Gilroy en un cine, un conjunto de obras, que, desde dentro de la industria, consigue cierta independencia para hablar de sociedad y de política mundial. No mencioné al respecto sospecha alguna de personalidades fingidas. En el caso que nos ocupa, sin embargo… Jonze dirige Cómo ser John Malkovich (Being John Malkovich, 1999), escrita y producida por Kaufman. Escribe este después un guion para Jonze que será finalmente dirigido por el tercero (Human Nature, M. Gondry 2001) y otro que también producirá y les llevará a la fama, El ladrón de orquídeas (Adaptation, S. Jonze, 2002).  Su siguiente guion es Confesiones de una mente peligrosa (Confessions of a Dangerous Mind, G. Clooney, 2002) al que seguirá una obra ingeniada por él mismo y Gondry, ¡Olvídate de mí! (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, M. Gondry, 2004).  A partir de aquí hay un hiato de cuatro años hasta que dirige sobre su propio guion Synecdoche, NY (íd., 2008) que coproduce Jonze…

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Cierto, si dejo de buscar esquizofrenias y actuar como un paranoico me daré cuenta de que se trata de un autor con una constante temática que colabora con dos directores, algo así como la relación que se da entre los citados Clooney y Heslov. Pero… en la primera de las obras citadas, los personajes se cuelan, literalmente, en la mente de Malkovich, el actor, desde cuyo interior observan el mundo antes de ser expulsados a un descampado en el cambio de dimensión. En El ladrón de orquídeas el guionista Kaufman deviene un personaje que es guionista y a quien se le aparece un gemelo que quiere ser guionista y que finalmente gana el Oscar al subvertir comercialmente la propuesta de su hermano en la que aparecen, a su vez, personajes reales cuyos destinos quedan sujetos a la voluntad del escritor (no se comprendió, ¿cierto?; disculpen hay algunas tramas que rayan la locura…). Confesiones de una mente peligrosa es la historia de un personaje del show bussiness tras el que se oculta (o no) un asesino contratado por la CIA, historia que arrastra una inherente ambigüedad entre la realidad, la simulación y, de nuevo, la paranoia. ¡Olvídate de mí!, por su parte, es la historia de dos amantes que piden les sea borrada su memoria para, a continuación, luchar por mantener los recuerdos intactos. Synecdoche NY, finalmente, es la historia de un director cuya vida es engullida, atrapada, por sus proyectos y que envejece ante nuestros ojos a medida que desarrolla los diversos montajes.  ¿No creen ahora que mi paranoia es coherente y resulta más lógico que tenga a Kaufman por un personaje creado por otro de sus colegas?

Hay una fantasía que recorre en forma de onirismo, de irrealidad, obras de todos ellos, desde El ladrón de orquídeas¡Olvídate de mí!La ciencia del sueño (La science des rëves, M. Gondry, 2006) , Dónde viven los monstruos (Where the Wild Things are, S. Jonze, 2009), Synecdoche NY a La espuma de los días (L’ecume des jours, M. Gondry, 2013) Son cintas que reflexionan, alguna en clave de drama (El ladrón de orquídeas, Synecdoche NY), las demás en clave de comedia con no pocas gotas de amargura, sobre la existencia humana. Desde la perspectiva de las múltiples realidades, de la posibilidad de que todo sea creado no por nosotros sino para nosotros por algún demiurgo, a que nosotros mismos seamos los demiurgos. El segundo hermano Kaufman creará un guion que determinará los destinos de todos los demás en El ladrón de orquídeas. Como estos personajes, Stephane en La ciencia del sueño o Colin en La espuma de los días fracasarán en su intento de embellecer el mundo, de adaptarlo a sus deseos. Incluso en Dónde viven los monstruos el pequeño Max dará rienda a su fantasía hasta hacerla realidad para, finalmente, aceptar las normas y regresar a lo cotidiano.

Sacha Bourdo, Gaël Garcia Bernal, Alain Chabat

Amargas lecciones servidas mediante pequeñas dosis de humor y gran derroche de imaginación. Construcciones de Arcadias imposibles que se desmoronan como castillos de cartas. Y todo ello gracias a las construcciones mentales de Kaufman, que nos hacen pensar en los escenarios imposibles de las cárceles de Piranesi, los relatos borgianos o las escaleras de Escher. Cierto que Gondry ha trabajado con personajes extraños en sus comedias y que Jonze ha usado la fantasía para su cine, con distopias emocionales como en I’m Here (2010) o Her (íd., 2013). Pero ninguno de ellos por separado ha alcanzado las cumbres que les ha ofrecido el misterioso escritor fantasma. Si Jonze combinaba sus artes con Kaufman en el laberíntico juego de matriushkas que resultaba ser El ladrón de orquídeas, en ¡Olvídate de mi!  se va tan o más lejos. Joel hace deconstruir su mente, su vida, para borrar para siempre el dolor de la pérdida. La capacidad visual de Gondry combina, efectos digitales mediante, el peculiar laberinto mental de ida y vuelta que Kaufman diseña para su personaje en la obra más bella de ambos autores. En Synecdoche NY, Caden Cotard adaptará su vida a su vocación creadora y metamorfoseará, ocultará, su fracaso personal tras un megalomaníaco proyecto artístico que constituirá, finalmente, su propia vida y la gran obra del propio Kaufman. Sueños, como el cine, como la vida, que se desvanecen, sueños que sueñan Jonze, Gondry y Kaufman, demiurgos de nuestras vidas… O, sueños que sueña Kaufman, soñado por Gondry y Jonze. Vaya, no pude evitarlo, paranoico hasta el final. En fin, que si alguien les ve a los tres juntos, que dé testimonio de ello.