Ya empezamos a coger el ritmo de festival, dos días aquí y la pensión ya es nuestro verdadero hogar, aunque solo la visitemos entre horas para publicar estas cosas que os dejamos con cariño y tal vez a dormir (un poquito de vez en cuando), como también es nuestro hogar el bar Juantxo, que nos da de desayunar esos bolitxes de tortilla tan ricos, y de comer si hace falta. La cena no siempre es necesaria si hay txakolis y cervezas u otras bebidas más espirituosas de por medio, o alguna sesión golfa del Kursaal 2, con gente que va a pasárselo bien y a dar palmas aunque sea para ver a Pasolini, que esto es un festival y no un entierro. Lo dicho, con aquel ritmillo festivalero nos metemos de lleno en la segunda crónica.

The Casanova Variations (Michael Sturminger, 2014). Sección Oficial

Probablemente nos encontremos ante una de las propuestas más kamikazes de esta Sección Oficial. La cosa ya empieza con un atentado terrorista contra mis nervios, con una temblorosa cámara en mano, que afortunadamente luego se tranquiliza y que desde luego no es lo más arriesgado que tiene para ofrecernos. La película parte de un episodio del fin de la vida de Casanova (John Malkovich) donde sus memorias desempeñan un importante papel. Fragmentos de esa autobiografía dan pie a una representación teatral y operística en nuestro tiempo que se alterna con la historia de época, y en la que John Malkovich y unos cuantos cantantes de ópera se meten en el pellejo del famoso follarín. Si a esto añadimos lo que va sucediendo entre bambalinas, nos quedamos con un batiburrillo muy bien apañado, que convierte al film en una propuesta narrativa bastante radical, motivo principal por el que no ha logrado conectar con gran parte del público que ha ido abandonando la sala con cuentagotas. Como profano en aquello de la ópera encuentro más densas esas partes, desde luego abundantes, que pueden ser otro de los factores que hagan decidir entre seguir tragando o salir corriendo, pero aunque fuera hace un tiempo que parece de ese verano que se terminó ayer, he acabado quedándome y disfrutando con la forma en que la película sabe reírse de sí misma (en la parte que transcurre en el presente, fuera del escenario), y con un John Malkovich en estado de gracia que va desgranando una serie de perversiones (todo muy calculado, sin una desmesura que quizá se echa en falta) que incluyen el incesto (con una encendida defensa incluida), la violación o el asesinato con la naturalidad que otorga la experiencia adquirida durante una vida dedicada al placer. S.V.

The Casanova Variations

The Casanova Variations

The Tribe (Plemya; Myroslav Slaboshpytskiy, 2014). Perlas

La ucraniana The Tribe, que puede ser perfectamente la película más sorprendente que nos vamos a encontrar en este festival, es una historia de aprendizaje. Tanto el de su protagonista como el del espectador, que tiene que habituarse a una narración con lengua de signos sin ningún tipo de apoyo adicional en forma de subtítulos o doblaje. Formalmente es un continuo ejercicio de estilo, alternando largos planos secuencia que siguen a los personajes durante minutos (concretamente hay uno en el que la cámara acompaña a los protagonistas desde la cuarta o quinta planta del internado hasta la calle, verdaderamente hipnótico) con planos fijos, también extensos, pero siempre acompañando a la acción, para nada gratuitos. Y si la película provoca con su empleo del lenguaje, esas acciones a las que acompaña la cámara llevan la provocación a otro nivel. Los planos fijos donde los sordomudos se pelean o discuten resultan extraños, incluso pueden parecer impostados aunque no lo sean, en ausencia de gritos y palabras de por medio (no tanto así los actos sexuales en los que es más habitual primitivizar la comunicación), y no solo se hace hincapié en la mudez, pues también la sordera juega un importante papel narrativamente hablando en algunas secuencias clave. Como decía al comienzo, es una historia de aprendizaje, y el aprendizaje en esta organización criminal deriva en una escalada de violencia llevada hasta el límite de lo salvaje. Y así, por muy entrenadas que estén nuestras retinas a la violencia en el cine, hay un par de secuencias que se quedarán grabadas en ellas mucho tiempo, y desde luego no son precisamente agradables. S.V.

Phoenix (Christian Petzold, 2014). Sección Oficial

La culpa, la ausencia de ella, su intermitencia, la culpa de sentirnos culpable por ser la víctima, el victimismo culpable, la victimología “culpista”. La ausencia de dolor cuando el golpe es más fuerte. La fuerza de la ausencia cuando el dolor se nos presenta. De entre los muertos sobre los vivos, como el vértigo que no nos permite mirar hacia arriba, ni pedir hacia abajo. Como nuestros delitos, como tus condenas, como todo eso (y un poco más) se desplega sobre el respetable. Phoenix es un drama enfermizo de corte clásico que amaga con ser previsible y se consolida cuanto más absurdo comienza a ponerse. La historia de amor entre gente que ya no vive, que no sabe y que no quiere saber lo que pasó, mientras el tiempo sigue pasando pasando del tema, el revestimiento vacilón, la reconstrucción dadaísta que no nos permite tomarnos en serio toda su tragedia nos descubre un macabro y sentido sentido del humor. El drama de un país que se convirtió en el malo de todas las películas y donde la gente tuvo que seguir tras el The End fundiendo a negro sus propias culpas: la creación de un nuevo estadio del alma corrompida por gases lacrimógenos y letales. La consolidación de Petzold como nuevo clásico, clasicista, distante, feroz, con una película que me dio ganas de salirme del cine cuando me presentó sus cartas y que me ganó la partida al final sin faroles ni farolas. M.O.

Phoenix

Phoenix

Vincent n’a pas d’écailles (Thomas Salvador, 2014). Nuevos Directores

Sé que pertenezco a una generación que adora a los superhéroes y todas sus capas. Muchos son muy amigos míos (los críticos de mi generación, no los superhéroes) y saben que yo desconecto cuando empiezan a hablar de no sé qué porque ya desconecté. Yo, que soy un humano con defectos y cobardica, tal vez me siento lejos de ese imaginario, de sus colores de luces y sombras, de sus etapas vitales, de sus superpoderes y sus novias engañadas por el poder de los disfraces. Por eso Vincent me gustó, porque reescribe algo que no me interesa y hace que me interese mil, con/por una hábil utilización de una puesta en escena modesta pero decidida y valiente. Porque Thomas Salvador debuta con una comedia romántica con superhéroes rurales a los que les cuesta en realidad levantar dos palés de ladrillos; pura economía del lenguaje cinematográfico, sorprendente catálogo de hazañas a las que se ve forzado en su huida de clase obrera hacia el amor y la tierra prometida. Hacia el océano que es como un lago que sale de una fuente. Que es un abrevadero para saciar la sed de la dignidad y el amor propio. Y todo desde un naturalismo luminoso, con sus defectos, con su primigenia cobardía, con un imaginario cercano, con colores uniformes y reconocibles, con poderes de andar por el agua y novias que nunca serán engañadas. Con una historia tan humana que nos pertenece. M.O.

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