Ya están aquíííí…

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De nuevo, aquí, ahora, el Apocalipsis, los extraterrestres, la locura, los terrores del Más Allá y los terrores cotidianos. Como siempre, Sitges llega atiborrado de zombis (zombis nazis, castores zombis, zombis futbolistas, zombis que buscan a sus parejas… y los zombis felices de la Zombie Walk que tendrá lugar el primer sábado del festival, el día 4 de octubre). Pero a Sitges llegan también obras esperadas. En su inauguración y clausura, respectivamente, Jaume Balagueró trae el cierre (¿?) de tetralogía con [REC]4 (íd., 2014) y el veterano Joe Dante bajará el telón con Burying the Ex (íd., 2014), un inesperado retorno en todos los sentidos. Sin embargo, hay otras obras más destacables a priori. Desde Cannes David Cronenberg trae Maps to the Stars (íd., 2014) y Jean-Luc Godard, otro extraterrestre ilustre, Adieu au langage 3D (íd., 2014) … ¡obras ambas en la sección Oficial Fantàstic Especials! En pase único (no busquen entradas, ya no las hay) tenemos una película hasta la pasada semana poco esperada, Magical Girl (íd., 2014), de Carlos Vermut, obra ganadora y aclamada ampliamente en San Sebastián. Y no olvidemos que tenemos también Under the Skin (íd., 2013), de Jonathan Glazer (película que no ha conseguido estreno pese a una puesta en escena con secuencias antológicas y, por otro lado, un desnudo de Scarlett Johansson que despertó morbosa expectación) y The Voices (íd., 2014), incursión en el fantástico de Marjane Satrapi.

¿Otras apuestas seguras? Menos conocidas pero muy recomendables son el sorprendente thriller de Jim Mickle, Cold in July (íd., 2014) con Don Johnson, Michael C. Hall (Dexter [íd., 2006-2013; Showtime]) y un Sam Shephard en estado de gracia; la inclasificable, desbordante, Child of God (íd., 2013), la revisión de un salvaje en los bosques norteamericanos servida por James Franco como director y su amigo Scott Haze bordando un papel escalofriante; o, también, Starred Up (íd., 2013), de David McKenzie, que demuestra que el drama carcelario no está agotado, observando los mecanismos de la violencia. Corea también nos ofrece más humor negro y cine negro en The Target (Pyojeok, Yoon Hong-seung, 2014) y A Hard Day (Kkeutkkaji Ganda, Kim Seong-hun, 2014). De Japón nos llega Giovanni’s Island (Giovanni no shima, Mizuho Nishikubo, 2014), anime de estilo Ghibli, R100 (Hitoshi Matsumoto, 2013), comedia erótica, y The World of Kanako (íd., 2014), de Tetsuya Nakashima, quien dirigiera la magnífica Confesiones (Confessions, 2010). Y, en la sci-fi, no hay que olvidar obras sólidas como The Last Days on Mars (Ruairi Robinson, 2013), The Double (Richard Ayoade, 2013), The Babadook (Jennifer Kent, 2014), A Girl Walks Home Alone at Night (Ana Lily Amirpour, 2014) o la neozelandesa What We Do in the Shadows (Taika Cohen y Jemaine Clement, 2014), cotidianeidad vampírica. La sección Anima’t aporta propuestas atractivas para todas las edades; llaman la atención Minuscule –La vallée des fourmis perdues 3D (Thomas Szabo, 2013), la coreana The Satellite Girl and the Milk Cow (oo-lee-byeol il-ho-wa eol-lug-so, Chang Hyung-yun, 2013) y el documental sobre el estudio Ghibli, The Kingdom of Dreams and Madness (Yume to kyôki no ohkoku, Mami Sunada, 2013).

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Pero Sitges trae mucho más. En una u otra sección del interminable programa aparecen viejos conocidos y sospechosos habituales: Gustavo Hernández, (Dios local [2014]), Mike Cahill (I origins [2014]), Álex de la Iglesia produce Musarañas (Juanfer Andrés y Esteban Roel, 2014). Y tambien están Miike por duplicado (Over Your Dead Body (2014); The Mole Song: Undercover Agent Reiji [Mogura no uta – sennyû sôsakan: Reiji, 2013]), Quentin Dupieux (Realité [2014]), Dante Lam (That Demon Within [Mo jing, 2014]), Lee Jeong-beom (No Tears for the Dead [Uneun Namja, 2014]), Kiyoshi Kurosawa (Seventh Code [2013]), Bruno Dumont (P’tit Quinquin [2014]), Peter Strickland (The Duke of Burgundy [2014]), Kim Ki Duk (One on One), Gondry (Is the Man who is Tall Happy? [2013]).

¿Olvidé la mejor? ¿No cite la que recibirá premios y vítores? Tal vez. Sitges, como todo festival, es inabarcable. Lo mejor es zambullirse en él, a riesgo de recibir algunos mordiscos. ¿Nos atrevemos?