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«Érase una vez una isla. Podría ser el encabezamiento de nuestro relato» Oskar alegría, nuevo director artístico del Festival Punto de Vista, nos sitúa rápidamente en la presentación de la programación de esta novena edición del certamen:  la isla como espacio, como hilo conductor del festival. La isla como metáfora de otro cine posible que trata de escapar de “lo oficial”, de los estrenos semanales que copan las carteleras,  así como de “lo marginal”, de aquellas películas que muy pocos tienen la ocasión de ver, si es que alguien las ve. Una isla como metáfora de un cine que habita un lugar intermedio, por descubrir y todavía sin nombre. 

En realidad, el festival Punto de Vista siempre ha sido una isla dentro del panorama de festivales. Aquí fue posible que tomara nombre, que encontrara su lugar y una definición de sus contornos, buena parte de ese cine “documental” que apareció en la primera década del Siglo XXI, que no era exactamente documental y no podía ser leído o definido a través de herramientas tradicionales. Sin ir más lejos,  aquí cobró forma buena parte de ese nuevo cine español ahora ampliamente reconocido (Los hijos, Andrés Duque, Virginia García del Pinto, etc.). Pese a su éxito, pasó serias dificultades para seguir sobreviviendo. En 2011, después de que se anunciara su cierre, se consiguió que finalmente dispusiera de una periodicidad bianual, y que la espera, entre medias, fuera copada por seminarios internacionales (Años 2012 y 2014). Ahora, con un nuevo impulso se encamina a recuperar la anualidad, con nueva sede y nuevo comité de selección de película. Pero entre todos esos cambios quizás destaca el cambio de denominación que ha sufrido la sección oficial. De ahora en adelante se llamará La región central y lleva aparejado un cambio de espíritu con el que se pretende asignar un marco más rotundo y dotarla de la suficiente libertad para que sea un espacio desde el que cuestionarse la representación de lo real. En esta edición son 17 los títulos que  la conforman (9 largometrajes y 8 cortometrajes).

La isla, entonces, tenía que disponer de su propia sección. Siendo su cabecera, además, el extracto de L´île deserte, de Sophie Rogers. A modo de retrospectiva, seis programas que aglutinan 18 películas y 22 islas (y media), donde se pretende visitar las islas más lejanas para tratar de acercar lo remoto y recoger la pasión por los confines, explorar las distintas formas que existen de aproximarse a una isla (desde el mero azar hasta la disciplina matemática),  o mostrar cómo un paraíso puede a veces transformarse en una prisión. Las pequeñas joyas como Mor’ vran (El mar de los cuervos) (Jean Epstein, 1930) o Isole Nella Laguna  (Luciano Emmer, 1948), estarán al lado películas tan desconocidos en España como Descripción de una isla (1979) de Rudolf Thome.

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El festival también cuenta con otras dos retrospectivas bastante jugosas. La primera dedicada a la escocesa Margaret Tait, compuesta por 19 de sus cortometrajes, donde cine y poesía se funden de manera indistinguible, a la que se ha subtitulado: Inspirar, filmar, espirar.  Tres gestos que recogen a la perfección el espíritu de esta poeta/cineasta, que siempre estuvo “al acecho de la imagen” (como la gustaba decir) de una manera libre, totalmente autofinanciada y alejada de toda oficialidad. La segunda, titulada Chez les Basques (en casa de los vascos, en francés),  agrupa el cine documental de los grandes creadores que han visitado el País Vasco francés. Desde los hermanos Lumière a Otar Iosseliani pasando por Orson Welles.

Además, a modo sesiones especiales encontramos la proyección de 5 películas de Otar Iosseliani, aprovechando que su Euskadi été (1982) forma parte de la retrospectiva Chez les basques. También la presentación de La celosía de Isidoro Valcárcel Medina (considerado uno de los pioneros del arte conceptual en España) estrenada en los Encuentros de Pamplona de 1972, y que es transcripción literal de la novela homónima publicada en 1957 por Alain Robbe-Grillet. Y, por último, la proyección de John y Gena, donde la propia directora (Itsaso Arana) realizará una intervención sobre esta película que versa sobre el amor, sus malentendidos y sus aciertos y, sobre todo, sus dudas y misterios. Tendiendo de fondo a John Cassavetes y Gena Rowlands. Es decir, la percepción de cómo funciona una pareja en el cine y en la vida real.

Ya fuera de la sala se podrá visitar la exposición The Darkness Collection, compuesta por 38 películas que se adentran en la oscuridad para ofrecer al espectador un viaje por las sombras y el cine hecho sin luz. Y asistir a una serie de foros de debate en los que se analizarán las claves del panorama cinematográfico español y se profundizará sobre lo visto en la pantalla. Entre ellos destaca la mesa redonda organizada por la revista Secuencias, ¿Para qué sirve un festival de cine?, así como la que propone la recién fundada Unión de Cineastas, Hacer cine sigue siendo posible (pese a todo).

Preparamos la maleta. Nos encaminamos a coger el barco.