La mano del artista

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Tiempos extraños para el cine animado, a riesgo de morir de éxito en la cartelera intervacacional. ¿Cuál sería la fórmula adecuada? Después de segundas partes (o autoremakes) demasiado complacientes y poco imaginativas como Cars 2 (íd., John Lasseter y Brad Lewis, 2011), Turbo (íd., David Soren, 2013) y Aviones (Planes, Klay Hall, 2013),  solo un muy calculado producto como fuera Frozen, el reino del hielo (Frozen, Chris Buck y Jennifer Lee, 2013) alcanzó el éxito global. Hay abundantes obras que no reciben la atención merecida por parte del público y por parte de la crítica. La divertida y vibrante Indomable (Brave, Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell, 2012) no dio en la diana como  hacía su propia protagonista, y estrenos de gran calidad de otras productoras como El alucinante mundo de Norman (Paranorman, Chris Butler y Sam Fell, 2012) o, ahora, El libro de la vida (The book of life, Jorge R. Gutiérrez, 2014) son menospreciadas ya desde la misma distribución. Mientras Big Hero 6 (íd., Don Hall y Chris Williams, 2014), menos original de lo esperado,  The Lego Movie (Phil Lord y Chris Miller, 2014) o Cómo entrenar a tu dragón 2 (How to Train Your Dragon 2, Dean Deblois, 2014) han cosechado buena taquilla, esperamos los estrenos de la imaginativa y divertida Minuscule (Minuscule – La vallée des fourmis perdues, Hélène Giraud y Thomas Szabo, 2013) y de la bella Song of the Sea (Tomm Moore, 2014), respectivamente disfrutadas en Sitges 2014 y Animac 2015.

Tal vez sea por ello que la orientación del reciente Animac se centraba en la mano del artista, valorando el dibujo por encima del complejo entramado técnico e industrial que envuelve (y en ocasiones enreda) actualmente la producción animada. Como en todas las ediciones se ofrecieron diversas sesiones de cortometrajes, algunos largos y la posibilidad de revisar la filmografía de algunos autores, Pierre Hebert y Piotr Dumala en esta ocasión. Animac reivindicó en todas las categorías la autoría del dibujante y, también, la artesanía, algo bien presente en la obra de los autores invitados.

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Piotr Dumala es autor de ensayos animados en torno a las creaciones y personalidad de autores como Kafka o Dovstoievsky. Franz Kafka (1992) y Crime and Punishment (Zbrodnia i Kara, 2000) son obras oscuras, herméticas, con demasiadas reminiscencias de la estética animada soviética y se echa en falta la propuesta rompedora que el autor polaco llegó a plantear pero no hizo: emplear música de Metallica como banda sonora para su creación. El proceso de creación, narrado por el autor, basado en el sucesivo pintado, gratado, fotografiado y repintado, de placas metálicas o de escayola resulta más interesante que el propio resultado. Obras más nuevas como Hipopotamy (2014), basadas en el dibujo, consiguen un efecto tan turbador y resultan más concisas y efectivas.

Entre los cortometrajes merece la pena obras de diversa factura (dibujo, modelos, cut out, patchwork…) como las divertidas Haring (Davor Bujakovic y Junaid Chandirgar, 2014), Mythopolis (Alexandra Hetmerová, 2013), Le vélo de l’elephant (Olesya Shchukina, 2013), la surrealista Symphony n 42 (Reka Buksi, 2013), la bellísima Le sens du toucher (JC Mbotti Malolo, 2014), dibujada sobre papel,  un par de los finalistas a Oscar, Me and my Moulton (Torill Kove, 2014) y la ganadora del premio del público, A Single Life (Joris Oprins, 2014) un gag en animación 3D, sintético, hilarante, conciso e implacable…

Brillantez e imaginación en los cortos con desigual reflejo en los largos. Truth has Fallen (Sheila Sofian, 2013) saca partido de la animación para ilustrar un documental sobre falsos culpables, a los que una organización libera de su injusto encarcelamiento. Dibujo, modelación, figurativa y abstracta, se alternan dinamizando el documental y preservando la identidad de los entrevistados. Una buena estrategia formal para una obra que merecía más ambición en el contenido.

 O menino e o Mondo (Alê Abreu, 2013) padece también de una falta de guion; lástima, porque esta revisión del Brasil de hoy y de siempre luce diversas secuencias auténticamente magistrales, elaboradas con dibujos y collage, y que enfrentan el Brasil de los esclavos y las favelas, al Brasil de la samba, el carnaval y el fútbol. El diseño en horizontal de las plantaciones de algodón, las interminables hileras de obreros y los camiones de transporte tiene estremecedora correspondencia con el flujo de barcos contenedores del producto final. Ambas escenas dan pie a las incómodas secuencias de las favelas, con sus casas elaboradas con los anuncios de los productos que solo otros ciudadanos de mayor nivel podrán adquirir, y de la policía dispuesta a abatir cualquier intento de libertad, cualquier movimiento de los sin tierra. Los interludios entre unas secuencias y otras hacen parecer la cinta más larga de lo que realmente es. Aun así, la obra obtuvo el premio en el prestigioso festival de Annecy.

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Song of the sea es la nueva obra del autor de El secreto del libro de Kells (The Secret of Kells, Tomm Moore, 2009) y, sin ser una historia especialmente original, tiene la belleza plástica en dibujos (2D) y en paleta de colores que la hacen tan arrebatadora como la anterior obra de su autor. Fondo y forma se funden mágicamente  en una historia arraigada en el folklore fantástico irlandés, con vinculación a El secreto de la isla de las focas (The Secret of Roan Innish, John Sayles, 1994), Song of the Sea luce una variada fauna fantástica (sealkies, hadas, brujas, gnomos, reyes petrificados…) que aprovecha en una narración dinámica apta para todos los públicos, algo que lejos de ser un menosprecio, pretende ser un halago. Esperemos que esta aventura alcance un más que merecido estreno.

Grangel Studio

Pero dejamos para el final el punto álgido de Animac que, en esta ocasión, no fue una película propiamente sino la conferencia de dos autores a los que se entregó el premio a su trayectoria, los hermanos Carles y Jordi Grangel, responsables del Grangel Studio que celebra los 25 años de existencia… ¿Les suena el nombre? Personalmente debo confesar (tal y como hice con los propios autores), sabía algo de su existencia pero estaba muy lejos de vislumbrar su auténtica dimensión. Sin embargo, si comento que son los autores del perro Balto, de un legendario príncipe de Egipto, de una novia cadáver y todo su séquito, de los animales náufragos que recalan en Madagascar, de un panda que hace artes marciales, un grupo de piratas que encontró un pájaro supuestamente extinto o de los inquilinos de un hotel transilvano propiedad de Drácula… entonces, entonces sí, reconoceremos su mérito y nos quedaremos con la boca abierta. Y, de hecho, boquiabiertos por tres razones principalmente, que fueron patentes en la entrevista que tuve el placer de hacer con ellos y en la posterior conferencia con la que nos deleitaron.

En primer lugar, por su calidad. El Grangel Studio ha dado lugar a algunos de los personajes más icónicos de la animación de este siglo, sean los animales de Madagascar (íd., Eric Darnell y Tom McGrath, 2005) o los fantasmas de La novia cadáver (Corpse Bride, Tim Burton, 2005).  De hecho, explican, la dinámica consiste en que el director (que frecuentemente no sabe dibujar, con excepción notable de Burton) plantea un personaje, unos rasgos determinados y alguna situación a partir de las cuales el estudio elabora diversas propuestas. Se trata de un proceso que puede llevar unas semanas o, en algunos casos, muchos meses. Carles Grangel elabora diversas opciones de personajes, de frente, perfil, posterior y en movimiento que pueden complementarse con propuestas de modelización. Si finalmente las propuestas son aceptadas y el proyecto sigue adelante (algo que no siempre sucede, de hecho se nos presentaron bocetos para un frustrado Cats sobre el que Spielberg y Lloyd Webber no llegaron a acuerdo), Carles, Jordi y sus colaboradores pueden llegar a proponer nuevos personajes, situaciones o gag. Para conseguirlo, deberán conocer perfectamente la orientación del proyecto, aunque tienen libertad creativa. En este sentido se destacó la cordialidad de la relación entre ellos como autores de personajes y los directores o productoras, fueran estas Dreamworks, Sony, Burton, Aardman u otras. Fue un comentario elegante que no parecía ser exclusivamente una estrategia amable de marketing sino una sincera declaración de que las  relaciones profesionales se desarrollan a un mismo nivel. 

Tanto Carles como Jordi hicieron énfasis en la profesionalidad como estrategia de equipo, a nivel creativo y a nivel comercial. Buen ejemplo de ello fue el encadenado de situaciones que dio lugar a la colaboración con Burton. Después de diversas colaboraciones con Dreamworks, fueron contactados para colaborar en un proyecto muy personal de animación con muñecos, The Periwig Maker (Steffen Schäffler, 2000) en el que participaban familiares y amigos del director. La morbosa y desazonadora historia de un fabricante de pelucas que, aislado en su taller durante la Peste, contempla como se desperdicia tanto pelo de cadáver y cómo resuelve conseguirlo, hizo carrera para los Oscar. Su labor como diseñadores de personajes llamó, una vez más, la atención y fueron contactados (ellos creían que era una broma pesada) por el secretario de Burton. Este llevaba adelante el proyecto de La novia cadáver tras siete años de propuestas y negociaciones continuadas con Warner, quienes forzaron a cambio su papel como director del (lamentable) remake de El planeta de los simios (Planet of the Apes, Tim Burton, 2001). Esta sintonía permitió no solo la libertad creativa, sino que dio lugar a que Carles apareciera en los créditos y a que el Grangel Studio prolongara su colaboración durante tres años que incluía la producción y el merchandising.  

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A partir de ahí, Grangel Studio seguiría nuevas rutas (evitando los remake o segundas partes) y participaría en proyectos como ¡Piratas! (The Pirates! In an Adventure with Scientists!, Peter Lord y Jeff Newitt,  2012) de quienes alabaron su amor por la animación más artesanal, o Hotel Transilvania (íd., Genndy Tartakovsky, 2012) en la que pudieron desbordar la imaginación en la creación de personajes.

En segundo lugar, hay que destacarles  precisamente por la falta de resonancia que su labor tiene en nuestro país. En un ámbito como es la animación, en el que frecuentemente tomamos como referencia otros países, otras industrias, es preciso recordar que la fértil trayectoria de la animación en España empieza con el cine y alcanza en la actualidad éxitos internacionales. Carles Grangel no aparece, sin embargo, como diseñador de personajes, en numerosos créditos, algo reservado según contrato a la decisión de las productoras. No obstante, su currículum y su portfolio es suficiente crédito como para tener compromisos profesionales hasta 2019, fecha a a partir de la cual podría llegar alguna colaboración con Pixar, algo deseable aunque el estilo preferido de la casa es más próximo al método artesanal del dibujo y el stop motion.

Y en tercer lugar, directamente vinculado con el punto anterior, merece destacar a los hermanos Grangel por su humildad, pareja con la profesionalidad que demostraron en Lleida y en toda su carrera, que les permite lucir su trabajo sin vanagloria y también desarrollar su carrera internacional sin alejarse de sus raíces, manteniendo el taller y el quehacer diario en el barcelonés barrio de Sants y la Bordeta.

…La mano del artista. A menudo las conferencias que luce Animac brillan tanto como las animaciones. Sin embargo, en esta ocasión, la perfecta sintonía del lema con la presentación de Carles y Jordi Grangel marcó un hito en el festival.