Sr. Cronenberg, ¿es verdad lo que muchos dicen? ¿Que ya no es lo que era? ¿Que ya no nos sorprende? ¿Que ha perdido fuerza en su discurso, en sus otrora perturbadoras imágenes? ¿Que se ha apoltronado o, como mínimo, que se ha quedado sin ideas? Quizá por eso no firma en solitario sus propios guiones desde la temprana Videodrome (íd., 1983)… salvo en esa preciada excepción que es eXistenZ (íd., 1999). ¡Ah! Con ella volvimos a revivir su furia, su tormento, sus avispadas premoniciones. Su sermón, con total energía. Y nos regaló una película tan original como avanzada a su tiempo, irremediablemente conectada con la anteriormente citada.

Infamias

Eso es lo que son esos comentarios. Quizá, simplemente, es que no sabemos reconocer que la madurez le ha llevado a expresarse de otra forma, siguiendo nuevos caminos, otros derroteros, lejos ya de la serie B de Scanners (íd., 1981) o de los thrillers más desconcertantes, como Inseparables (Dead Ringers, 1988) o Crash (íd., 1996). La juventud le animó a ser más explícito. Ya en un siglo XXI más avanzado, desde la experiencia, le importa a usted menos el impacto visual, y emplaza el reto de la reflexión a través del verbo. Palabras más hirientes a los oídos que las terroríficas imágenes de sus primeros filmes. Pero comparte una misma y clara visión, una continuidad en su discurso que no deja indiferente…

La verdad, es muy posible que usted piense que mi razonamiento tampoco tiene validez, que todo es mucho más simple (o complicado). ¿Sinceramente? Me da igual. Sus locuras puede que me hayan hecho encontrar coincidencias donde no las hay. Me he sentido Spider, encerrada en mi habitación, creando mis particulares telas de araña al revisionar todos sus filmes para confirmar esa idea loca que me rondaba desde hacía tiempo. Confieso que Spider (íd., 2002) es uno de sus filmes que más me agradan por cómo supo captar en imágenes el sentimiento de la novela de Patrick McGrath. Además lo considero clave como puente a su segunda etapa —que yo denominaré “de transición” en esta carta, esté usted o no de acuerdo—, con una perspectiva mucho más centrada en un único individuo y su exploración…

Clothes make the man; and the less there is of the man, the more the need of the clothes.

Spider (íd., 2002)

… para dejarnos llegar a esa tercera etapa que conforman, por ahora, Cosmopolis (íd., 2012) y Maps to the Stars (íd., 2014), otras dos obras maestras que se suman a cualquiera de las anteriores. ¿Quién puede considerarlas aburridas, menores? Por favor. Para nada.

People eat and sleep in the shadow of what we do.

Cosmopolis (íd., 2012)

Horror

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Repasé su primera etapa, la más cruda y terrorífica no únicamente por su puesta en escena sino por una temática que se acaba antojando única e inconfundible, al menos desde mi humilde punto de vista. El ver cómo están relacionados todos los filmes es fascinante:

Una especie de ‘parásito-babosas’ que se retuercen por el alcantarillado de la ciudad con el único objetivo de invadir nuevos cuerpos, para librar de las ataduras de los convencionalismos a sus propietarios. Una mujer que desata una horda humana de puro desenfreno rabioso, que se extiende sin control por toda la ciudad, por el mundo, igual que los parásitos de la anterior. Supuestos psicoanalistas que empujan a sus pacientes a manifestar su rabia hasta límites virales. Hombres capaces de conectar su mente, también de forma viral, con la de otros, humanos o máquinas, escaneándoles para conseguir que hagan lo que ellos quieran. Personas que pierden la noción de la realidad, de sus cuerpos, uniéndose a la máquina que más les domina: la televisión. Un hombre que experimenta visiones, como si estuviese consumiendo las imágenes de la caja tonta…

The television screen is the retina of the mind’s eye. Therefore, the television screen is part of the physical structure of the brain. Therefore, whatever appears on the television screen emerges as raw experience for those who watch it. Therefore, television is reality, and reality is less than television.

Videodrome (íd., 1983)

…que le revelan un futuro aterrador para la raza humana. Otro que decide, inicialmente de forma inconsciente, que la evolución del ser humano pasa por confiar en las nuevas tecnologías, cruzando ADN con el de insectos. Una sociedad que, por culpa de las drogas, se asemeja más a insectos sin personalidad que a personas con decisión propia. Dos hermanos, mitad humanos mitad insectos (por su traumático comportamiento, por su retorcidas ideas), que experimentan con sus congéneres. Desde la locura o desde el terror, mostrando las dos visiones con la que nos enfrentamos a nuestros sentimientos. El amor, como sentimiento puro, que nos hace perder la razón y, de nuevo, la realidad. El amor, convertido en sexo vicioso, único refugio de personas apartadas, que no encajan con los cánones estándar de una sociedad hastiada. Y, finalmente, grupos de personas que prefieren pasar más horas jugando en una realidad virtual, sustitutiva incluso del sexo, que enfrentándose a sus propios miedos y pasiones en un entorno que ya no les cautiva.

Hey, tell me the truth… Are we still in the game?

eXistenz (íd., 1999)

De Vinieron de dentro de… (Shivers, 1975) a eXistenZ, usted explota siempre una misma idea pero nos muestra sus distintas versiones, o nos permite posicionarnos para descubrirla desde varios puntos de vista:

Personas que pierden el control de sus cuerpos y personas que dominan esos cuerpos. 

Personas que controlan a las máquinas y máquinas que controlarán a las personas. 

Sentimientos que nos hacen perder el juicio, a todos por igual, no dejándonos ver la misma realidad que a otros. 

Realidades que no son verdaderas, y nos empujan a actuar como no queremos, o nos ciegan e impiden ver más allá de nuestra desazón.

¿Cuál es la esencia de todos los filmes? La pérdida de identidad. Convertirse en parte de un todo sin conciencia legítima.

De forma inconsciente, y global, nos estamos dejando arrastrar por unos actos impersonales de envergadura social alimentados en gran medida por nuestros propios avances (sociales, tecnológicos e incluso mentales).

Zombies, dicho de otro modo.

Sí, zombies. Todos sus filmes están repletos de ellos, no me lo puede negar. Y no únicamente en esta primera etapa. En Vinieron de dentro de… y Rabia (Rabid, 1977), no puede evitar mostrar claramente esta obsesión, ese terror. En la primera, además, nos invita a despertarnos. Sus parásitos no son más que revulsivos para nuestras conciencias. ¿Se dio cuenta la sociedad del momento de su invitación, de su premonición?

En Cromosoma 3 (The Brood, 1979) sigue queriendo que exploremos desde la distancia, como los protagonistas que escuchan las noticias en la radio o televisión en sus filmes. Aquí los zombies también son gobernados por otro que les/nos manipula para que no tomen/tomemos sus/nuestras propias decisiones. Aunque aquí arremete usted contra la presión familiar, y cómo acabamos siendo iguales que nuestros padres, dominando también a nuestros descendientes, siguiendo las mismas pautas con las que crecimos. Perdemos el control al madurar, pero no puede evitar darnos por perdidos: acabaremos perpetrando esa condición con nuestra prole.

No aprendemos.

El almuerzo desnudo (Naked Lunch, 1991) sigue esa estela, usted nos presenta como seres irracionales bajo el yugo ahora de la drogadicción, no de la familia. Pero como yugo muchos pensarán que no hay otro que el del ciego amor, sentimiento que nos altera, que nos transforma, y nos hace perder la razón. M. Butterfly (íd., 1993) no es ni mucho menos un experimento aislado dentro de su cine, ¿verdad? 

Amor, dolor y desconexión de la realidad de forma voluntaria o involuntaria. ¿Qué es lo que hace que nos comportemos en masa de una misma manera?

Usted tenía que seguir indagando…

Minuciosidad y detallismo

En su segunda etapa busca el origen. Cambia su perspectiva, se centra en los individuos, en zombies en particular. Sin la manada.

Spider, trastornado, olvidado por la sociedad. Consigue que suframos y descubramos junto a él. Por primera vez nos podemos identificar con uno de ellos. Este nuevo punto de vista le da más juego para su sermón, se da cuenta de que es mejor analizar a un individuo concreto si queremos conocer el mal que afecta a la población global. Un individuo, más fácil empatizar. Y Spider, cómo no, alienado, es uno de los zombies que nos representa a todos, aunque a priori sea difícil reconocernos en él. La perspectiva del abandono familiar de Cromosoma 3 vista desde los ojos del niño, no desde la de los padres. A ver si así nos damos cuenta de nuestro error, de nuestras estúpidas reglas que no somos capaces de romper.

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Pero quizá un trastornado es demasiado evidente como zombie. Quizá lo mejor fuese hacer hincapié en los zombies en global, vistos desde el punto de vista de alguien lúcido. Quizá así llegaría a más público. Y así fue: Una historia de violencia (A History of Violence, 2005) era lo que necesitaba: un hombre que intenta sobrevivir en una sociedad inmune a la compasión. Un hombre corriente, que en realidad es extraordinario porque ha sabido alejarse de la dictadura global, del camino que la gran masa le estaba marcando.

El experimento funcionó bien, así que en Promesas del Este (Eastern Promises, 2007) pudo ahondar en esa explotación de la violencia humana. De nuevo, en su sermón incluye la imposible salvación del ser humano: para combatir la violencia hay que volver a ella. ¿Cómo conseguir entonces zafarse de tanta crueldad?

Llevamos en nuestro evolutivo ADN el vivir en sociedad, y el ser depravados, violentos y temerosos de no ser aceptados. Todo aquel que quiera resistirse… será castigado.

Pero esto no es posible. Tenemos salvación. Y usted, Sr. Cronenberg, ya no pudo evitarlo más… ¿Por qué ya no únicamente volver al origen, sino que el público aprenda, además de a través de casos concretos, de las palabras de los expertos?

Así que toca ir a buscar, por fin explícitamente, a Freud.

Voluntariamente he querido obviar la obsesión por el sexo, la explicación freudiana y, sobre todo, la intención subliminalmente psicoanalítica que impregna sus filmes. Lo he hecho porque es más que evidente su interés por el tema, mucho se ha escrito ya sobre ello. Pero Un método peligroso (A Dangerous Method, 2009) se me antoja su particular culminación sobre lo que ha querido indagar en su anterior filmografía. ¿Estoy en lo cierto, Sr. Cronenberg? Más allá de Freud no hay nada más que decir. De esta forma, qué mejor que hablar de él, del nacimiento del método y del peligro que este conlleva ya en sus inicios si no es usado correctamente.

El psicoanálisis nos ayuda a comprender, pero es necesario que el individuo, que la sociedad quiera cambiar, una vez asimila el origen de sus actos. Solo es necesario que alguien sea consciente para que movilice en positivo al resto de la población, todo lo contrario que las hordas de zombies en la que nos hemos convertido ahora.

It seems to me the measure of the true perversity of the human race, that one of its very few reliably pleasurable activities should be the subject of so much hysteria and repression.

Un método peligroso (A Dangerous Mind, 2009)

Pero el filme pasó bastante desapercibido. Exhausto, usted, finalmente, nos ofrece, con una visión un tanto derrotista, lo que queremos ver: ricos y famosos. En eso nos queremos convertir todos, ¿no? Así que volverá a intentarlo, a ver si nos damos cuenta de que ellos, también, son esclavos de la sociedad. 

Ricos y vacíos

Scanners, Videodrome, eXistenZ, Promesas del este… Usted está derrotado al pensar en el ser humano y su maldad, beneficiada además por el uso de las nuevas tecnologías, por la evolución de su interacción. Al principio hablaba de computadoras, ahora ya de redes sociales y el peligro de la sobreinformación. Ha experimentado con sueños, ha sabido encontrar lo peor del ser humano. Ha querido investigar la forma de curarle. Y ahora ha descubierto cuál es la verdadera motivación: el poder. Y lo descubre en la peor calaña, los famosos, los ricos. Poderosos sin escrúpulos, por estar aburridos. Gente incapaz de disfrutar de una vida plena.

Gente que, igual que el resto, actúa como zombies, arrastrados a comportarse tal y como el resto espera que lo hagan. Ellos no son mejores que nosotros, sino iguales:

Siempre somos infelices, tengamos lo que tengamos.

kinopoisk.ru

Así que ni en Cosmopolis ni en Maps to the Stars cambia usted de registro. ¿Acaso no tratan también la búsqueda de las motivaciones de querer y poder encajar?

En este punto es imperativo observar que la obra novel de su hijo, Antiviral (íd., Brandon Cronenberg, 2012), es el reverso de estos dos filmes, el complemento perfecto. La valiente mirada de su hijo, su antigua mirada, de nuevo puesta sobre el “borreguismo” social, sobre esos “zombie-groupies” cautivados por insignificancias, y no sobre personas concretas, el estilo que ahora usted defiende. Quizá es la demostración de que es necesario seguir su estela, volver a ser transgresor desde la mirada y osadía del más joven. En cualquier caso, la enhorabuena. Antiviral es tan desconcertante como sus primeros filmes.

Sr. Cronenberg, usted sigue diseccionándonos a todos, individualmente y como sociedad. Ataca varias de nuestras debilidades, nos espolea. Ahora más sereno como ya le decía al inicio, intentando llamar nuestra atención desde la reflexión. Y, no obstante, no queda tan lejos esa advertencia de Vinieron de dentro de… que clama la facilidad con la que nos convencemos de hacer lo que los demás quieren:

Roger, I had a very disturbing dream last night. In this dream I found myself making love to a strange man. Only I’m having trouble you see, because he’s old… and dying… and he smells bad, and I find him repulsive. But then he tells me that everything is erotic, that everything is sexual. You know what I mean? He tells me that even old flesh is erotic flesh. That disease is the love of two alien kinds of creatures for each other. That even dying is an act of eroticism. That talking is sexual. That breathing is sexual. That even to physically exist is sexual. And I believe him, and we make love beautifully.

Vinieron de dentro de… (Shivers, 1975)

¿Conseguirá su cine que nos despertemos, en masa? No lo sé. En cualquier caso, gracias.