Spectre

El legado de la serie Bond, con más de cincuenta años a sus espaldas, puede resultar pesado de llevar, máxime si se reverencia en vez de ser integrado, y asumido, con naturalidad. Tras el descomunal éxito de su predecesora, Sam Mendes arrastra al más icónico de los agentes secretos a un nuevo psicodrama regado con generosas dosis de excelencia visual, meticulosamente diseñado para despedir con todos los honores a Daniel Craig: el James Bond del siglo XXI.

Julio Medem y la ingravidez

De un creador como Julio Medem se han escrito cosas mejores y peores, pero lo que difícilmente cabía esperar era que su cine se acomodara en la pulida asepsia dramática que le caracteriza en la actualidad, tan bienintencionada como mediocre. Quizá un receso necesario, terapéutico, tras lanzarse sin red para aprehender la identidad última, primordial, que se oculta tras el velo de la realidad, urge recuperar la poética de un cineasta capaz de lo mejor y de lo peor; tan fluctuante como imprescindible.

Misión imposible: nación secreta

Que para Tom Cruise no hay ningún reto imposible da buena muestra el que, con 53 años cumplidos, encarne por quinta vez a Ethan Hunt, su alter ego heroico por antonomasia. En las antípodas de los formulismos acomodaticios que han llenado de celuloide inane el verano 2015, la nueva entrega de su franquicia de cabecera recapitula con maestría los estándares del cine por y para las grandes audiencias, ofreciendo un avasallador espectáculo que sabe ser dinámico, inteligente y emotivo.

White God

No es fácil que a nuestras pantallas llegue cine procedente de Hungría, así que tenemos que agradecerle a los programadores del Festival de Cannes haber situado en el mapa la última película de Kornél Mundruczó, una fascinante reflexión sobre la maldad humana y, derivado de ella, el caos al que nos vemos abocados cuando las víctimas se rebelan, poniendo en jaque nuestra propia supervivencia.

Wachowski Bros: determinismo. Levedad. Naves que colapsan

Mucho ha llovido desde que los Hermanos Wachowski nos ubicaran de lleno en el siglo XXI a golpe de distopía, valiéndose de un título cuyos deprimentes augurios sobre el fin de lo real se han rebelado con el tiempo mucho más atinados de lo que atisbamos en su momento. Su evolución posterior, tan irregular como coherente con un ideario que ha primado estética, técnica y emoción, les ha ubicado con honores a la vanguardia de los creadores de experiencias cinematográficas que moran en esa fábrica de sueños, y pesadillas, llamada Hollywood.

Exodus: dioses y reyes

El gusto de Ridley Scott por volver la cámara hacia el pasado le lleva a tomar la medida al mito fundacional bíblico, recreando con su maestría habitual las arquitecturas milenarias, sobrecargadas estancias y multitudinarias batallas planificadas al milimetro, sin atajos digitales. Un nuevo alarde de sabiduria cinematográfica en el que, de manera más evidente que en anteriores trabajos, el contenido desmerece del excelso continente.

Christopher Nolan o la emoción inesperada

El estatus de gran luminaria del cine comercial contemporáneo que ostenta Christopher Nolan en la actualidad propicia que con cada nuevo estreno se viertan ríos de tinta a propósito del ser y no ser de su cine. Con su última propuesta recién llegada a nuestras pantallas consideramos que es un momento propicio para hacernos eco de esa compleja interrelación, tan tensionada como fascinante, entre raciocinio y emoción que caracteriza las obras más brillantes y emblemáticas de su filmografía.

La isla mínima

Nada en la filmografía previa de Alberto Rodríguez, y no precisamente por estar falta de calidad, hacia presagiar este magistral descenso a los infiernos de la maldad humana y las fuerzas ocultas que rigen, valiéndose de la naturaleza, desde la Sombra. Una de las películas del año, una de las mejores películas españolas, sino la mejor, de los últimos años.

Las vidas posibles de Mr. Jeunet

¿Qué hay de malo en seguir siendo un niño con cincuenta años cumplidos? En principio nada, salvo que lo dictamine la crítica especializada. El cine de Jean-Pierre Jeunet, antes y después de Marc Caro, es creativo, evocador. Subsersivo a su manera. Argumentos más que sobrados para revisitar su filmografía con la mirada limpia, ingenua y soñadora, de un chaval de x años

X-Men: dias del futuro pasado

Bryan Singer retorna a lo grande a la saga que le abrió de par en par las puertas de Hollywood, y de la que se ha convertido, dada su contribución creativa, en principal artífice creativo. El resultado es un espectáculo majestuoso, tan irregular como arrebatador.

Noé

Resulta especialmente meritorio que en una película que parte de uno de los pasajes más iconográficos del Antiguo Testamento se hayan tomado decisiones de puesta en escena tan valientes como congruentes con la poética visual de su director, que van de la concepción estética de los Vigilantes caídos del Cielo a la extrema sordidez de los asentamientos humanos

Byzantium

Pese a las incomprensibles dificultades para estrenar sus últimos trabajos, Neil Jordan vuelve a sentar cátedra en el subgénero vampírico con una espléndida pieza de cámara, de bellísimas y delicadas imágenes, en la que brilla con luz propia su portentosa habilidad para la puesta en escena y las brillantes encarnaciones de Saoirse Ronan y Gemma Asterton.

Philomena

Seguramente sin pretenderlo, Stephen Frears se ha reivindicado a si mismo rodando a caballo entre Inglaterra, Irlanda y Estados Unidos un título tan cómico como dramático, bien escrito y mejor interpretado, que en algunos momentos va por libre y en otros, unos cuantos, resulta en exceso constreñido por los consabidos condicionantes de producción.
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Hércules: el origen de la leyenda

Resulta lastimoso comprobar los estragos que, en la filmografía de Renny Harlin, han producido casi dos décadas de ostracismo cinematográfico. El que fuera uno de los directores más en forma del Hollywood de los noventa se agarra al clavo ardiendo del Péplum versión siglo XXI, con funestos resultados.