El mesías

La ciencia ficción es probablemente uno de los géneros cinematográficos más versátiles y un lugar idóneo para dar rienda suelta a las grandes utopías del hombre. Es por ello que el género está dominado por grandes relatos épicos que reinventan las aventuras de nuestras narraciones clásicas trasladándolas a una dimensión imposible porque, entre otras cosas, desafían las leyes de la razón y los límites de la comprensión humana.

Perdidos, en tanto que serie de ciencia ficción antes que relato de supervivencia, no rehúye esta constatación. Haciendo gala de un cierto gusto por el juego postmoderno, la serie introduce con naturalidad un tranquilizador relato mesiánico con referencias explícitas a lo bíblico. Más allá de la influencia de las civilizaciones anteriores en las formas contemporáneas de organización cultura y social, Perdidos encuentra en el personaje de John Locke (Terry O’Quinn) al mesías que está predestinado a salvar el mundo, en su caso representado en el microcosmos de la isla, y a luchar contra todos los obstáculos que se interpongan en su camino. ¿No lo intuye el espectador a partir del capítulo Expedición (episodio cuarto de la primera temporada) al descubrir que Locke era paralítico antes de llegar a la isla?

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La función mesiánica de John Locke es la responsable de que los guionistas hayan concebido el personaje desde la espera y la reflexión, justo lo contrario de la forma como concibieron a Jack Shepard (Matthew Fox), a quien podríamos considerar el verdadero antagonista del primero. Mientras el doctor Shepard se erige como líder instrumental del grupo de supervivientes ya en los primeros capítulos de la primera temporada, John Locke es dibujado como el único de los personajes que es capaz de conectar espiritualmente con la isla y sus misterios. Y, de hecho, es el único que es capaz de ver y hacer ahuyentar al monstruo, como si su conocimiento lo dotara también de poderes mayores e incomprensibles por el resto de supervivientes. De este modo, Shepard encarnaría al prototipo de héroe diurno, preparado para hacer frente a todos los obstáculos tangibles, desde la falta de comida hasta la necesidad de cobijo o la organización de los recursos, mientras que John Locke encarnaría al líder espiritual, el que debe conducir al grupo hacia un conocimiento mayor de la isla, entendida ésta como metáfora del mundo.

No es de extrañar, pues, que uno de los conflictos principales de la serie, el que se centra en la dicotomía ciencia/fe propia del relato clásico de ciencia ficción, encuentre su forma de materializarse en el enfrentamiento entre ambos personajes. Mientras Locke siente una fe ciega en la isla, Jack no puede quitarse la venda científica de los ojos argumentando que lo que no es cognoscible para el hombre sencillamente no puede existir. Así las cosas, es también lógico que sea Jack el que logre abandonar la isla mientras que deba ser John Locke el que sacrifique su vida para salvar a todos los supervivientes, los que se fueron y los que se quedaron. Muerte y resurrección una vez que vuelve de nuevo a la isla con el objetivo de ir a rendir cuentas con Jacob, una posible reencarnación de Dios. Nada más cerca de lo que vivió el mesías del credo católico.