A partir de esta segunda entrega de episodios especiales de Halloween, los nombres del equipo artístico y de producción de la serie comenzaron a apostillarse en forma de scary names, con motes o referencias terroríficas —aunque paulatinamente avanzaron hacia el absurdo y el surrealismo—, inspirándose en una de las producciones de referencia de estos capítulos, como eran las publicaciones de la EC Comics —cuyos autores también tomaban apodos alternativos, creando una atmósfera a medio camino entre el humor y lo escalofriante—.

Antes de que nuevamente aparezca Marge para advertir de las consecuencias que en los niños puede tener la visión de este episodio, la cámara no podía perderse su cita de sobrevolar las lápidas del cementerio. Esta vez nos encontramos con la madre de Bambi, Walt Disney —suponemos que para los creadores de esta serie tan alejada de los parámetros de la «factoría del ratón» es mejor tener al famoso creador bajo tierra que crionizado, ante la posibilidad de verlo de nuevo deambular con nuevos y repelentes personajes—, la tumba de Jim Morrison custodiada por un hippies y una lápida que, a modo de hilarante reclamo publicitario, anuncia Pierda peso ahora. Pregúnteme cómo.

Los episodios surgirán en formas de pesadilla de cada uno de los miembros más golosos de la familia, al ingerir gran cantidad de caramelos.

La pesadilla de Lisa tiene ecos de la película Gremlins (Id., Joe Dante, 1984), donde un anciano chiflado de Marrakech vende a Homer una mano de mono que es mágica, advirtiéndole de una maldición que pesa sobre dicho objeto: todos los deseos tienen un reverso negativo. Ya en su hogar, al pedir Lisa paz en el mundo —ante lo cual Homer despliega otro de sus peculiares pensamientos: Lisa, ¿cómo puedes ser tan egoísta?— provoca la invasión extraterrestre —cómo no, a cargo de Kang y Kodos— con el simple uso de una porra y un tirachinas, puesto que todas las armas del mundo se han destruido. Al cederle su uso Homer a Flanders por agotamiento del poder de la mano, éste nos libra de la invasión, huyendo los aliens mientras pronostican que la humanidad volverá a cometer los mismos errores… ahora con tablas con un clavo como armas en vez de bombas nucleares. Flanders se vuelve famoso y los Simpson caen en desgracia, lo que realmente es toda una maldición para el cabeza de nuestra querida familia al ver cómo triunfa su vecino.

Para Bart reservan uno de los más famosos episodios de The Twilight Zone, It’s a Good Life, donde un insignificante niño tiene aterrorizados a todos sus vecinos por su poder de convertir en monstruos a todos aquellos que no piensen cosas alegres, tiranizándoles para hacer el mundo a su medida y su capricho. Un médico diagnostica que Bart ejerce sus perversiones por la falta de amor paterno, con lo que Homer y él comienzan a pasar más tiempo juntos. Su padre estará tan agradecido de la nueva conducta de su hijo que le dará un beso y un abrazo, despertando en ese momento Bart, gritando en mitad de la noche: su pesadilla es, por lo tanto, que el gordo bobalicón de su padre manifieste ese tipo de sentimientos hacia él.

Después de acudir los dos niños a dormir en la cama de sus padres, veremos la pesadilla de Homer, que en manos del señor Burns se convierte en el monstruo de Frankenstein, introduciendo el cerebro de su incompetente empleado dentro de un robot después de haberle despedido y de que Homer haya aceptado empleo como enterrador —él, siguiendo su incompetencia, se ha quedado dormido en una tumba y es confundido por Burns y Smithers con un cadáver por su pestilente olor—. Pero la criatura tendrá las mismas molestas costumbres que el portador original del cerebro: estará más interesado en localizar rosquillas glaseadas que en los cometidos que su amo le invoca y se echará a dormir frente a la consola de control de la central. Por un accidente Burns está a punto de morir, resultando su cuerpo más inservible de lo que ya era, siendo su cabeza injertada en el cuerpo del ya recuperado Homer, al lado de su propia cabeza, como un siniestro siamés que, al final del episodio, deberá soportar en su vida real, saltando la pesadilla a la vida cotidiana. Marge, por lo tanto, se convierte así en la novia del monstruo, como apareció coherentemente disfrazada al principio del episodio.