A partir de la segunda temporada se instauró en el equipo de creación de Los Simpson la tradición de realizar un episodio especial sobre la Noche de Halloween, basándose sobre las premisas estilísticas y narrativas de series como Tales from the Crypt, The Twilight Zone, Amazing Stories o The Outer Limits y tomando su nombre de Hammer House of HorrorTreehouse of Horror en inglés, a pesar de que en España no se oficializaría el nombre de La casa-árbol del terror hasta la séptima temporada—.

En esta primera entrega la cosa funciona como en las antiguas películas de terror —sobre todo con El doctor Frankenstein (Frankenstein, James Whale, 1931) como referente más directo—, pues Marge sale a un escenario para advertir a los padres de lo pernicioso de dejar ver a sus hijos historias tan terroríficas como las que a continuación se van a mostrar.

Antes de los tres episodios de este capítulo, la cámara recorre el cementerio de Springfield para introducirnos en el clima de terror de las historias que vienen a continuación, mostrándonos algunas lápidas de tono verdaderamente satírico, desde Garfield a Elvis pasando por Casper, para llegar a las dos últimas: la música disco (sic) y… ¡Paul McCartney! —haciéndose así eco de la leyenda urbana que reza que el beatle lleva muerto desde los años 60—.

El primero de los cuentos llevará por título Bad Dream House (La casa de la pesadilla), basándose en la historia real de Amityville pero con guiños a otros films del género como El exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973), La leyenda de la mansión del infierno (The Legend of Hell House, John Hough, 1973), El resplandor (The Shining, Stanley Kubrick, 1980) o  Poltergeist (Id., Tobe Hooper, 1982). La familia se muda a una casa de estilo victoriano que han conseguido a precio de ganga —el bueno de Homer pareció no sospechar nada del tipo que se la vendió, un tal señor Specula— que, cómo no, poseerá un cementerio indio en el sotano —con indios de uno y otro pelaje, pues entre las de Toro Sentado, Gerónimo, Caballo Loco y Pocahontas se encuentra la de… ¡Mahatma Gandhi!—. Sin embargo la casa, que posee personalidad propia y desea torturar y acabar con la vida de todos los miembros de la familia —haciendo que se maten entre ellos—, optará al final por autodestruirse antes que soportar a unos inquilinos como los Simpson.

El segundo episodio, Hungry are the Damned (Los condenados están hambrientos) está basado en el famoso episodio de la serie The Twilight Zone (La dimensión desconocida, creada por el genial Rod Serling a finales de la década de los 50) titulado  To Serve Man (Servir al hombre). En él se nos presentará a dos personajes fundamentales en el desarrollo de todos los especiales de Halloween posteriores, pues los aliens Kang y Kodos no desperdiciarán la oportunidad de tener su minuto de gloria a lo largo de los relatos de la casa del terror que vengan en los años venideros. En éste abducen a la familia, agasajándoles con buenos modales y atenciones, pero Lisa sospechará al encontrar un libro de cocina titulado How To Cook Humans. A pesar de que los extraterrestres traten de justificarse, pues el epígrafe de la portada es erróneo —el duelo de soplidos entre Lisa y uno de los alienígenas transforma la cubierta paulatinamente de la ya mencionada a How To Cook For Humans, pasando por How To Cook Forty Humans para terminar con How To Cook For Forty Humans—, éstos terminarán sintiéndose ofendidos por la ingratitud de los humanos, devolviéndoles a su miserable planeta Tierra.

Para terminar, el episodio titulado The Raven (El cuervo) sólo lo podía contar la niña-intelectual —y en ocasiones bastante repelente— Lisa, pues ante las absurdas historias de su hermano —más centrado en la cultura popular emanada de formatos como los comics o la televisión—, ella apela al espíritu romántico decimonónico encarnado por el genial Poe y sus infernales historias de terror psicológico. Aquí la víctima es el bobalicón, susceptible e ingenuo Homer, siendo su mayor pesadilla la de la vida real: su hijo Bart, esta vez transformado en cuervo, todo ello narrado por la inconfundible y profunda voz de James Earl Jones en su versión original —que es como decir que Darth Vader nos sentara en sus rodillas y nos acunara con su aterciopelada voz en una dichosa pesadilla—.