A propósito de los malos, a propósito del aura

El cazador de hombres de Michel Mann, (Manhunter, 1986) entendió la lógica de su presa y mientras planeaba como atraparlo le dijo en voz alta: «¿Has visto esas cintas miles de veces, no? Porque contigo todo es ver, la primera percepción sensorial que te hace soñar en vivo es ver. Reflexiones, espejos, imágenes…» El otro policía, mientras escuchaba las palabras del cazador le preguntó que relación veía entre cada una de las victimas del asesino, y él responde: «El aura, estas mujeres tienen un aura especial, ¿tu no lo ves?»

Otra vez Michel Mann enfrenta las polaridades, el asesino y el cazador pueden existir porque existe su reverso, la otra cara de la moneda es una cuestión, entre otras cosas de actitud, el límite es lábil. El cazador entendió el móvil del asesino: el aura, ver reiteradamente las cintas en las que grabó a sus víctimas, verlas y recrearse en ellas, congelar un momento, repetir el momento, hacer circular el instante donde se ve el aura de una persona. Michel Mann comprendió una buena parte del todo: las imágenes son más que las imágenes, están conformadas por lo que imaginamos de ellas, son también lo previo, ellas dicen algo pero sólo en función de quien las mira. Mirar: ponerse en el lugar del otro.

La belleza de las cosas

En Enemigos públicos la apuesta es radical, el policía no puede mirarle los ojos a quien está por morir y cuando se encuentra con el popular ladrón Dillinger, éste lo reconoce de inmediato porque a ambos los pueblan los mismos fantasmas: perseguidor y perseguido. Dillinger desde su celda mientras el policía voltea para irse, le grita: «¡de noche te acechan los ojos de todos los muertos que no pudiste ver!, ¿no es verdad?»

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Se reconocen, son la otra cara de una misma moneda, están atormentados por miedos similares pero uno eligió la institución y el otro, la calle (o la gloria).

Estados Unidos, 1930, la gran depresión destapó la olla de asesinos, rufianes, ladrones, embusteros y entre ellos Dillinger  asume su condición de marginal como una elección y no una imposición, no es una victima, es una cuestión –de– moral, se reapropia de los códigos del hampa como Mann reinventa los del policial: el creador hace de su criatura un escudo hacia las injusticias justas del mundo. Robar no está bien y Mann se pregunta: ¿robarle a quién no está bien? ¿robar cómo no está bien? Y lo que parece simple homenaje a Robin Hood se convierte hoy en una discusión fundamental: como giran los conceptos, como gira el poder y que posibilidades tienen aquellos que no se alinean detrás de la normativa. ¿Cómo gira el bien, cómo gira el mal, si al final todo rueda?

Llamado al orden / o al trabalenguas

Hay que saber ver que ver no es mirar, que la imagen antecede al ojo, y que en su encuentro a veces existe el cine. Que el género es un espacio, como la familia, una convención, donde a veces te tocan lugares horribles pero como todo, es cuestión de encontrarle la vuelta. Quizás sea eso lo que entendió Michael Mann al reescribir el género: volver a mirar el mundo con ojos de niño, ni buenos ni malos simplemente con menos axiomas y más sensibilidad; ni buena ni mala, es como el aura: la veo o no la ves.