Muchos mundos para ninguna persona

No sé si esta será la última vez que empiece esta crítica. No sé si me hago viejo o todo envejece a mi alrededor, pero cada vez me cuesta más poner atención en lo que no me llama la atención. No sé si será una metáfora o una deficiencia, si será por mi inconsciencia o por agotamiento, por mi desmesurado interés en lo interesante o por mi inexorable declive hacia lo reconocible y lo conocido. Pero ciertamente, he borrado ocho veces lo que tengo que decir, he empezado en nueve ocasiones lo que ahora te digo: Up in the air es una película con poco o nulo interés sobre todo por su maniática convicción de hacerse constantemente la interesante. Juno era una modesta producción que a muchos molestó sobremanera. No sé si por eso, o por nada partícular, a mí no me disgustó demasiado. Me pareció obvia, escrita de una manera mediocre y con una banda sonora de esas tan bonitas que le baja puntos a la percepción de la película (lista de reproducción de spotify de un amigo triste y con relativo buen gusto como en 500 días juntos). Pero de ahí a enfurruñarme, votarla en sobrevaloradas o mirar de mala manera a los compañeros de butacas que salían sonrientes del cine va un mundo por lo menos. Con Up in the air me ha pasado lo mismo: ni me he enfurruñado, ni la consideraré sobrevalorada, ni miré mal al imbécil que no se calló en toda la película. Pero de ahí a que me gustara sí que va un mundo. O varios.

Un mundo cinematográfico

Up in the air va sobre aviones, habitaciones de hoteles, aeropuertos de paso y sentimientos en tránsito. Jason Reitman intenta comunicar la desazón del movimiento con imágenes aceleradas, la cotidianidad de las rutinas con planos que se repiten sistemáticamente, el lujo pasajero de Ryan con derroche en trajes caros y localizaciones. Es decir, podríamos ir catalogando ya a Reitman como cineasta de la obviedad, subrayador a sueldo, mártir de sus propio posicionamiento dentro de la industria, niño moderno viejo que ejecuta su obra según los parámetros preestablecidos por su propia condición independiente. De esa manera,  este stajanovista de lo alternativo vigilado, va cumpliendo con una puesta en escena coyuntural del guión de un libro que también es hijo de su tiempo. Él, como hijo de su padre, tiene cierta pericia a la hora de pulsar los resortes narrativos, pero eso no es suficiente cuando se narra a favor de una corriente corrientísima. Incluso su limpieza, ensucia.

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Un mundo ideológico

La crisis vista por los ricos no mola demasiado cuando todavía estamos encajando números para poder sonreír de otra forma. Por eso, que se nos presente al de las maquinas de café vestido de manera impecable, viajando en primera y ligando, malta de 12 años en mano, en un reservado, tan exclusivo que sólo está la otra persona, no es muy alentador. Pero si además este tipo se dedica a despedir a personas por toda América, mostrándonos con frialdad y entereza las armas de las que dispone para eso, ya no sé qué decir. Me dirán que es un hombre amargado (porque no tiene familia ya os lo digo yo, no porque sea verdugo de vidas), que aboga por hacerlo cara a cara en lugar de por internet (premio nobel ya) y que intenta ayudar a quien despide (solo ayuda a 1 de los 80 que salen, pero ya nos vale porque es el secundario famoso) pero ciertamente la dirección del discurso se tuerce irremisiblemente hacia valores reaccionarios, intereses empresariales (Paramount o cualquier otra de la tribu) y el humanismo abisal.

Un mundo mundial

 

Como vemos de fondo y formas anda bastante renqueante, pero además todo eso no queda ahí.  La película es desigual en su estructura, desaprovecha torpemente a Natalie (Anna Kendrick), el mejor personaje de la pelicula, la unica que es capaz de introducir una variante que sea de verdad entre tanta subtrama de diseño, nos lleva a una boda infumable, en la que además pasa inadvertido al gran Danny McBride, y para colmo se cierra con uno de esos finales previsibles y torticeros que hacen del giro inesperado, el lugar común mas obvio: la vida disoluta y libre de Ryan será castigada con la mentira porque realmente una vida disoluta y libre no es otra cosa que una mentira.

Mucho avión, mucho hotel y mucho mundo pero ni un solo personaje que sea una persona.