La broma asesina

De acuerdo, Joaquin Phoenix, a pesar de sus limitaciones, cuando encuentra un papel lo suficientemente interesante y sobre todo cuando es bien dirigido, es capaz de conseguir una innegable solidez interpretativa. De acuerdo, Casey Affleck ha demostrado que, además de ser el hermanito del inefable Ben, es un actor capaz de transmitir los diferentes matices de sus personajes más ricos. De acuerdo, siempre, aunque sea por puro morbo, es divertido ver los entresijos, con sus correspondientes miserias, de las grandes industrias, ya sean la cinematográfica o la musical. De acuerdo, igualmente divertido, resulta, por supuesto, ver la decadencia, sobre todo si es particularmente patética, de un actor otrora endiosado. Ahora bien, por muy de acuerdo que podamos estar en todas estas cuestiones, y que se cumplen en su totalidad, el documental (o el falso documental, o lo que demonios pretenda ser) I´m Still Here, es una de los mayores sinsentidos  de los últimos tiempos.

Como ya todos sabemos, con la complicidad de su cuñado, Casey Affleck, el actor Joaquin Phoenix, después del rodaje de Two Lovers (James Gray, 2008), anuncia su retirada para dedicarse a su nueva vocación, la música rap. Se deja crecer la barba y el pelo, se abandona físicamente y empieza a comportarse como si le faltara un tornillo. Durante meses, saltan los rumores a propósito de un más que previsible montaje, mientras un descerebrado Phoenix hace el ridículo a diestro y siniestro, en diferentes apariciones públicas. En efecto, no tardan en confirmarse las voces que apuntan a un montaje que concluirá en un filme. Estrenado el resultado del trabajo de dos años, que incluye un auténtico suicidio artístico del intérprete, el espectador no puede dejar de preguntase por la razón que ha movido a los principales  responsables a perpetrar lo que con la mayor de las benevolencias cabe denominar  broma pesada sin gracia. ¿Deberíamos calificar semejante sinsentido como estúpido capricho de dos estrellitas de cine aburridas? Tal vez, pero también debemos preguntarnos por la repercusión y/o interés que una cinta tan tramposa como ésta suscita entre el público, crítica e industria, ¿tan necesitados estamos de asistir a un bochornoso espectáculo lleno de condescendencia con el que su principal artífice trata de tirar por el retrete su carrera? ¿Cuáles son las auténticas razones por las que decide embarcarse en un proyecto tan arriesgado? ¿Intentar un triple salto mortal actoral? De acuerdo, supongamos que es así, viendo, entonces, el lamentable resultado, ¿Joaquin Phoenix puede pensar otra cosa que no sea que ha hecho el primo?

¿Existe, en realidad, tanta distancia entre las burdas bromas televisivas del por fortuna ya extinto programa Inocente, inocente y una película como I´m Still Here? Ambas tienen un acabado igualmente deslavazado, su alcance no pasa de ver como un grupo de famosillos (o personajes anónimos, lo mismo da) lo pasan más o menos mal frente a una situación que no controlan (o al menos eso es lo que pretenden hacernos creer); quizá, con todo, deberíamos preferir las gracias del programa que presentaba Juan y Medio por su relativa brevedad frente a las interminables dos horas de la inocentada de Phoenix/Affleck. Siendo propuestas idénticas, ¿por qué otorgar alguna relevancia fílmica a una idiotez como I´m Still Here y ninguna a la cámara oculta que puedan, entre video y video chusco, hacer a cualquiera de los horripilantes colaboradores del Sálvame diario? Sin duda, porque nos encanta la carnaza auténtica y no los desechos de la tele,  y siempre es una gozada ver hasta donde puede llegar la desvergüenza y patetismo de una estrella de Hollywood (para la ocasión, no se lo pierdan, el tarado de Phoenix no duda en dejar que defequen sobre su jeta). Entonces, ¿para qué demonios han servido los meses y meses de papelón del actor y el brutal destrozo de su imagen pública fuera del hecho de que su familia tenga un video con el que descojonarse en navidad? Por desgracia, para nada, no ha servido para nada. Matizo, ha servido para que a fecha de hoy, Joaquin Phoenix no tenga ningún proyecto bajo el brazo y que su presunta profesionalidad se haya visto seriamente cuestionada. Para colmo de males, todo el conjunto (pretendidamente espontáneo) apesta a tramposo y a continua ilustración de un guión estudiado al milímetro. ¿Alguien de verdad se cree que a un peso pesado de la televisión estadounidense como David Letterman dos graciosos van a colarle su ocurrencia, o que Ben Stiller o P. Diddy Combs van a prestarse a seguir el juego de un rematado imbécil al que presuntamente se le ha ido la cabeza sin tener su participación bien clara? No, lo peor es que en su pretendido más difícil todavía, se revelan todos los artificios de la cinta hasta apestar todo el metraje. Por eso Phoenix & Affleck se descubren como un par de farsantes, en el peor sentido, que ni siquiera se plantean ir más allá de la caricatura o la pornografía barata sentimental. Los dos responsables son incapaces de organizar con un mínimo de coherencia un material que convierten en un tedioso mamotreto audiovisual sin ninguna forma o lógica, desperdiciando la oportunidad de echar un vistazo, desde dentro, a la gran industria, con toda su hipocresía y amargura, primando el ejercicio egocéntrico y caprichoso. Las supuestas reflexiones sobre las trampas de la fama, y la imposibilidad de un actor, haga lo que haga, de huir de ella, o el hipotético descenso a los infiernos que vive el protagonista, no dejan de ser apuntes anecdóticos, desperdiciados.

En conclusión, I´m Still Here no es más que el antipático juguete de dos niños ricos que han visto como implacablemente todas su ambiciones artístico-sociales (si es que de verdad, en algún momento, se las han planteado) se han diluido hasta descubrirlos como un par de estafadores. Por supuesto, habrá espectadores que les reirán la broma e incluso tratarán de encontrar un alcance, una profundidad y un sentido a todo, pero para este crítico, maldita la gracia.