Frases que recuerdo

2004

Vi Noche de miedo (Fright Night, Tom Holland, 1985) por última vez en mi tercer año de Periodismo, la víspera de un examen de Política Internacional Europea, hará unos siete años. Sé que el nombre de la asignatura suena respetable, pero la verdad es que no me asustaba en absoluto. Una mujer ancha con morros de tiranosaurio que rondaba por ahí en esa época iba entrando de vez en cuando en el comedor y me transmitía, comentarios lacónicos mediante, lo desgraciada que se sentía por el hecho de estar tan cansada de estudiar, nerviosa por el examen que ella también tenía, mientras yo estaba allí, tan tranquilo, viendo un filme que, en su amoblada cabeza, debía ser pura mierda para gente descarriada. Disfruté, por supuesto, de aquella película que, además de ser un auténtico clásico ochentero para connaisseurs, para mí había sido casi como una primera novia en lo que a cine se refiere. Una semana después, me encontré con el profesor de Política Internacional Europea en el vestíbulo de la facultad, y, al tenerme de frente, me estrechó la mano, en un gesto que, años después, aún no sé si interpretar como un capricho o una extraña formalidad. Me felicitó por haber sacado un 9,3 en el examen, la tercera mejor nota de la clase.

2000

Sólo he visto Noche de miedo doblada una vez, la primera, grabada de Calle 13. Pero, como suele suceder en las experiencias iniciáticas, se me quedaron martilleando en los intersticios de la mente, varias frases de la película. La escena que más recuerdo es cuando Charlie Brewster y Peter Vincent entran en la morada del vampiro, para la batalla final, y éste les recibe desde una baranda, espetándoles, entre la excitación y el recochineo, un flamente “Bienvenidos a Noche de Miedo. La auténtica”. Inmediatamente a continuación, el personaje interpretado por Roddy McDowall veía como Jerry, su enemigo, estrujaba como si fuera mantequilla la cruz que éste, con simulado aplomo, le plantaba delante de la cara. “Hay que tener fe en eso para que funcione conmigo”. Si existiera una MAC (Misteriosa Autoridad de la Crítica) que, de golpe y porrazo, dictaminara que el ejercicio de la crítica cinematográfica y, en concreto, el análisis de un remake, habría de ser meramente empírico, limitándose a una comparación estricta de los principales aspectos de los dos metrajes, yo trataría de ver cuánto de lo que recuerdo de la versión del 85 conserva el brillo original. Y aquí está todo muy claro: la han cagado. Marti Noxon, la guionista del remake, introduce con calzador el “Bienvenidos a Noche de miedo…” hacia el final de la película, sólo que esta vez, los dobladores, muy profesionales pero sin conocimiento de causa, cambian lo de “la auténtica” por “de verdad”. Una traducción fiel al texto original, que reza “Welcome to Fright Night. For real”, pero carente de la cómica majestuosidad de la escena original. Y el gag de la cruz está puesto también, de mala manera, en una persecución automovilística. Tampoco funciona demasiado. Me han jodido el recuerdo. O el recuerdo me ha jodido, es otra forma de verlo.

2011

Si cuento el importe de la cena, me costó 15,80 euros ver, en 3D, Fright Night (Craig Gillespie, 2011). Y no volveré a verla. Ello no significa que la sosa revisión de la película de Tom Holland no tenga cosas rescatables. Una de ellas es Christopher Mintz-Plasse, pueden llamarlo McLovin. El rollo juvenil de amistad puesta a prueba por el tiempo funciona mientras él está ahí. Cuando desaparece, para mí, el filme pierde todo el interés. Al menos, Craig Gillespie y su director de fotografía, el español Javier Aguirresarobe, logran que la cinta tenga colores vivos y parezca remotamente ochentera, aunque, desgraciadamente, su humor ineficaz y la poca imaginación con la que se desarrolla la trama la acercan más a las peores producciones de la Empire que a otra cosa. Aquellas en las que ni siquiera había suficiente carne y sangre como para celebrar una pequeña fiesta. Bueno, Aguirresarobe se marca algún que otro amanecer que no me importaría haber visto con mis propios ojos. Luego, a priori, tanto Andy David Tennant como Colin Farrell parecían elecciones interesantes de casting; sobre el papel, el ridículo y trasnochado macarrismo que gastan ambos los hace parecer más bien personajes de alguna subtrama descartada, seguramente con justicia, de la serie True blood. Ni que decir tiene que el nuevo Peter Vincent no le llega a la suela del zapato al de Roddy McDowall. De hecho, la única frase de este remake que se me ha quedado en la memoria, casi a modo de epifanía encriptada en la misma película, es lo que le dice Charlie a su novia antes de que ella conozca a Vincent: “No es impresionante, créeme, pero es lo que tenemos”. Una cita que bien podría interpretarse como un alarde de humildad inconsciente por parte de los responsables del filme.