Efectividad

Después de rodar una película como Zombieland Ruben Fleischer ha vuelto a atacar por el lado de la comedia, pero nuevamente mezclándola en una historia de otro corte. Si en su primer largometraje las risas envolvían una ciencia-ficción apocalíptica con zombis ahora se  trata de un thriller de acción.

Un adolescente de cuarenta años (Danny McBride) con mente empresarial decide matar a su millonario padre para heredarle. Esto, así de partida daría mucho juego para un drama social o una tragedia con tintes shakespearianos. Los millones son para, junto a otro adolescente cuarentón bastante memo que hace las veces de secuaz (Nick Swanson —Travis—), montar un puticlub encubierto de salón de bronceado (que nadie se vaya en los créditos finales). Para no implicarse demasiado contrata un asesino a sueldo. Para pagarle, secuestra a un repartidor de pizzas, le ata una bomba al cuerpo y le pide que robe un banco. Una mente empresarial y una comedia, lo dicho.

Tras la citada Zombieland repite Jesse Eisenberg en el papel protagonista, (el del repartidor, sí), y Aziz Ansari es su sidekick (utilizo el término porque Nick —Eisenberg— no deja de ser una especie de héroe contra las cuerdas, obligado a hacer el mal para salvarse).

El humor se construye alternando situaciones divertidas per se (p.ej. cuando Chet —Aziz— intenta buscar en la wikipedia como desactivar una bomba mientras Nick se desespera, o el propio atraco), con otras que lo son por lo escatológico (p. ej. cuando Dwayne —McBride— simula que Jason Vorhees de Viernes 13 le practica una felación delante de un proyector que exhibe alguna película de la saga) o lo malsonante. Normalmente las primeras vienen por parte de la pareja heróica Eisenberg-Aziz y las segundas por parte de la villanía encabezada por McBride.

 

El carisma de Eisenberg (no olvidemos que antes de esto ha sido Mark Zuckerberg, creador de facebook), y la capacidad para el humor de McBride, tan basada en el lenguaje soez como efectiva, cada uno de ellos con su respectivo partenaire, garantizan la solvencia en lo tocante al entretenimiento y a la comedia. Es más costoso encontrar la incorrección o subversión que cabría esperar en una película que comparte reparto con, por ejemplo, Observe and Report. Que la cajera del supermercado confunda con violadores a los protagonistas cuando compran los accesorios de atracador está bien, pero utilizar una clase llena de chavales (Chet es profesor) haciendo un chiste light exponiendo a uno de los jóvenes ante la chica que le gusta es como decir “Eso me dijo ella” sin que se pueda interpretar sexualmente en relación con la frase anterior.

Y por supuesto, también se aborda la tópica historia de amor: la novia de Chet, el amigo hindú (nunca son feas), y por la que Nick traiciona a su amigo en un par de ocasiones, generando conflicto y poniendo en peligro la relación con su amigo en la primera y exponiendo la vida de ella en la segunda. Del mismo modo que el megaplan de Dwayne sirve como motor para la comedia y para el arranque de la historia, la subtrama romántica, aunque carente de originalidad, cumple bien con el cometido de ejercer de catalizador para la parte de la acción, más centrada en la pareja protagonista.

Pese a que la película tampoco está caracterizada por su dirección, bastante discreta, eso no es malo si como aquí se lleva bien el ritmo narrativo y se nos engancha a la historia, se dosifica la acción con los diálogos (de nuevo a través de la dualidad entre ambas  parejas protagonistas) y se concluye con coherencia. Una efectividad que ya quisiera para sí el protagonista para entregar las pizzas en esos treinta minutos siempre insuficientes. Una efectividad siempre preferible a desmadres autorales  narcisistas y descompensados.