La desaparición de Makelele

Pongámonos en perspectiva, era el verano de 2003, el Real Madrid acababa de proclamarse campeón de liga y tan sólo una microlesión de Ronaldo y un penalty fallado por Luis Figo le impedían levantar una segunda Champions League consecutiva. Eran días plácidos en el periodo galáctico, instaurados en la política de su presidente de “Zidanes y Pavones”, donde la llegada de Beckham y el asentamiento de una dudosa generación de canteranos, acabó confirmando una política deportiva que desembocaría en la desaparición de lo que desde entonces se acabó denominando “la clase media”. Ese mismo verano e independiente a la composición del equipo, un jugador de la primera plantilla, Claude Makelele, exigió una revisión de su contrato amparándose en su gran rendimiento deportivo y con el amparo de una supuesta oferta del Chelsea, convertido en nuevo rico a merced de la reciente llegada de Roman Abramovich a la presidencia del equipo. Florentino Perez, auspiciado en el consabido prestigio de su equipo, desoye la petición del jugador francés que acaba emigrando a tierras londinenses. A partir de ese momento, el Madrid viviría en una burbuja ilusoria de juego y resultados que colapsaría el 17 de Marzo de 2003 en Montjuic cuando el equipo perdiese la final de Copa del Rey contra el Zaragoza provocando un efecto en cadena que le llevaría a caer en Champions y Liga contra equipos tan legendarios como el Valencia de Mista o el Monaco de Giuly. Desde aquella derrota y aquella huída, el Real Madrid no sólo perdería el dominio del futbol continental sino que perdería el norte futbolístico tratando de sustituir a Makelele por cancheros de equipo pequeño como Pablo García o vikingos de llegada y pegada como Thomas Gravesen.

En un momento de Contraband (Baltasar Kormakur, 2012), el personaje de Giovanni Ribisi le echa en cara al encarnado por Mark Wahlberg que este ya no es su mundo. Reflexión similar se le podría achacar al remake americano de Reykjavík-Rotterdam (Oskar Jonasson, 2008), las progresivas mutaciones de la industria han provocado que las películas de clase media de Hollywood hayan perdido su lugar dentro del panorama cinematográfico actual y sean incapaces de conectar con cualquier pulsión de la actualidad ya sea a nivel formal o de contenido. Si en otras cinematografías contemporáneas, el thriller acaba emanando a modo de movimiento contrarrevolucionario contra el establishment ponderante, las agencias portuarias de las productoras estadounidenses permiten el tráfico y contrabando de guiones, adaptaciones y realizadores como productos sustitutivos de una clase de cine en peligro de extinción y a mayor gloria de la estrella de turno. No es de extrañar que una figura jurásica como Sylvester Stallone haya virado sus ojos hacia el Santos Trinidad de No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu, 2011) como oportunidad redentora para con su carrera.

Podría hablar de Nueva Orleans post Katrina como refugio cinematográfico del género, de la imposibilidad de huir de nuestro pasado, de la utilización de la violencia como justificación ante el resquebrajamiento del núcleo familiar por parte del exterior o incluso de la figura de Mark Wahlberg como personificación del conservadurismo moral de determinado tipo de cine, pero serían discursos superficiales y secundarios ante la bonita metáfora que se encuentra oculta dentro de la película. Mientras el padre cumple sentencia en prisión, el protagonista instala circuitos de seguridad para ganarse la vida de una manera honrada. Una preciosa alegoría sobre la situación de una clase de cine languideciente en la que los “padres” pagan por sus delitos con el destierro de la industria, los hijos que engendraron, se ganan la vida ofreciendo una falsa sensación de seguridad al ciudadano con películas tan olvidables como esta.

Cosa del destino o no, la misma semana que se estrena Contraband, en los cines de toda España, el Real Madrid camina con paso firme por La Liga a 10 puntos del segundo clasificado y recién clasificado para los cuartos de final de la Champions League donde su mayor problema será la sustitución de Xabi Alonso para la siguiente ronda. El Madrid disfruta de su mejor momento en estos últimos diez años, reinventándose en torno a la figura del stopper que personificó Claude Makelele, convertido ahora en eje central de la elaboración de juego acorde con los cánones imperantes en el futbol moderno.