Es el cine de Hong Sang-soo un cine que parece volver siempre sobre sí mismo, reescribir historias del pasado, crear un continuum cinematográfico inacabable en el que los personajes solitarios, en crisis personal o creativa, parecen estar transitando siempre por la misma película, como si vivieran anclados en un tiempo propio en el que los avances son escasos y la soledad perpetua. Igualmente, sus películas están inundadas de ciertos espacios simbólicos reconocibles. La capital Seúl es siempre filmada como un lugar frío y desalentador donde sus habitantes viven en compartimentos aislados dentro de edificios impersonales y alienantes. El viaje como vía de escape nos puede conducir a París, en aquel cuento rohmeriano que es Noche y Día (2008), o a la playa, paisaje periférico en el que hallar una cierta purificación o, dicho más llanamente, para desconectar de los problemas de la ciudad. Mujer en la playa (2006) ya ofrecía este relato: un director de cine coreano en crisis viajaba junto a una pareja al oeste coreano ante la necesidad de un cambio. En estos viajes hacia la introspección los acontecimientos nunca traerán giros radicales; las situaciones se moverán a través de hechos sutiles, casi imperceptibles, en ocasiones viviendo en un cierto estado de lasitud. En la reciente En otro país, una mujer francesa también imbuida en una necesidad de cambio viaja hasta en tres ocasiones (caprichos del metarelato de Sang-soo) hacia una zona costera en busca de un encuentro furtivo, un cierto anonimato o la tranquilidad del espacio. Un lugar reconocible en su filmografía y un personaje que parece inundado de tristeza, en una diatriba existencial similar a la de anteriores obras.

 

Desde su primera película, The Day a Pig Fell into the Well (1996) el cine de Hong Sang-soo parece buscar adscribirse a una construcción del relato más cercana al cine europeo que a la tradición narrativa asiática. Sus primeras películas ofrecen un hilo narrativo más construido, con personajes envueltos en encuentros casuales o en relaciones tormentosas, a veces a tres bandas. Coincide que a medida que ha ido trabajando con mayor austeridad de medios (las ventajas del digital) la ligereza argumental se ha hecho más presente, buscando dar una mayor dimensión a los matices de sus protagonistas más que a las tramas. Es una depuración narrativa evidente si seguimos el devenir de su obra, aunque la construcción general de la película pueda presentarse más compleja y ofrezca rupturas lineales ostensibles. Y en esta En otro país, esa depuración narrativa de la que hablamos se evidencia en ese giro radical de fragmentar la película en tres partes. Son tres posibles historias cortas para Isabelle Huppert, o tres maneras de reaccionar ante diversos encuentros que acontecen en la costa coreana. Este vagar de Huppert por la ciudad costera no es tan distinto de aquel que emprendía el apesadumbrado director de cine de The Day He Arrives (2011), donde los encuentros a los que nos tenía acostumbrado Sang-soo se acotaban, parecía buscar un remanso de soledad más que situaciones que cambiasen la actitud del protagonista, como en la citada The Day a Pig Fell into the Well. Dentro de las similitudes, si The Day He Arrives era una narración continua, aquí el relato se construye de manera cíclica. Aún así, estas tres historias no se presentan de manera independiente ni pretenden ofrecer argumentos por separado. Podría funcionar, desde una cierta lógica narrativa, como un extraño corpus de planteamiento, nudo y desenlace. Cada argumento va añadiendo más capas al personaje de Isabelle Huppert, desde la recia y melancólica mujer francesa de la primera parte, hasta la jovial y vitalista que se deja llevar por el afable socorrista. El evidente guiño que hace Sang-soo para unir esas experiencias es esa botella rota en la orilla.

En otro país aporta como novedad esta construcción elíptica de la historia, además de esa narradora omnisciente que aparece al inicio de la película y en la que se presenta de nuevo el personaje de un director con problemas de dinero. Pero las resonancias con el cine pasado de Hong Sang-soo son constantes: Isabelle Huppert pasea por la playa coreana como lo hacía aquella pareja de Una mujer en la playa, o con las mismas preocupaciones que tenía el director de cine en The Day He Arrives. Ver cualquiera de sus películas nos desvuelve a imágenes e instantes de la filmografía de Hong Sang-soo ya vistos, a espacios míticos de su obra o a personajes arquetípicos, pero en cada una de ellas estos recuerdos emergen vírgenes, como si volviesen a ser desconocidos para nosotros.