Sátántangó

¿Para qué hacer una película más sobre una historia que es, en principio, siempre la misma historia? Podríamos sugerir que es porque la exploración de las situaciones que esta historia idéntica puede determinar es tan infinita como la constancia con la que los individuos se aplican a soportarla. El círculo cerrado está siempre abierto.

— Jacques Rancière

Alabama Monroe

Para ser justas con su esencia, todas las películas de amor deberían estar articuladas desde un dos que atendiera a las fuerzas y tensiones constitutivas de una relación, alejándose de lo que queda recogido en un plano. Nos hemos acostumbrado a contemplar “devenires” modulados sobre un acontecimiento concreto vivido entre dos, a puntos de vista separados que resuenan en una misma historia o, en el mejor de los casos, a dos historias que caminan de manera paralela. El amor es un proceso en continua actualización que no puede ser atrapado en una imagen. Las películas de amor más interesantes de estos últimos años, como Copia certificada (Abbas Kiarostami, 2010) o Antes del anochecer (Richardo Linklater, 2013) se muestran como síntoma de esta paradoja: sobre los largos paseos de dos por paisajes míticos, indican la incapacidad de todo un arte de atrapar el amor dentro de una misma imagen. No obstante, cabe recordar que el amor es un proyecto de vida en común, una construcción de la que podríamos discutir si en algún momento alcanza un fin aunque se deshaga la pareja. Entonces, ¿cómo hacer para representar aquello que circula entre dos y que irremediablemente acaba encarnándose en una sola materia?

Alabama Monroe asoma en la cartelera para dar una respuesta contundente. Su estructura narrativa recae en bloques que no cesan de chocar, de enfrentase barajando tanto el nacimiento del amor de una pareja como su declive: Didier, líder de una banda de bluegrass. Elise, una tatuadota profesional. Los dos siempre actúan conjuntamente dentro de casa situación, de cada bloque. Los dos están, aparecen juntos en lo bueno y en lo malo. Pero lo importante no sería tanto la cercanía de su relación, sino la manera en que presente y pasado conviven en conflicto permanente, haciendo posible que la fuerza su relación circule en todo momento, sin encarnarse en nada ni nadie. Incluso en su hija, Maybelle; la manifestación evidente de que el amor ha alcanzado su cota más alta.

El cuarto largometraje del director belga Felix Van Groeningen, por el que ha sido nominado al Oscar a la mejor película extranjera en este año 2013, podría ser una reformulación de la representación del amor. Una tentativa que pretende escapar a su integración en una materia. Los elementos alrededor de los que gira se muestran inequívocos. A la citada presencia de Maybelle como centro sobre el que pivota la narración, tenemos que señalar, por ejemplo, el trabajo del director por mostrar la ingente cantidad de tatuajes que adornan el cuerpo de Elise, y que hacen de él una especie de museo viviente de las huellas que han dejado todos sus fracasos amorosos anteriores. El amor siempre tiende a detenerse, a transformase en una huella de visible, espectacular. Sin embargo, su visualidad, como todo lo visual, siempre es falso: no cesa de actualizarse, de mutar por zonas de invisibilidad, de sombra. Van Groeningen encuentra en la música que la pareja crea en conjunto, en la inmaterialidad acústica, el dispositivo con el que perseguirlo a lo largo de todo el film.

Llegados a este punto me parece conveniente sacar a relucir una famosa cita de Gilles Deleuze para entender la importancia capital de este amor, tanto en la película como en cualquier vida, que es lo más parecido a una canción. En uno de sus más celebres ensayos (¿Qué es un dispositivo?), apuntaba que «pertenecemos a los dispositivos y actuamos en ellos. La novedad de un dispositivo en relación a los anteriores es lo que denominados actualidad, nuestra actualidad. Lo nuevo es lo actual. Lo actual no es lo que somos, sino más bien aquello en lo que estamos a punto de devenir, es decir en lo Otro, nuestro devenir-otro. Dentro de cualquier dispositivo es necesario diferenciar entre lo que somos (eso que ya somos) y en lo que estamos a punto de devenir: la parte de la historia, y la parte de lo actual. La historia es el archivo, el dibujo de lo que somos y dejamos de ser, mientras lo actual es el esbozo de eso en lo que devenimos. De tal manera que la historia o el archivo es lo que nos separa todavía de nosotros mismos, mientras que lo actual es eso Otro con lo cual concordamos ya».

Alabama Monroe

El amor es un dispositivo excesivamente político. Después de Mayo del 68, la política adoptó diferentes formas amorosas, muy parecidas a la cultivada por el cristianismo (“amaos los unos a los otros….”) que fracasaron al intentar, como toda forma política, integrar toda diferencia en una misma idea. En realidad, el amor es algo completamente diferente a la política, pero que irremediablemente termina convirtiéndose en político al aceptar lo que no está permitido en política: la diferencia. Alain Badiou (Elogio del amor) ofrece una visión clara y concisa: «La esencia de la política está contenida en la cuestión: ¿de qué son capaces los individuos cuando se unen, se organizan, piensan y deciden? En el amor se trata de saber si son capaces, de a dos, de asumir la diferencia y hacerla creadora. En la política se trata de saber si son capaces, como número, incluso como multitud, de crear la igualdad.»

Didier, además de a Elise y a su hija Maybelle, ama a Estados Unidos. Lo considera el mejor país del mundo, tanto por la música que inventó Bill Monroe, como por su capacidad de reinventarse, de partir siempre de cero. Lo mira desde la distancia, desde la Bélgica en la que reside junto a su familiar, y desde la que contempla los atentados terroristas del 11-S. Elise no habla de ello, no dice nada. Solo sabemos que en una de sus primeras apariciones en pantalla luce un bikini con la bandera de la tierra de la gran promesa, y que en un momento dado cambia su nombre por uno de sus más famosos Estados. ¿Podría ser este el gesto radical de una película que en un vistazo rápido y poco atento será considerada como convencional?