Mí tío de América

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Nunca reconoceremos a Arnaud Desplechin la importancia que ha tenido La Centinella dentro del cine Europeo. En su segundo trabajo, firmado en el año 1992, colocó en el centro de su narración a un joven aspirante a forense, hijo de diplomático francés, que decide regresar a París desde Alemania para continuar con sus estudios. En el tren que le conduce de vuelta, un hombre le asalta e introduce en su maleta una cabeza jibarizada, sin que se de cuenta. Cuando la descubre, ya en su hogar y pese a su profesión, no sabe muy bien qué hacer con ella. Toda la película gira entorno a sus dudas y los comportamientos provocados por la irrupción intempestiva de esa cabeza de la que parece imposible conocer su origen. ¿Proviene de un gulag, de un campo de concertación nazi o no tiene nada que ver con un conflicto bélico? La cabeza es solo pasado. La importancia del film emerge de la manera en que, a partir de ella, pone en relación cuerpo y memoria sin pasar por el cómodo vínculo que siempre ofrece la psicología y el psicoanálisis. Este pasado irrumpe como un anacronismo que derrumba al joven forense, convirtiéndole es un ser completamente frío, vacío de emociones y sentimientos. Vive como un sujeto que ha perdido su subjetividad. ¿En cuantas películas contemporáneas resuena este esquema narrativo? Quizás sea La cuestión humana la que mejor ha sabido actualizarlo, para ir más allá de La Shoah, de la utilización del pasado como fetiche de consumo, para hacer palpable la problemática del lenguaje neutro y vacío al que nos ha condenado la psicología y la técnica. Además de, claro está, para estilizar la atmósfera fría, construida sobre colores grises y azules apagados, que ya estaba presente en la película de Desplechin.

La película que Nicolas Klotz firmó en el año 2007 estaba interpretada magníficamente por Mathieu Amalric. Actor que curiosamente comenzó a colaborar con Desplechin en La Centinella. Aquel fue, además, uno de sus primeros papeles en el mundo del cine. A partir de ese momento se convirtió en uno de los actores fetiches de Desplechin, y en piedra angular de la pequeña troupe (junto a Emmanuelle Devos) que el director francés ha elegido para interpretar la mayoría de sus películas a la manera de, por ejemplo, el recientemente fallecido Alain Resnais. Ahora, en Jimmy P.,  y después de haber tenido que pasar por el diván en películas Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle) (1996) o Un cuento de Navidad (2008), da vida al famoso psicoanalista Georges Devereux, que intentó revolucionar el mundo del psicoanálisis alejándolo de sus rígidas teorías para situarlo entre la antropología y el culturalismo. Su método se conoce como etnopsicoanálisis.

Jimmy P. está basada en una historia real, recogida en la novela de Devereux, Psicoterapia de un indio de las llanuras. Nos coloca en el año 1948, en la localidad de Topeka, Kansas. Allí y en aquel tiempo, funcionaba un importante hospital psiquiátrico en el que se trataban los traumas  de los soldados americanos que regresaban a casa tras la Segunda Guerra Mundial. Ante un caso difícil, los responsables médicos deciden llamar a Deveraux, el cual reside en Europa. El etnopsicoanalista debe tratar a Jimmy Picard (Interpretado por Benicio del Toro), un indio que ha vuelto a casa después de la guerra. Se siente mal físicamente (vértigo, perdida de audición) y todos los médicos le han diagnosticado esquizofrenia  aún sin estar seguros de ello. Deveraux comienza a aplicar su sistema para demostrar que el paciente no está loco. En un principio descubre patologías que entran dentro de las patologías propias del psicoanálisis, relacionadas con todo lo que ha quedado reprimido en las relaciones con las mujeres que han pasado por su vida. Pero aún así, no puede asegurar que el problema se halle en alguna parte de su cuerpo, espíritu o alma. Finalmente llega a la conclusión de que Jimmy no está loco. Solo padece un malestar corporal, que no se origina en su cuerpo: simplemente ha sido atravesado por “algo” que le ha dejado unas secuelas.

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Desplechin parece empeñado en desmontar y poner en evidencia la inutilidad del psicoanálisis. Todo el film, en el que los dos personajes traspasan sus roles de médico y paciente hasta construir una relación de amistad, trata de evidenciar la inexistencia de un espacio donde pueda habitar el trauma. El punto fuerte de la película es, precisamente, el empeño que muestra en evidenciar que los traumas son una invención de la ciencia, una historia de fantasma para adultos que en realidad no tiene nada de real. Después de la guerra Jimmy no guarda más que una herida en su cabeza. Después de haber pasado por relaciones traumáticas con su familia y parejas, solo le queda el recuerdo y una narración. Su pasado ha pasado por su cuerpo, simplemente.

El amigo americano

En un primer vistazo, podría afirmarse que Jimmy P. es la película más convencional de Desplechin, ya que adopta la forma de reconstrucción histórica de una manera similar a la orquestada en Esther Khan (2000), o porque en el elenco está incluido un actor como Benicio del Toro y ha sido rodada en Estados Unidos. Probablemente, pero no debemos olvidar que en todas sus películas predomina lo americano, pese a que en sus formas son puramente europeas. Así que podríamos pensar perfectamente que este trabajo es una especie de sueño cumplido del director. El ejemplo más evidente lo encontramos en Un cuento de Navidad (2008), paradigma de esta aparente contradicción. El título hace referencia a la famosa película de Frank Capra y la maquinaria narrativa no cesa de reproducir los mejores esquemas tradicionales de los grandes géneros de Hollywood clásico. Sobre esa narración concreta, sus imágenes se edifican sobre recursos puramente europeos como la teatralidad y cierto grado de distanciamiento con las imágenes. Las películas de Desplechin son la celebración de una forma de narrar anacrónica que resulta imprescindible por su capacidad redentora: solo con esta narración es posible solventar la deriva de sus personajes a través del vacío. En La vida de los muertos (1991) todo gira alrededor del hueco que ha dejado un familiar tras su intento de suicidio. Mientras espera la muerte en un hospital, la familia se reúne en una casa para recapitular su vida. En la citada Un cuento de Navidad, una familia ha perdido a un hijo por una enfermedad genética y otro está ha punto de hacerlo sino se produce un transplante de médula. La familia se reúne en otra casa, narra los acontecimientos que rodean la vida que está ausente para conformar un cuento con, como no podía ser de otra manera, final feliz. En Jimmy P. ya no queda ni rastro de la familia, solo la amistad entre dos personas. Pero la estructura es la misma; narrar lo que ha pasado por la vida y la vida que ha pasado. Así de simple es el cine de Desplechin, aunque todo lo que le acompaña haga pensar lo contrario.