Escrombros #01: Materiales para escribir una crítica desquiciada de ‘La imagen perdida’

1.A Véase el punto 6.54 del Tractatus. No el 7. El 7 es el que va a citar todo Dios con ocasión de La imagen perdida (L’image manquante, Rithy Panh, 2013). Pero vamos durante un segundo al 6.54, en el que Wittgenstein escribe:

Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo; que quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas, fuera de ellas.  (Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido).

Debe superar estas proposiciones; entonces tiene la justa visión del mundo.

1.A.1 ¿La Justa visión del mundo? El mundo como conjunto de hechos, como todo lo que ocurre, como por ejemplo el hambre, la muerte, las oposiciones para profesor universitario, Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), la dieta Dukan.

1.A.2 Dieta Dukan. Ingeniería Social. Niñas en Svay Park, a las afueras de Phnom Penh son raptadas en 2012, 2013, 2014 para ejercer la prostitución a manos de clientes que llegan de países neoliberales. El CEO de la afamada compañía que se filtra en la ropa interior de la nínfula debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido.

1.A.3 ¿La Justa visión del mundo? Panh repta hacia Lanzmann pero también repta hacia Godard, que plagió a Wittgenstein al decir que había una imagen justa, o [intento contener la risa] justamente una imagen. No se trata de hacer namedropping (que también), sino de plantear la única pregunta importante que Panh no plantea en su pieza: ¿De qué hubiera servido realmente que la imagen perdida no hubiera estado perdida? Dicho con otras palabras, ¿de qué hubiera servido tener la imagen real -¿desde qué ángulo? ¿con qué óptica? ¿rodada con qué cámara y montada junto a qué música?- del padre de Panh muriendo en el suelo de la cabaña? Indudablemente, no hubiera servido de nada. No hubiera servido en tanto las imágenes, por muy políticas que se autoconsideren, no pueden cambiar nada en absoluto. Sé que hay críticos que opinan lo contrario y les envidio. Sé que hay críticos que creen en el poder político de la crítica de cine y les envidio. Ojalá pudiera pensar que escribiendo sobre cine voy a cambiar realmente el hecho de que ahora mismo una niña de seis años sea violada por un antiguo currante de, pongamos por caso, Lehman Brothers.

1.A.4 Sigamos con el namedropping. Cito al Brecht que cita a su vez Godard en las Historie(s): «Ya no tengo esperanza. Los ciegos hablan de una salida. Yo veo.». Veo La imagen perdida y me atravieso de horror y luego corro a lavarme los dientes y a suturarme los labios para que todo el mundo aprecie mi silencio, el silencio comprometido y desactivado -¡reivindiquemos el silencio! ¡viva la inefabilidad y los límites de lo decible! ¡Viva el territorio de la imagen perdida, el territorio en el que Occidente de 2013 premiará a su Propio y Nuevo Lanzmann [The first Academy Award nomination for Cambodia]!  ¡Le daremos a Panh, a cambio de su dolor, una hermosa estatuilla dorada para que pueda llevar a la tumba de su padre! ¡Le cambiaremos sus estatuillas de barro pintadas por una única, eterna, cinematográfica estatuilla dorada!

1.A.5 Brecht era un autor comunista que, en poemas como Interrogatorio al bueno defendía de manera explícita el fusilamiento de los elementos contrarrevolucionarios. Lo comento por aquello de recordar a todos los que han fingido un horror pasajero ante La imagen perdida, o a los que fingieron horror ante S-21, la máquina roja de matar (S-21, la machine de morte khemère rouge, Rithy Panh, 2003), que el comunismo también es un totalitarismo. Lo recuerdo también para todos aquellos que —incluyendo al Slavoj Zizek menos afortunado—, andan proponiendo entre grandes carcajadas la destrucción de los sistemas democráticos para conseguir el retorno a la vieja violencia revolucionaria. Nos vemos en Phnom Penh, camarada.

1.A.6 Las imágenes forman parte del mundo, y el mundo es todo lo que ocurre, todo lo que acontece. Y en la dimensión de lo real del mundo —lo real es el gesto de la calavera que observa incrédula en una vitrina cómo a su vez es observada por turistas occidentales que la fotografían y la suben a su blog en un template de WordPress en el memorial de Phnom Penh, a pocos kilómetros de Svay Park—, decía, en la dimensión de lo real del mundo, ni un fotograma puede modificar un ápice lo que llega, lo que ya está aquí, lo que vendrá. Como nos enseñaron los verdugos de The Act of Killing Joshua Oppenheimer y Christine Cynn, 2012), el cine no hace más sabio ni más feliz a nadie.

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1.B Hace unos años, en las fiestas del Partido Comunista, no veas qué risas toda la peña coreando aquello del Álex Ubago —Me muero por conocerte, saber cómo te encuentras [Álex Ubago, para los incrédulos, actuó en las fiestas del Partido Comunista del año 2009] abrir todas tus puertas y vencer esas tormentas que nos quieran abatir, como las tormentas que caían en Camboya durante la gran fiesta del Partido Comunista que inauguró el año cero, qué risas maoístas, qué despolle estalinista, camarada.

(1.B bis: Si alguien lo pregunta, yo estuve entre la masa en 2009, con el puño en alto cuando Ismael Serrano —¿para cuándo la canción de Camboya, Ismael? Ya tienes la de las Torres Gemelas, la de Palestina, la de Mayo del 68, la del 11M, la del 15M, la de la Crisis… ¿para cuándo una sobre el S-21?— cantó Papá cuéntame otra vez. Panh, cuéntame otra vez la historia de tu padre que se dejó morir en la Gran Fiesta del Partido Comunista de tu país).

1.B.1 La peli de Panh viene un con un manual de lectura para críticos incorporado: metarreflexión cinematográfica, elementos kitsch, un yo enunciador que esconde una estructura de relato clásico como la copa de un pino, un texto elevadamente poético. Lo único que exige, por supuesto, es que creamos en la posibilidad de su propia imagen encontrada. La curación de la imagen, tan obvia en la cita a Freud y al psicoanálisis. Y hay algo que se debe reconocer en mitad de su escombrera: cuánta potencia visual, cuánta capacidad enunciativa, cuántas posibilidades aplica sabiamente para hacer cine. Qué gran fe tiene en sus propias imágenes, una fe que es a la vez memorística, religiosa, curativa, suturadora, imagen total que quitas el pecado del mundo.Panh termina diciendo: “Ahora os doy esta imagen perdida para que no dejemos de buscarla”. Es un juego cinematográfico hermosísimo.

1.B.2 “Juego cinematográfico” —¿estaré ya en el segundo Wittgenstein y ni siquiera me habré dado cuenta?

1.B.3 Si la película de Panh es tan precisa, y admiro su construcción, ¿por qué demonios no pudo estremecerme?

(1.B.3 bis: La primera vez que vi S-21, a la salida del cine, cené con unos amigos tan opíparamente como pude: recuerdo el sabor de la comida más incluso que la propia película, como si el acto mismo de disfrutar de una tarta de queso pudiera demostrarme de alguna manera que todavía estaba vivo. El pánico profundo que me había inoculado Panh, el pánico ante el umbral de la catástrofe fue una suerte de anagnórisis de lo cotidiano: poder tomar un cubata discutiendo de Michael Bay, poder pagar con una tarjeta de crédito a esa entidad bancaria cuyo CEO se pira a Svay Park a comprar niñas, poder fumar un Camel arrugado y mirar en silencio a una tardoadolescente morena guapa con boina que salía también de la Filmoteca a esa hora. ¿Por qué viendo La imagen perdida me ha parecido estar viendo a la vez una enorme película y un gesto de Magia Borrás cuyo truco ya conozco porque lo leí en el manual?)

1.B.4 He leído varias críticas a propósito de la cinta —una de ellas, aunque no la comparto del todo, me pareció muy buena: la de Déborah García en Cineuá— pero en ninguna se concreta respuesta alguna sobre la posibilidad de seguir viviendo más allá del texto. La cinta es magnífica, todo el mundo lo sabe. Pero… ¿Y ahora? ¿Qué hacemos con ella?

1.B.5 Desde luego, yo no pienso responder. Me basta con citar tres textos comunistas.

Ya no tengo esperanza [Atruena la razón en marcha/es el fin de la opresión/centrar en mis ojos tu mirada, cantar contigo al alba/besarnos hasta desgastarnos nuestros labios].

Los ciegos hablan de una salida [Agrupémonos todos en la lucha final/El género humano es/Me muero por abrazarte/y que me abraces tan fuerte/me muero por divertirte/y que me beses cuando despierte]

Yo veo.

(Centrar en mis ojos tu mirada)

(Centrar en mis ojos tu mirada)

(Centrar en mis ojos tu mirada)