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¿Cómo filmar la crisis de pareja en la contemporaneidad? La última película de Ruben Östlund, Fuerza Mayor (Force Majeure, 2014), gira alrededor de tal interrogante. A través de la historia de un viaje familiar a la nieve, el filme recoge la herencia temática esencial de la modernidad: la crisis de pareja. El hombre pierde la centralidad en el plano, la mujer se disuelve en la inmensidad blanca de un paisaje nevado. Imágenes con memoria, que remiten a los paisajes que en la modernidad cinematográfica devenían metáfora de la angustia existencial de unos personajes que quedaban empequeñecidos y asfixiados dentro de plano. Si en el cine clásico el héroe era dueño de la acción y dictaba los encuadres y movimientos de cámara, en la modernidad los personajes pierden su fuerza cinética y pasan a estar subyugados a otra fuerza que los sobrepasa (esa fuerza mayor de la que nos habla el título). La cámara ya no persigue su continuo movimiento, sino que se dedica a filmar un tiempo y un espacio en el que los protagonistas son incapaces de avanzar (no en vano en un momento del filme, el protagonista afirma ser esclavo de sí mismo). Entonces, la inmovilidad y la temporalidad devienen los mecanismos perfectos para transmitir el estancamiento de un amor caduco, en el que ya no hay lugar para el happy ending hollywoodiense.

Sin embargo, han pasado décadas desde que la modernidad cinematográfica comenzó a desmenuzarse, a mutar en formas nuevas y múltiples. En este sentido, Fuerza Mayor elabora su propia reflexión histórica acerca de las imágenes de las que es heredera, preguntándose hasta qué punto es posible en la actualidad seguir narrando de la misma manera la historia de una desestructuración matrimonial y familiar. Su actitud metalingüística se produce cuando la propia película vuelve una y otra vez desde diferentes perspectivas al hecho inductor de tal crisis (ese abandono por parte del padre en el momento en que la avalancha cae sobre su familia): unas veces se trata de una rememoración oral y otras de una mostración de las mismas imágenes filmadas. En cualquier caso, con cada revisión, la pareja busca la opinión y el juicio de otros personajes, que son también los mismos espectadores. Fuerza Mayor apela así de forma directa al espectador, con la intención de plantearse la vigencia de los estereotipos familiares (masculinos y femeninos) que el cine ha perpetuado a lo largo de su historia. 

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La película de Östlund plantea una serie de interrogantes que abarcan desde los misterios del alma humana hasta la misma historia del cine, moviéndose siempre al borde del abismo. El abismo físico de la naturaleza inabarcable, como lo es ese precipicio del final en el que los viajeros del autobús están a punto de caer una y otra vez. También el simbólico, que es la ruptura familiar que nunca llega a producirse o la infructuosa búsqueda de sentido para el incontrolable impulso del protagonista masculino. Un abismo que Fuerza Mayor roza, sin llegar nunca a revelar. Como ocurre cuando se pregunta desde la contemporaneidad por la herencia de cierto cine moderno, sin encontrar respuesta.