Watch That Man

David Bowie ha adoptado muchas personalidades a lo largo de su dilatada carrera musical. Desde el Comandante Tom hasta el Duque Blanco pasando por la andrógina estrella de rock procedente del espacio exterior Ziggy Stardust. No se trataban de meros disfraces sobre el escenario y para los videoclips, pues Bowie llegaba literalmente a desaparecer fagocitado por sus personajes, realizando sus apariciones mediáticas y concediendo las habituales entrevistas transmutado en sus alter ego con la mayor naturalidad. El 3 de Julio de 1973, Ziggy Stardust anunciaría su inmediata desaparición durante el concierto que dio en el Hammersmith Odeon junto a su banda The Spiders from Mars para sorpresa de todos los presentes, incluyendo los que se encontraban sobre el escenario.

Ese momento, que quedó registrado en el concierto Ziggy Stardust and The Spiders from Mars rodado por D. A. Pennebaker, es el punto de apertura de Cracked Actor, un documental de Alan Yentob producido para la BBC al año siguiente, durante la gira del disco Diamond Dogs (1974) de Bowie. El trabajo de Yentob que pretendía ser un documento sobre la gira, termina convirtiéndose en algo que va mucho más lejos. Alternándose con actuaciones del tour, un Bowie consumido por la cocaína, entre viajes en limusina y de camerino a camerino, intenta explorar en la figura de Ziggy y en lo que supuso para él, en las razones de su desaparición, y a la vez soportando todavía su peso como si nunca se hubiera ido de su lado.

En los cincuenta y tres minutos que dura Cracked Actor y que saben a poco se refleja a la perfección lo paradójico de la situación del artista en aquellos momentos, donde había alcanzado la cima de su creatividad encadenando de una forma prolíficamente malsana obras maestras como The Man Who Sold the World (1971), Hunky Dory (1971), The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars (1972), Aladdin Sane (1973), el disco de versiones Pin Ups (1973) y Diamond Dogs, y a la vez profundamente hundido en la crisis producida por el abuso de la droga y la presión mediática a la que se veía sometido, pues cada vez era más complicado ofrecer algo a la altura de sus anteriores trabajos y además había creado un monstruo, un fenómeno mediático, que al desaparecer generó un vacío que legiones de fans, también representados y entrevistados en el documental, no estaban dispuestos a tolerar.

Las imágenes de Cracked Actor sustentan su fuerza en la oscura figura de un Bowie que con sus gestos nos recuerda por momentos al Nosferatu de Murnau —años después también podría verse reflejado en el personaje de Will More en Arrebato (Iván Zulueta, 1980), debatiéndose entre su esclavitud a manos de la droga y su afán creativo—, y que a la vez, en sus actuaciones, auténticas representaciones teatrales, muestra toda su creatividad y la prueba de que su fuerza y su carisma se encontraban mucho más allá de sus personajes. En temas como Sweet Thing, Rock’n’Roll Suicide, Diamond Dogs, el que da título al film o el John, I’m Only Dancing que lo cierra con esa cámara alejándose del escenario, el artista demuestra por qué generó todo aquello a su alrededor y a la vez por qué pudo, aunque él todavía no lo supiese, sobreponerse a ello, creando con posterioridad joyas tan brillantes y además tan diferentes entre sí como son Low (1977) —aunque de este le debe mucho a Brian Eno—, 1.Outside (1999) o, sin ir más lejos de momento, Reality (2003).