Definir para conocer: según la RAE, globalización es definida como aquella «tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales». Como casi siempre, esta noble institución (que según su lema «fija, brilla y da esplendor») va a remolque de la sociedad en la que se inserta. Hoy en día todos estamos de acuerdo que la globalización va más allá de términos y acuerdos económicos y/o empresariales, siendo un acontecimiento que aglutina antropológicamente toda manifestación y actividad del ser humano. Y máxima responsabilidad en ello la ejerce esta maravillosa herramienta que se ha extendido como la pólvora llamada Internet, que ha reducido distintas culturas, religiones y regímenes políticos a una anécdota en el afán comunicador de cada habitante del planeta más allá de sus diferencias.

Es esa cualidad transgresora de la que participa un género musical tan amplio como el heavy metal, a pesar de ser un término utilizado como entelequia para englobar un sinfín de familias estético-musicales  (como demuestra el propio Sam Dunn en su anterior trabajo, Metal: A Headbanger’s Journey —2007—, aquel que sirve como punto de partida a este documento). En este nuevo periplo comienza geográficamente donde terminó aquel otro, en el Festival de Wacken que se celebra anualmente en Alemania, pues es allí donde el autor percibe la magnitud planetaria de una forma de entender la existencia al ser ésta una reunión de distintos fans venidos de las más diversas partes del globo, congregadas allí bajo un mismo espíritu, borrándose mágicamente cualquier atisbo de identificación nacional y lográndose una plena comunión bajo una misma pasión.

El interés del autor continúa por lo tanto en la indagación de lo que significa la identidad, ya que en su anterior trabajo había un minucioso (aunque no pormenorizado) estudio sobre las distintas tendencias estéticas y musicales en aquellos países punteros del género (fundamentalmente dentro del ámbito de la cultura occidental). Ahora su interés le lleva a recorrer aquellos otros países que dentro del panorama del heavy aparecen como más invisibles, casi desconocidos, pues incluso el mismo autor reconoce desconocer hasta la realización del documental la existencia de tal masa de fans en geografías como la del Extremo Oriente (Japón, China, India, Indonesia…) u Oriente Próximo (Irán, Emiratos Árabes, Israel…), pues son los mismos aficionados de estas partes del mundo quienes  a través de la red le hicieron llegar al director su callada presencia en el panorama internacional, siempre alejados de los principales centros de producción musical. Su aparición en el documental es el reflejo de ese concepto positivo de la globalización al que hacíamos referencia al principio del artículo y que vincula supranacionalmente a individuos con distintos credos y formas de entender la vida por encima de su lugar de origen, aportando cada uno de ellos matices significativos que enriquecen y engrandecen el género, como la utilización de instrumentos musicales propios del folklore autóctono (China o Japón) o el uso de lenguas vernáculas para expresar su idiosincrasia particular frente al inglés como idioma hegemónico.

El heavy se constituye, por lo tanto, como una manifestación social y cultural contestataria, como una forma de lucha en voz alta para que la juventud de distintas partes del mundo pueda expresar su opinión sobre el mundo que le ha tocado vivir y para rechazar aquellas facetas que nos encorsetan, privándonos de la libertad de pronunciarnos de aquella manera que cada uno de nosotros elija más allá del convencionalismo que suponen las fronteras nacionales. Es la constatación de la disolución de los límites impuestos desde el poder (político, económico o religioso) que fomentan la homogeneidad social, donde el individuo crítico es una amenaza para todo lo establecido.