La voz de Kurt

«¿Eres un extraterrestre?», le preguntó Azerrad a Cobain

Es atípico encontrar una aproximación tan estimulante y vívida a la existencia de un músico popular. A este músico en cuestión la fama acabó resultándole nauseabunda, los periodistas, la raza con más estiércol sobre la tierra, y su leyenda negra fue engordada por éstos y por otros, que se encargaron de salpicar bien su lápida con mil y un chismes escabrosos, rifando hipótesis que cuestionaran el suicidio. El eslogan publicitario de esta inclasificable About a son reza: «Kurt Cobain in his own words».

About a son son imágenes, música y voz en off. Claro que decir simplemente esto no es gran cosa, ya que son muchas las películas que se construyen así. Lo que sucede en About a son es que el contenido que da cuerpo a cada uno de esos elementos no es el habitual y se produce además un valioso y electrizante rescate de material inédito. Las imágenes invocadas no son las del músico, la banda, sus familiares o sus amigos. No asistimos ni a conciertos ni a ensayos. No es el montaje usual de material de archivo y entrevistas. El protagonismo visual es de los lugares. AJ Schnack capta la vida de Aberdeen, Montesano, Olympia y Seattle, todas ellas localidades del estado americano de Washington por las que Kurt Cobain pasó. Ciudades grises, paisajes industriales con chimeneas humeantes, cables eléctricos y semáforos, grúas altaneras entre los bloques de cemento, cargamentos de madera, flujos interminables de vehículos y peatones. «Soy un producto de esta jodida y malcriada América (…)», dirá después el músico, al que sólo veremos en alguna fotografía final.

El director de Gigantic (a tale of two Johns) (2002) —anterior largometraje de Schnack sobre el grupo They might be giants— concibe así un particular recorrido, una road movie donde sigue las huellas del muerto, el rastro de su fantasma. En algunos momentos, podemos sentirnos regresando a Koyaanisqatsi (Godfrey Reggio, 1982) sin Philip Glass o a la «trilogía de la muerte» de Gus Van Sant —temáticamente, a Last days (2005); formalmente, a Gerry (2002), pero sin Gerry o a Elephant (2003). En una secuencia Kurt Cobain explica: «Era visto como el chico que probablemente traería una AK-47 a la escuela y volaría a todos»—.

Justamente dentro de esa estampa urbana contemporánea, otra señal atípica y poco frecuentada que aparece de manera intermitente. Schnack parece reivindicar rostros anónimos mediante el uso del primer plano. La masa compacta se va escindiendo en caras diferentes y únicas. Es la gente que el vocalista de Nirvana creía temer y odiar, pero entre quienes se encontraba también su entregado público. No obstante, el mensaje funciona agudamente en dos direcciones: reivindica la imagen de lo anónimo y defiende eliminar la imagen sobreexplotada de la estrella instándonos, en cambio, a escucharla.

No suena la música de Nirvana. About a son se abstiene y suenan otros, aquellos que sonaron antes que el músico, determinantes para encender su pasión e iniciar su aprendizaje: Scratch Acid, Butthole Surfers, Big Black, Queen, Springsteen, REM… Y junto a éstos, un tercer elemento, quizá el más especial por cuanto tiene de íntimo y de inédito: la voz de Kurt Cobain, pero que no funcionaría igual sin los espacios ni sin los rostros. Más de 60 minutos de Kurt en off, extractos de las 25 horas de entrevistas que guardaba en casetes el periodista Michael Azerrad. Aquel material grabado entre diciembre de 1992 y marzo de 1993, un año antes de la fatídica muerte, fue la base para el libro Come as you are: the story of Nirvana. AJ Schnack ha desempolvado esas cintas para reclamar el testimonio en primera persona, aunque el músico esté ya en la tumba.

About a son es una película honesta y atrevida que además genera un extraño efecto, como si hubiéramos embarcado en un inquietante y revelador viaje temporal en cuyo transcurso un muerto de 13 ó 14 años nos cuenta cómo fue su vida sin ser consciente de que en realidad nos está relatando sus memorias.