«Como Hamlet, debo elegir entre la vida y la muerte» [1]
(Kurt Cobain, en la nota de su primer intento de suicidio en Roma)

Kurt & Courtney (¿Quién mató a Kurt Cobain?, Nick Broomfield, 1998) es más un documental sobre la lucha de su director por rodar una película sobre el desaparecido líder de Nirvana que un filme sobre el propio Kurt Cobain. Las presiones a las que se vio sometido Broomfield durante su rodaje por parte de Courtney Love y sus abogados llegaron a poner en peligro la finalización del mismo y son los causantes, por ejemplo, de que, en un documental sobre uno de los mayores iconos de la historia del rock, no se oiga ninguna composición original suya. El resultado es una puesta en imágenes de la lucha de Broomfield por probar una serie de hipótesis que, mediado el documental, se descubren como falsas. La honestidad de su director radica precisamente en su voluntad por finalizar una película sobre una teoría que sus indagaciones han demostrado falaz por el mero hecho de poner sobre el tapete las deficiencias de la libertad de expresión en el mundo contemporáneo.

El punto de partida de la película de Broomfield lo encontramos en el título de una de las obras publicadas por Hank Harrison, el padre biológico de Courtney Love: Who Killed Kurt Cobain? Broomfield halla unas bases sólidas para la teoría de la conspiración en los ensayos de Harrison y en las argumentaciones de Tom Grant, detective contratado por Courtney para encontrar a Kurt tras su fuga de la clínica de desintoxicación en la que ingresó después de un primer intento de suicidio en Roma.

El director inicia su viaje documental adentrándose en la infancia de Cobain. Su tía, un profesor con el que vivió durante un año tras fugarse de casa, su primera novia y demás compañeros de jeringuilla desfilan ante la cámara de Broomfield durante la primera mitad del metraje de Kurt & Courtney. Con pocos testimonios y aún menos imágenes —tan solo se nos muestran algunas fotos inéditas, un video doméstico, dos cuadros pintados por Cobain e imágenes del puente bajo el que durmió durante una época y que inspiró la canción Something in the Way—, Broomfield traza un interesante recorrido biográfico con el que llega hasta el final de la adolescencia de Kurt y los inicios de Nirvana.

Es ahí donde comienzan las complicaciones para el realizador. A la imposibilidad de incluir las canciones y textos escritos por Cobain sin previa autorización de su viuda —algo que el cineasta, dada su hipótesis, sabe imposible—, se une la presión por parte de la BBC, productora de Broomfield, para que abandone el filme. Por medio de conversaciones telefónicas grabadas por el director, el espectador es testigo del ultimátum de la cadena a través del representante de Broomfield.

Las amenazas legales de Love paralizan momentáneamente el rodaje en un punto en que su director comienza a darse cuenta de que su hipótesis de partida es errónea. Todas las personas entrevistadas por Broomfield en el documental, a excepción de Harrison y Grant, han descrito a Cobain como alguien depresivo y, en sus últimos meses de vida, suicida. Incluso Dylan Carlson, uno de los mejores amigos de Kurt y la única persona cercana a él en sus últimos meses de vida que aparece en el documental, no pone en duda delante de la cámara de Broomfield la versión oficial del suicidio.

Es entonces cuando la película cambia de rumbo y se aleja de la figura de Cobain para centrarse en la de los protagonistas de la teoría de la conspiración. Broomfield desanda lo andado y se reencuentra con los dos principales valedores de dicha teoría. A la luz de sus nuevos descubrimientos, los argumentos de ambos resultan completamente endebles. Un caso de ingestión de heroína aún mayor que el de Kurt descubierto por Broomfield demuestra la posibilidad que negaba el detective Grant: que, en ese estado de sobredosis, el suicida hubiese sido capaz de coger una escopeta y volarse la cabeza.

A pesar de haber abandonado su hipótesis, se presentan ante Broomfield nuevos testimonios que se suman a la teoría de la conspiración. El director es consciente de que todos ellos son testigos de segunda fila, posibles arrivistas que buscan su minuto de gloria. Sin embargo, en su entrevista con la nany de Frances —hija de Kurt y Courtney—, en la que se mencionan las discusiones entre ambos sobre el testamento de Cobain durante sus últimos meses de vida, Broomfield encuentra el segundo punto de inflexión de su historia. Un golpe de efecto que le lleva a centrar su atención en la segunda de las protagonistas de su documental: Courtney.

¿Estuvo Courtney Love detrás de la muerte de Kurt Cobain? Pese al delirante testimonio de El Duce —un sicario de los bajos fondos de Seattle que sostiene que Courtney le ofreció cincuenta mil dólares por matar a Kurt—, la teoría de la conspiración no se sostiene. Entonces, ¿por qué tanto interés por parte de Courtney por frenar el documental de Broomfield? La respuesta es inmediata. El director llega a ella a través de las imágenes de la viuda de Kurt en la gala de los Oscar de ese año. El aspecto de la cantante y actriz no deja ninguna duda sobre el beneficio —económico, mediático— que ha supuesto para ella la muerte de su esposo. Courtney no quiere que un documental saque a la luz cómo su carrera ha despegado gracias al poder que ha adquirido tras el suicidio de su marido. Irónicamente, su oposición al documental de Broomfield no hace sino demostrar dicha tesis. El poder de Courtney es tal que, como demuestra el filme, es capaz de conseguir que una cadena como la BBC llegue a renunciar a un documental sobre Cobain, que la MTV presione a los productores del mismo y que la compañía discográfica de Nirvana se niegue a prestar las canciones del grupo para la película. La viuda de Kurt puede, incluso, impedir que Broomfield incluya una canción grabada por su difunto esposo en casa de su tía cuando tenía dieciséis años. Una canción sobre la que no tiene derecho alguno.

Lo anterior lleva al espectador a revisar ciertas opiniones de algunos de los personajes de Kurt & Courtney. Si bien es evidente que fue el propio Kurt quien empuñó la escopeta que acabó con su vida, no queda tan claro que uno de los factores que le llevaron a la depresión que causó su suicidio no fuese la propia Courtney. En su nota final, que tras mucho leerla sigue pareciendo más un comunicado sobre la separación de Nirvana que una última despedida, únicamente menciona a Courtney en tres breves ocasiones: «Tengo una diosa como mujer, llena de ambición y empatía», «Frances y Courtney, estaré en vuestro altar» y «Por favor, Courtney, sigue adelante, por Frances, por su vida, que será mucho más feliz sin mi».

Desgraciadamente, la imagen que Courtney da de sí misma en el documental de Broomfield parece dar la razón a Kurt en esto último. La musa del grunge parece más feliz en la alfombra roja de Hollywood Blvd. de lo que aparenta en ninguna de las fotos junto a su marido.

Unas proféticas últimas palabras acompañadas de una profética última canción. En 2002, Courtney Love sorprendía a los fans de Nirvana publicando un tema inédito del grupo, grabado pocos meses antes de la muerte de su esposo. A la luz de su nota de suicidio, el título de la obra póstuma de Kurt no podía ser más apropiado: You Know You Are Right.


[1] Cita extraída de Cross, C.R.: Heavier than Heaven, Reservoir Books, Mondadori, Barcelona, 2005, p 417.