Dulces sueños en Nashville

Menos mediático que Dylan, Neil Young es también historia viva de la música de los últimos 50 años. El particular biopic de Todd Haynes sobre Zimmerman y el documental de Martin Scorsese tienen su contrapartida en el filme de Jim Jarmusch Year of the Horse de 1997 y en este Heart of Gold, que el director de El silencio de los corderos estrenó hace unos pocos años.

Demme consiguió con este documental una de sus obras más logradas y lo hace desde la sencillez. Una relativa simplicidad que resulta muy precisa y perfectamente articulada.

Empezamos viendo imágenes ralentizadas de Nashville filmadas cámara en mano desde un coche, que te permiten sentir que la apuesta de Demme, a diferencia de Jarmusch, tiene una marcada sensibilidad lírica. Demme remarca la importancia del entorno como núcleo del arte de Young, quien siempre hace referencia en sus letras a la naturaleza y el mundo que nos rodea.

A continuación, tenemos las únicas declaraciones del documental: los músicos y el equipo técnico hablan desde el interior de los coches. Pasamos al interior del auditorio Ryman. Lugar mítico. De nuevo el entorno como agente activo. Los músicos prueban los instrumentos. El recinto se llena. Se abre el telón y empieza el concierto, que ocupará casi todo el metraje. Una sencilla estructura musical que acabará con Young tocando solo sin nadie escuchándole y marchándose tranquilamente del escenario.

Es importante reseñar esta organización narrativa porque es clave para que el documento del director se convierta en algo tan poderoso, tan emotivo y tan íntimo. Jarmusch optó en su momento por una postura más informal y relajada, intercalando actuaciones en conciertos con declaraciones a cámara de los miembros de la banda Crazy Horse hablando de las relaciones entre ellos y la historia del grupo.

El concierto que rueda Demme te sumerge en un sueño musical muy cálido y nostálgico. Esa calidez es la que también se nos presenta mediante el fondo del escenario, ese casi siempre presente amarillo dorado.

«Las cosas han cambiado pero el espíritu sigue aquí«, señala el canadiense en un descanso entre canciones. Y la pericia de Demme está en captar la magia de ese espíritu que se percibe añejo, con mucha vida por detrás, pero con una fuerza que permanece intacta. Young ha sido un artista combativo y jamás ha decaído. Fue el padrino del movimiento grunge a principios de los 90 y aún hoy abandera la crítica socio-política, como demuestra su disco de 2006 Living with War.

La realización durante todo el concierto es poco intrusiva. Si uno ve cómo se ruedan la mayoría de los conciertos, no puede sino aplaudir el planteamiento de Demme, que demuestra honestamente el cariño y la admiración que profesa. No hay ni un solo contraplano del público. Todo el rato es la cámara sobre los músicos. Planos fundamentalmente fijos que favorecen la complicidad, sin la distracción típica del montaje efectista y videoclipero. Esa naturaleza de puesta en escena permite también observar las miradas entre los miembros del escenario, sentir ese espíritu y ser el destinatario de una historia que se cuenta con canciones y con imágenes en un escenario. No hace falta más.

«Ha sido un largo camino, pero todavía queda camino por recorrer».

Porque como dice Young, aunque se haga mayor, sigue buscando su corazón de oro.