Si bailáis, entenderéis mejor la letra [1]

Muy poco más de veinticinco años han pasado desde que se grabó este fantástico show allá por Diciembre de 1983. Jonathan Demme, al margen de las películas que le han dado mayor reconocimiento como son El silencio de los corderos (Silence of the Lambs, 1991) o Philadelphia (1993), tiene también a sus espaldas una buena trayectoria como realizador de videoclips (para New Order, The Pretenders o Bruce Springsteen) y documentales sobre músicos (aparte de Neil Young: Heart of Gold, está ultimando otro trabajo sobre el canadiense que verá la luz este año), y materializó esta afición de unir música y cine por primera vez en Stop Making Sense, un concierto muy especial. Muy especial no tanto porque lo que prima es la música sino porque esa música la compone y la interpreta Talking Heads, que es a su vez una banda muy especial. Ahora que dicen que están de moda los ritmos africanos en el pop europeo y americano, pocos parecen acordarse de que este tipo de asimilaciones musicales ya estaban inventadas hace tiempo con un éxito rotundo. Pero Talking Heads es mucho más que eso. Es una filosofía de hacer y entender, de componer e interpretar la música que queda perfectamente ejemplificada en este directo y en discos de estudio como, por citar alguno, More Songs About Buildings and Food (1978) o su mísmisimo debut Talking Heads: 77 (1977).

Aunque el documento final es el resultado de tres noches de gira, está montado para simular un único set, sin perjuicio alguno, más bien todo lo contrario, para el resultado final. Psychokiller, uno de los mayores hits del grupo fue el tema elegido para abrir el concierto, en una arriesgada decisión al ser interpretado por David Byrne, el alma mater de la banda, con la única ayuda de su guitarra y un radiocassette a sus pies con ritmos pregrabados de fondo. Con cada nueva canción se van uniendo de uno en uno los miembros de la formación (a la bajista Tina Weymouth, el batería Chris Frantz y el guitarrista Jerry Harrison se suman después percusión, coros y sintetizador), contribuyendo a que el show gane en intensidad según avanza, y a la vez enriqueciendo la puesta en escena del espectáculo que alcanza su cenit en Burning Down the House, ya con toda la carne en el asador.

Para mantener eso al mismo nivel durante diez canciones más la receta es sencilla pero hay que cocinarla bien. La vía utilizada por Demme a instancias de Byrne para implicar al espectador del video es la de no mostrar al público hasta el desenlace con el fin de centrarlo en el espectáculo musical, registrado mayoritariamente con planos generales y un montaje discreto, intentando así que la experiencia doméstica se aproxime lo máximo posible al show en vivo. Y por supuesto, una continuación con una selección de los temas más bailables del grupo y alguna otra ayuda extra de proyecciones, atrezzo (impagable la interpretación-actuación de Byrne en Once in a Lifetime, por ejemplo), y la inclusión de Genius of Love (un tema de Tom Tom Club, el grupo alternativo de Weymouth y Frantz) con Byrne ausente del escenario, que sirve de preludio para el fin de fiesta con la vuelta del líder enfundado en un enorme traje (en el que el artista de origen escocés se metió junto con Homer en el capítulo de los Simpson en el que aparece), que como apunta Xavier Buendía [2], nace del concepto de que en el teatro todo es más grande que en la vida. Girlfriend is better con la frase repetida que da título a la película, una extendida Take me to the River con la colaboración del público, y una arrolladora Crosseyed and Painless —con una afortunada intervención de Byrne a la guitarra, en ausencia del crimsoniano Adrian Belew, con el que contaron para la grabación del mítico disco Remain in Light (1980) al que pertenece la canción—, son el desenlace perfecto para un show frenético en el que uno puede desgastar las suelas de la zapatilla desde su propio salón como si estuviese en el mismísimo escenario.

Me comentaba un compañero de la revista que ojalá pudieramos ver a Talking Heads en directo, y a la luz de Stop Making Sense una se da cuenta de que sería una experiencia envidiable. Ya que lamentablemente Tina Weymouth no pasa de hacer pequeñas colaboraciones con Gorillaz y cosas por el estilo y no se les ve con ánimo de una reunión de estas que están tan de moda como aquella que hicieron allá por 2002, nos quedaremos con la opción de ver este DVD, y estamos bien atentos al hecho de que Byrne se ha juntado con Brian Eno (sin el que Talking Heads no sería ni la mitad de lo que es) dando a luz Everything That Happens Will Happen Today, para mí el mejor disco de 2008 y desde luego todo un acontecimiento. Ya hay fechas para España en primavera…


[1] David Byrne en un concierto.

[2] Xavier Buendía. Talking Heads. Edicomunicación (1987)