Como un torrente

Basada en la novela homónima De aquí a la eternidad (From Here to Eternity James Jones, 1951) —del escritor de La delgada línea roja (The Thin Red Line, 1962) y de la también polémica Como un torrente (Some Came Running, 1957)— el realizador austriaco Fred Zinnemann realizó esta obra maestra indiscutible (que ganó ocho Oscar) en la que, más allá de levantar polémica por la famosa escena de la playa, plasmó una cinta antimilitarista y antipatriótica con una actitud social y comprometida, como demostró en el resto de su filmografía.

Esta película supuso una dura crítica hacia el conservadurismo e ideales patrióticos y fue la fuente de inspiración de un blockbuster posterior, Oficial y caballero (An Officer and a Gentleman, Taylor Hackford, 1982). Por un lado nos presenta a Robert E. Lee Prew Prewitt (Montgomery Clint), como un personaje tenaz y testarudo que emulaba a Sean Thorton en El hombre tranquilo (The quiet man, John Ford, 1952). Por otro lado nos presenta al Sargento Milt Warden (Burt Lancaster) un personaje aparentemente rígido y fuerte, pero que esconde en realidad un sometimiento subyugado hacia el servicio militar y hacia su adyacente superior. Esto es, por un lado los valientes, Prewitt y su novia Alma Lorene (Donna Reed) y, por otro, los cobardes: Warden y Karen (una Deborah Kerr amargada en un matrimonio infeliz), y su historia de amor imposible.

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Pero no nos vamos a explayar en el análisis psicológico de la película, ya que comienza el verano, y con él las ganas de vacaciones, el sol calienta y la re-visión de la escena de la playa (de sobra conocida por todos), nos incita a ansiar unos días de relax en la playa y, por qué no, el poder reproducir ese portentoso ósculo. El sexo de la escena no es explícito, pero la carga erótica que destilan estos dos magníficos y apuestos actores (Lancaster-Kerr) fue motivo de todo tipo de censura. Esta secuencia de la playa ha sido copiada, remake-ada y versionada hasta la saciedad y hasta parodiada en Aterriza como puedas (Airplane!, Jim Abrahams, David Zucker 1980), pero la única merecedora de mención fue la que John Frankenheimer le homenajeó en Los temerarios del aire (1969).

Quizás sea ésta una de las escenas más sensuales que se hayan filmado jamás en el cine, y si no fuera por el carácter dramático de la cinta elevaría aún más, y sin lugar a dudas, la temperatura de cualquier sala en donde se proyectase: por su pasión animal, que muestra los más profundos deseos humanos, donde podemos casi sentir el mar y la ola espasmódica sobre nuestra piel. Y es que la mítica escena de la playa Cabeza de Diamante (Honolulú) y ese famoso beso motivo de todo tipo de detracciones —aunque duró tan sólo 34 segundos—, se ha convertido en una de las más sexys de la historia del cine.