La película que inauguró formalmente a historia de la zombigrafía. Los herramos Halperin. cuya productora fue una de as pioneras de la genuina serie 8 y del cine de bajo presupuesto, llegaron a la posteridad un buen puñado de títulos tan4sticos, no del todo mal considerados. Entre ellos otro mediocre film de nuestro género, Revolt of the Zombies, en 1936, aunque es sin duda este White Zombie el más recordado de sus éxitos.

Fue Victor Halperin quién tuvo la idea, aunque los zombis flotaban en el ambiente. En 1929 había aparecido el clásico de William Seabrook, The Magic Island, dedicado a los misterios de Haití y del vudú, y su capitulo —muchas veces publicado como reportaje o relato independiente— Dead Men Working iri the Cane Fields, es decir “Los muertos trabajan en los campos de cañas”, le sugirió a Halperin la idea de rodar una película de terror sobre el tema de los zombis haitianos, usando rápidamente los decorados usados —y hasta al maquillador de los estudios, Jack Piece— en las producciones de horror de la Universal, y con Bela Lugosi en el papel de villano estelar, como Murder Legendre, mago e hipnotizador, creador de muertos vivientes a su servicio. Parra escribir la historia, los Halperin contrataron a un verdadero experto, Garnett Weston, que había escrito acerca de Seabrook y que bajo el pseudónimo de G.W Hutton también había aportado su granito de arena a la literatura zombi, Saltt ls Not Slaves. un relato basado en el mito según el cual los zombis no pueden probar la sal, puesto que al hacerlo despiertan y su conciencia les dirige enloquecidamente a sus tumbas originales, donde se entierran voluntariamente, al comprender que ya pertenecen al reino de los muertos.

El resultado de esta colaboración memorable a tres bandas (los Halperin, Weston y Lugosi) es una joyita y uno de los mejores de los escasos films de zombis que se remiten directamente al vudú y la mitología afrocaribeña, aunque, como en tantas otras ocasiones, sea de nuevo un blanco el verdadero hechicero. Ningún aficionado puede olvidar las apariciones de los esclavos zombificados, con su aspecto cadavérico y completamente ido, o el entierro vudú con el que tropiezan los protagonistas a su llegada a la isla. Además de. naturalmente, las manos y los ojos de Lugosi, utilizadas en numerosos y obsesivos planos, que volverían a emplearse años después en .Revolt of the Zombies.

Aunque la trama argumental es simplemente otra intriga característica, inspirada, como la de la mismísima La momia (The Mummy, 1932) de Karl Freund, en la estructura clásica del Drácula de Stoker, los detalles folklóricos, la música (con la gran orquesta de Xavier Cugat) y la excelente interpretación de Lugosi, posiblemente la mejor de su carrera y la que marcaría para siempre su futuro, hacen de la película un clásico del cine fantástico, que ganó millones en su día (aunque el pobre Bela solo sacó 800 dólares por su trabajo) y que abrió las puertas de Planeta Zombi de par en par a la industria cinematográfica. Lástima que los Halperin mismos fueran incapaces de aprovechar el éxito de su película, prescindiendo de Garnett Weston (que moriría en 1948) para su segunda incursión en el género, decididamente mediocre y fallida.


© Jesús Palacios. Fragmento del libro Planeta Zombie (Midons, 1996) reproducido con permiso del autor.