La primera obra de Harry Smith, es su biografía. Pintor, poeta, musicólogo, cineasta, inventó la figura del Mage de América y transformó su vida en un crisol donde se fusionan las influencias de Pitágoras, Goethe, Kandinsky, el ocultista Aleister Crowley (que fue también la principal referencia para Kenneth Anger y Jimmy Page) o de los Indios Seminole y Kiowa, entre otras. Harry Smith pasó oficialmente los últimos años de su vida como un chamán en vida. Sin embargo, ser un chamán en vida en la tierra no consiste en designar las formas de la trascendencia, sino extender hasta el infinito los poderes psíquicos humanos. Sus pinturas y sus películas son hitos en este esfuerzo y, al igual que los mandalas hindúes, son objetos de arte como un medio de ejercicio espiritual y sensible. Entendemos mejor su naturaleza al escuchar a Allen Ginsberg describir uno de los proyectos de sonido de Harry Smith. En los años sesenta, dice Ginsberg, Harry Smith quería registrar sistemáticamente los “Materiales para el Estudio de la Religión y Cultura en el Lower East Side” en Nueva York. Se trataba de recoger la infancia en virtud de los criminales de la calle, de la anfetamina, de la tasa de saltos, las canciones obscenas, las canciones de rap o de poetas beats como Gregory Corso y Peter Orlovsky. Registrar el mundo en la diversidad y en la experiencia emocional perturbadora que impulsa su rítmica: ese el papel del Mage de América.

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La naturaleza de esa religión de la inmanencia no es una doctrina, sino el deseo, experimentado en la libido insaciable. “He probado con caballos, he probado con todo lo que parece ser un idiota y una vagina“, es el juego de Harry Smith. Las formas establecidas de la religión no se quedan sólo el éxtasis, sino también en el incienso y las vidrieras de colores brillantes, Smith reemplaza algunas con drogas clásicas y modernas. Describe fácilmente la producción de sus películas: por ejemplo, N º 2, realizada artesanalmente entre 1946 y 1948, incorpora la técnica de película de batik, que consiste en pegar el adhesivo redondo de celuloide, el proyecto de pintura y protegidos con vaselina. Pero a la vanguardia de la creación de instrumentos se incluirá también lo siguiente: la marihuana, para la N° 1 a 5; la heroína y las anfetaminas para el Nº 6; la cocaína para el Nº 7; y ante todo y sobre todo para el N° 8 a 12 las pastillas y píldoras verdes y para el 13 las rosas; para el 14 de vodka. El descubrimiento de la mescalina y el peyote constituye de manera decisiva para él la apertura, como para otros destacados artistas del siglo XX, como Aldous Huxley, quien escribió Las puertas de la percepción, libro fundador de la psicodelia, en el mismo momento en que Smith completó sus Tempranas abstracciones. La obra de Harry Smith tiene que ver con el peligro psíquico en perfecta euforia experimental.

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Todo inspira el gesto creativo de Harry Smith, como el pulso de los latidos del corazón, que fija el ritmo de la Nº 2, la música de Dizzy Gillespie, a partir de la cual diseñó sus primeras película, el budismo, la Cabalá o el uso cotidiano de la geometría ritual, que recoge y recopila como los parches seminales de los huevos de Pascua ucranianos. Su película es el vínculo entre la rigurosa abstracción cromática de los años 20, cuyo Nº 2 es una especie de alegre resurgimiento, la mística y la psicodélica de los años 60, incluida la Nº 7 (filmada en 1952) que ofrece una premisa casi programática. Esto no habla tanto de una película como un texto fijo como de un entorno psicológico, elemento de un amplio ritual sensible y variable que, idealmente, encaja con los secretos de la vitalidad misma. Harry Smith, antecesor de los Visual Jockeys, proyecta sus películas para sus amigos con el sonido de la radio que proporciona un sonido aleatorio; aunque finalmente se fijó un disco de los Beatles en la pista de sonido, cada espectador puede probar con diferentes sonidos y música como le plazca. Por nuestra parte, nos gusta mucho el Nº 2 con las canciones del loco bengalí, y el Nº 7 con Let’s Get High de Lords of Acid, que es ciertamente redundante pero absolutamente divertido.