Juventud rebelde

Resulta tentador escribir que la vida de Jerzy Skolimowski (Varsovia, 1938) es más interesante que su obra, pero seguramente no sea cierto. Poeta y dramaturgo, boxeador, estudiante de etnografía, literatura e historia, doblador, actor y guionista, Skolimowski entró en el mundo del cine de la mano de Wajda, su protector (gracias a él fue admitido en la escuela de cine de Lodz), con quien colaboró en el guión de Los brujos inocentes (Niewinni czarodzieji, 1960). Más tarde trabajó con Polanski en El cuchillo en el agua (Nóz w wodzie, 1962), de la que es co-guionista y dialoguista. En estas dos películas, el trabajo de Skolimowski podría resumirse, sobre todo, como el de haber aportado el punto de vista de la juventud polaca a cineastas no demasiado próximos a ella. Es lo que Michalek ha denominado “un conocimiento de primera mano del medio ambiente” [1] de esa nueva generación. Skolimowski, muy influido por el cine occidental (especialmente por la nouvelle vague y el cinéma verité), dio voz a los conflictos de su generación (la rebeldía frente al sistema, el descontento y el odio a los valores establecidos, un cierto nihilismo individualista…) a través de un estilo nuevo.

Señas particulares: ninguna (Rysopis, 1964), su debut en el largometraje, junto a sus posteriores Walkover (1965) y La barrera (Bariera, 1966), representan ante todo “una indagación sobre las actitudes, mitos y mentalidades de diversas generaciones de polacos” [2]. Un estudio de caracteres que ya estaba presente en sus guiones con Wajda y Polanski. Señas particulares es la historia de una decisión. En ella, Andrzej Lesczyc (el propio Skolimowski), un joven universitario, ha de tomar una importante decisión que afectará decisivamente a su vida. A través del relato, que representa apenas unas horas de su vida, le acompañamos en su deambular por las calles de Varsovia a la busca de una respuesta: alistarse o no en el ejército y cumplir su servicio militar. El propio título del film, derivado de una pregunta que le formula el tribunal militar, hace referencia a cuáles son las señas de identidad de su protagonista. Él responde: «Ninguna», y, en efecto, ese es un enigma que ni siquiera sus seres más cercanos conocen. Lesczyc vive aislado de las personas y el mundo que le rodean. No solo de Teresa (Elzbieta Czyzewska), su prometida (a la que él llama “su mujer”), que en el fondo le desconoce, sino también de su madre, a la que telefonea casi al final de la película sin saber muy bien por qué, o de sus amigos. Es un rebelde inconformista y, como muchos jóvenes polacos de sus generación (que tiene treinta años a mediados de los 60), un personaje desarraigado e insatisfecho con la vida. También pesa sobre él, indudablemente, una sensación de fracaso: es expulsado de la universidad, no es capaz de encontrar un empleo, no puede evitar la muerte (simbólica, muy al gusto metafórico de su autor) de su perro, su relación con Teresa se extingue al final del film… La posibilidad de su alistamiento puede ser una salida vital oportuna. Sin embargo, como escribe Michael Walker, “aunque Andrzej le dice a la comisión que ahora quiere hacer el servicio militar (la anterior vez lo evitó), tiene que convencerse a sí mismo de que no existe ningún motivo para quedarse [en Varsovia]” [3].

En ese movimiento incesante, en ese vagabundeo de su protagonista por las calles de la ciudad [4], hay algo de búsqueda, uno de los temas principales de los films del cineasta durante la década de los 60. Pero, ¿una búsqueda de qué? Lesczyc desea encontrar un motivo (algo o alguien) que le ate a Varsovia, que le haga no subir a ese tren militar. Barbara (interpretada también por Elzbieta Czyzewska), la chica que conoce en la universidad y que le evoca a la Teresa de algunos años atrás, parecer serlo al principio, pero él mismo no la toma en serio. El único momento en el que nosotros, como espectadores, sentimos que está siendo totalmente sincero sobre sí mismo, durante la entrevista radiofónica sobre la posibilidad de llegar a la luna, nos embauca: termina por darle un nombre falso al periodista. Aún así, pese a ese intento constante por ocultar sus señas personales, éstas aparecen en filigrana: la verdad sobre su vida confrontada con la forma en la que él mismo se presenta a los demás.

El carácter impulsivo y vitalista de su protagonista, al que Skolimowski  imprime el suyo propio (lo que enfatiza el cariz autobiográfico de la película), contagia a Señas particulares de un desenfado y una espontaneidad de la que carecen muchas de las obras de los contemporáneos del autor. Una frescura similar, por ejemplo, a la de películas como Concurso (Konkurs, 1964) y Los amores de una rubia (Lásky jedné plavovlásky, 1965), Las margaritas (Sedmikrásky, 1966) o Un asunto amoroso o la tragedia de una empleada de correos (Ljubavni slucaj ili tragedija sluzbenice P. T. T., 1966). No importa en absoluto que su construcción dramática sea episódica y poco orgánica, ni que, al estar filmada durante sus estudios en Lodz (Skolimowski se graduó ese mismo 1964), resulte hoy en día un tanto primitiva y amateur.

Finalmente, el espíritu libertario de Señas particulares, compartido por otros  jóvenes cineastas del Este (Forman, Szabó, Kačer, Němec, Chytilová, Jancsó, Petrovic, Makavejev…), responde sobre todo a unas necesidades de expresión de su autor, vitales diríamos, que pasan por dar una visión oscura y pesimista del estalinismo y sus mecanismos asfixiantes. Es comprensible, por lo tanto, que su posterior Rece do gory/ Hands Up! (1967, estrenada en 1981), el final de la trilogía sobre Andrzej Lesczyc, fuese censurada por las autoridades comunistas [5] y excluida durante mucho tiempo de las filmografías polacas. También el que Skolimowski (como Polanski y, más tarde, Borowczyk y Zulawski) emigrara hacía el Oeste, donde ha realizado su obra posterior [6], irregular, sí, pero no tan insignificante como algunos han querido hacernos ver. Títulos como Deep End (1971), El grito (The Shout, 1978), Trabajo clandestino (Moonlighting, 1982), El buque-faro (The Lightship, 1989), o Ferdydurke (1991), adaptación de la obra maestra de su compatriota Witold Gombrowicz, así lo prueban.


[1] Michalek, Boleslaw: The Cinema of Andrzej Wadja, Tantivity Press/ A.S. Barnes & Co, Londres-South Brunswick-Nueva York, 1973, p. 55.

[2] Liehm, Mira y Liehm, Antonin J.: The Most Important Art: East European Film After 1945, University of California Press, Berkeley-Los Angeles-Londres, 1977, p. 372.

[3] Walker, Michael en V.V.A.A.: Second Wave: Newer than the New Wave Names in World Cinema, Praeger Film Library, Nueva York, 1970, p. 36.

[4] La espera, la condensación del relato en un breve espacio de tiempo, el deambular por las  calles de la ciudad, el propio estilo de la película, son elementos que emparentan Señas particulares con Cleo de 5 a 7 (Cléo de 5 à 7, 1961), de Agnès Varda, posiblemente un referente directo del film de Skolimowski.

[5] Gromulka condenó Los brujos inocentes y El cuchillo en el agua por “su falta de realismo socialista” en el Congreso del Partido de Julio de 1963. Ver al respecto Manvell, Roger: New Cinema in Europe, Studio Vista/Dutton, Londres, 1966, pp. 149 y 154.

[6] Especialmente en Francia e Inglaterra. Su primera película polaca desde entonces ha sido Cztery noce z Anna (2008), hasta el momento su último film.