El Rat Pack va al Oeste

Robert Aldrich dirige 4 tíos de Texas en el justo medio de su imponente díptico sobre la obsesión y la locura: ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to baby Jane?, 1962) y Canción de cuna para un cadáver (Hush… Hush, Sweet Charlotte, 1964). Es más que evidente que el film no responde para nada al tipo de película que solía llevar a cabo el cineasta. Y, de hecho, queda como un extraño pegote en su filmografía, pivotando entre el heterodoxo clasicismo de su primera etapa y el turbio estilo que mostrará en los años posteriores. 4 tíos de Texas, por consiguiente, aparece como un mero producto comercial sin mayores ambiciones. El protagonismo de dos tercios del célebre Rat Pack (a falta de Sammy Davis, Jr.) ya encaminaba el film hacia unos derroteros tremendamente marcados, al igual que lo había estado la previa La cuadrilla de los once (Ocean´s Eleven, 1960) de Lewis Milestone. Sinatra y Martin tenían por costumbre algo que, de igual manera, ponían en práctica en sus actuaciones musicales: hacer lo que les diera la gana. Una actitud que puso de los nervios a Aldrich en más de una ocasión, sobre todo, en los escasamente profesionales modos de Sinatra.

Ello puede resultar una explicación perfectamente válida del porqué una película que tiene al excelente autor de Veracruz (Veracruz, 1954) figurando en las más importantes categorías (dirección, guión y producción) resulta tan aburrida, tan escasamente funcional en sus golpes cómicos y, en más de una ocasión, tan penosa en su errática construcción y desarrollo. Por supuesto, en una cinta donde los elementos más importantes se hallan focalizados en materializar un vehículo de lucimiento para los fans de sus máximas estrellas, el estilo de quien se situa detrás de las cámaras pasa, forzosamente, a un segundo plano.

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4 tíos de Texas comienza con una secuencia de acción muy bien filmada poseedora de un ritmo más que acertado: el asalto a la diligencia por parte de una banda de forajidos liderada por Charles Bronson. Una buena presentación que se halla perfectamente complementada con la siguiente escena entre Martin y Sinatra, bastante bien resulta aunque, quizá, un poco larga y reiterativa. Durante los siguientes minutos la película comienza a titubear aunque todavía mantiene cierto nivel debido a la presencia del siempre notable Victor Buono (en su segunda colaboración con Aldrich tras ¿Qué fue de Baby Jane?). Es a partir de la aparición de Ursula Andress cuando la obra se convierte en algo verdaderamente catastrófico. No por la intervención de la atractiva actriz suiza (que, aunque no interprete –como en este y otros muchos casos–, siempre resulta una presencia agradable), sino porque el film deja de tener el poco sentido que todavía ostenteba y se convierte en un desfile irracional de chistes malos que, incluso, contiene una insoportable actuación de The Three Stooges un, por aquel entonces, célebre trío cuya intervención en la cinta está tan fuera de lugar como discutibles resultan sus cualidades humorísticas.

Amén de ello, el flojo (por no decir inexistente) perfil de los personajes incrementa el desconcierto del espectador, ya que el constante cambio de actitudes (ya se ha mencionado que Sinatra y Martin iban a la suya durante el rodaje), provoca que la película vague de idéntica manera, situándose entre la comedia desenfadada y el delirio narcisista con excesiva facilidad y sin que exista una base lógica (algo verdaderamente imprescindible a la hora de construír una comedia, por muy alocada y anárquica que ésta parezca) circulando por sus maltrechos fotogramas.

¿Elementos positivos de 4 tíos de Texas?. Muy pocos, la verdad. Hay una buena fotografía de Ernest Laszlo y la película adquiere toda la suntuosidad habitual en una producción al servicio de idolatrados divos. Pero nada más. La personalidad de Robert Aldrich se halla, como ya se ha mencionado, notablemente constreñida y ello provoca que el film adolezca de la suficiente solidez como para resultar, al menos, un digno espectáculo cinematográfico.