Don Hertzfeldt parece una contradicción en estos tiempos. Su cortometraje nominado al Oscar, Rejected (2000) ganó una notoriedad importante en internet, como pieza de culto, en donde encajaba perfectamente su gusto por el humor absurdo, la violencia extrema y el trazo burdo de sus dibujos. Sin embargo, en tiempos donde la tecnología 3D y las técnicas por ordenador se han convertido en la principal herramienta de la mayoría de animadores, Hertzfeldt navega a contracorriente dibujando a lápiz y sobre papel, ante una cámara de 35 mm., universos prácticamente desnudos, poco atractivos visualmente, y a veces, sumamente estáticos. Su renuncia a las herramientas digitales no tiene más motivo que el ajustarse a una visión creativa antes que a una oposición a las nuevas tecnologías: la improvisación que le permite desarrollar el control absoluto de su lápiz, así como las texturas y efectos de luz que le facilita el rodaje en celuloide se sitúan por encima de perfilar animaciones más elegantes o llamativas, hasta el punto que el propio Hertzfeldt explora los límites de su método de trabajo, ya sea haciendo salir fuera del papel al conejo de Genre (1996) o el efecto contrario, convirtiendo el mismo papel en un agujero negro que devora cualquier obra que pueda creer en Rejected; dichas acciones son un fiel reflejo de precedentes como Chuck Jones en Duck Amuck (1953) o con anterioridad los hermanos Fleischer en Out of the Inkwell (1922), aunque la relación entre el creador y el dibujo animado es casi tan vieja como las primeras técnicas entre los pioneros de las películas animadas: Winsor McCay en Gertie the dinosaur (1914) con el que representaba un espectáculo ambulante interactuando en directo con su personaje, o la mano que crea las primeras líneas de Fantasmagorie (Emile Cohl, 1908) son ejemplos más remotos pero no menos evolucionados.

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Esas marcadas raíces en la tradición de la animación no tienen un sentido equívocamente nostálgico, puesto que en realidad se ubican como una elección consciente de las herramientas, cuya finalidad es tanto diferenciarse como permitirse una libertad en el trazo y en la incorporación esporádica de elementos no planificados. Poniendo de relevancia esas limitaciones, sacrificando con ello lo que podría ser una teórica capacidad inmersiva, Hertzfeldt es capaz de otorgar a sus personajes una línea clara en la que su propia condición de toscos dibujos termina haciéndolos más empáticos, pues permiten al espectador proyectar sobre ellos cualquier tipo de característica con los que definirlos, ante la ausencia de singularidades. En su proyecto de trilogía animada, Everything will be OK (2006) y I’m so proud of you (2008), el protagonista, Bill, apenas se diferencia del resto de personajes por su sombrero, y su gestualidad se resume a la pequeña diferencia de inclinación de su boca o la leve elevación de sus ojos, dos simples puntos en una cara perfectamente redonda.

Este proyecto busca, a través de la sencillez de su dibujo exponer una temática tan delicada como el miedo a la muerte: ya sea cuestionando la salud mental del personaje —de paso, a toda la herencia familiar, genética y culturalmente hablando— como su progresiva de pérdida de la identidad en un mundo en el que cada vez comprende menos, la intención de Hertzfeldt hace de la página en blanco un aproximamiento al diario personal —no estrictamente el suyo— que tiene una base más próima al documental. El trabajo de Hertzfeldt le permite crear su obra en solitario, algo que según el mismo insinuó, le equipara más con cineastas experimentales como  Stan Brakage, lo que refuerza la idea de breves momentos íntimos que son disparados hacia al espectador, a modo de una grotesca fábula, en la que es inevitable ver ecos del cómic Like a velvet glove cast in iron de Daniel Clowes. Mediante intrincados cachés, y reutilizando la imagen del alienígena y el cosmos como punto de referencia con el que comparar la humanidad —idea más extendida en The meaning of life (2005)— Hertzfeldt crea una de las obras más complejas y emocionalmente pertubadoras de la animación moderna.